Manila (AsiaNews) - El 13 de julio, los obispos filipinos publicaron una carta pastoral sobre la salud mental, en la que hacen un llamado al "acompañamiento compasivo". El documento fue aprobado durante la 132ª asamblea plenaria de la Conferencia de Obispos Católicos de Filipinas (CBCP), que se reunió del 8 al 10 de julio en Misamis Occidental.
"Muchos de nosotros llevamos cargas invisibles. Algunos luchan contra la ansiedad, la depresión, la adicción, la soledad, el duelo u otras dificultades relacionadas con la salud mental, dice la declaración. "Otros soportan en silencio el dolor de la pobreza, el desempleo, las deudas insostenibles, los conflictos familiares, la migración o la pérdida de la esperanza. Muchos sufren en silencio, temiendo ser juzgados, incomprendidos o rechazados. Algunos empiezan a creer que su vida ya no importa".
Los pastores filipinos explican que cada persona afronta las dificultades y sufre de diferentes maneras a lo largo de la vida, y que estas experiencias repercuten en la salud mental. Sin embargo, Dios bendice a todos con su misericordia y compasión. Y lo mismo hace la Iglesia.
"La enfermedad mental no es un signo de una fe débil. No es un castigo de Dios. Como cualquier enfermedad, merece comprensión, una atención adecuada y un acompañamiento compasivo", afirman los obispos. "Toda persona, sea cual sea su condición, ha sido creada a imagen y semejanza de Dios y posee una dignidad inalienable que ninguna enfermedad podrá arrebatarle jamás".
Según un estudio reciente, entre 7 y 12,5 millones de filipinos han sido diagnosticados con algún tipo de trastorno mental. Las formas más comunes son la ansiedad extrema y la depresión.
Reconociendo el impacto que la salud mental tiene sobre las personas en Filipinas, los obispos expresan su cercanía espiritual a la población. "Los trastornos de salud mental son cada vez más frecuentes en nuestro país, especialmente entre los jóvenes", observan. "Detrás de las estadísticas hay personas reales: un estudiante abrumado por la presión, el acoso escolar y los prejuicios, un padre de familia agobiado por las deudas, una persona que trabaja en el exterior separada de su familia, una víctima de abusos, un anciano que vive solo, alguien atrapado en la adicción o una familia que llora el suicidio de un ser querido".
Los trastornos de salud mental derivan a menudo de la pobreza, el desempleo, la injusticia, la desintegración familiar, las catástrofes naturales, la migración y el creciente flagelo del juego en línea y otras adicciones, y provocan sufrimiento emocional y psicológico. "No se trata solo de cargas personales, sino también de problemas sociales que nos llaman a una mayor solidaridad", continúan los obispos.
La era digital, en la que la tecnología y la inteligencia artificial ofrecen oportunidades extraordinarias de aprendizaje, creatividad, comunicación y servicio, especialmente para los jóvenes, no debe quedar sin control, ya que también contribuye a alimentar la ansiedad, la soledad, el ciberacoso y la adicción. Frente a los desafíos de la vida, la Iglesia camina al lado de quienes sufren, subrayan los obispos.
"Nuestra respuesta como Iglesia comienza escuchando y ofreciendo acompañamiento. Cada parroquia, familia, Comunidad Eclesial de Base (CEB), escuela e institución católica puede convertirse en un lugar donde las personas se sientan seguras para pedir ayuda sin temor a la vergüenza o al rechazo. Nadie debería sufrir solo", añaden.
Los obispos alientan a quienes afrontan problemas de salud mental a acudir a profesionales cada vez que lo necesiten. "Recurrir a la ayuda médica o psicológica no es una falta de fe", afirman. "La sanación de Dios llega a menudo a través del servicio abnegado de médicos, psicólogos, consejeros y otros profesionales de la salud, cuyo trabajo reconocemos con gratitud".
Los obispos expresan asimismo su solidaridad con las familias que han perdido a seres queridos a causa del suicidio. "Deseamos dirigirnos de manera especial a las familias que lloran la muerte de un ser querido por suicidio", señalan. "La Iglesia encomienda a sus seres queridos a la misericordia infinita de Dios". Y añaden: "Si durante su periodo de duelo han sufrido incomprensiones o no se han sentido bien acogidos en el seno de la Iglesia, les pedimos perdón".
Los obispos reiteran la sacralidad de la vida humana, y afirman: "Toda vida humana, desde el momento de la concepción hasta la muerte, es sagrada, porque la persona humana ha sido amada por sí misma, a imagen y semejanza del Dios vivo y santo".
Expresan luego su compromiso de construir comunidades de encuentro, combatir el estigma, reforzar la colaboración y caminar juntos en la esperanza, y se comprometen a trabajar de manera concertada para acoger a todas las personas y acompañarlas con caridad y solidaridad. "Invitamos a nuestras parroquias, comunidades religiosas, comunidades eclesiales de base y escuelas a promover un diálogo sincero sobre la salud mental y a fortalecer la colaboración con las familias, los profesionales y las instituciones públicas".
Los pastores filipinos afirman que nadie debería avergonzarse de pedir ayuda, ser juzgado por sus dificultades ni afrontar solo las cargas de la vida. "Alentamos a cada parroquia a crear grupos de apoyo, ofrecer regularmente el sacramento de la Reconciliación e incluir oraciones periódicas por la salud mental, la sanación y la esperanza en la celebración eucarística y en otras devociones comunitarias, para que ninguna persona que esté sufriendo se sienta olvidada y todos puedan encontrar fortaleza en el abrazo compasivo de Cristo y su Iglesia", concluyen los obispos.

















