La batalla del estudiante Geng contra el fraude académico

En una cuenta de redes sociales que se ha vuelto muy popular en China, un investigador denunció la falsificación de datos en prestigiosos estudios chinos publicados en Nature. El problema está alimentado por un sistema académico que considera los artículos publicados en revistas científicas como un indicador rígido para las promociones.

por Andrew Law

Milán (AsiaNews) - La cuenta llamada "Geng Tongxue Jiang Gushi" ("El estudiante Geng cuenta historias") se ha vuelto recientemente muy popular en Internet en China. Su creador, Geng Hongwei, posee una sólida formación académica: obtuvo tanto la licenciatura como la maestría en Biología en la Universidad de Jilin; posteriormente inició un doctorado en Ingeniería Biomédica en la Universidad de Beihang. Según la información disponible en línea, tras negarse a colaborar con el director de su tesis en la falsificación de datos experimentales, decidió abandonar los estudios y convertirse en divulgador científico a tiempo completo.

A partir de abril de este año, Geng Hongwei emprendió, a través de plataformas de videos cortos, el camino de la "lucha contra el fraude académico". Mediante denuncias que presenta con su nombre real, acusó directamente a destacados investigadores de numerosas universidades clave que participan en el "Proyecto 211" (una iniciativa del gobierno que se puso en marcha en 1995 para elevar los estándares de investigación universitaria, ndr), afirmando que los artículos publicados por ellos en la prestigiosa revista internacional Nature eran sospechosos de contener datos falsificados. Esta serie de revelaciones involucró a seis universidades: la Universidad Tongji, la Universidad Nankai, la Universidad Sun Yat-sen, la Universidad de Shanghái, la Universidad Beihang y la Universidad de Medicina Tradicional China de Beijing. Las personas cuestionadas son, en su mayoría, autoridades académicas, entre las que no faltan decanos de facultad, rectores universitarios y figuras distinguidas con títulos prestigiosos como "Joven académico nacional destacado" y "Académico del río Yangtze".

Ante las denuncias, las universidades Tongji, Nankai, Sun Yat-sen y Shanghái reaccionaron rápidamente, iniciaron investigaciones y adoptaron medidas de destitución o degradación contra los académicos implicados. Sin embargo, cuando la exposición mediática entró en su tercer mes, la respuesta de algunas universidades comenzó a mostrar signos de desaceleración. Además, con la rápida sucesión de los temas de interés en la opinión pública en Internet, la atención del público disminuyó parcialmente, una especie de "fatiga informativa". No obstante, la serie de revelaciones de Geng Hongwei ha puesto sin duda al descubierto una vez más una debilidad del ecosistema académico chino.

Se retiraron 17.000 artículos de autores chinos

En realidad, el problema de la mala conducta académica ya había atraído la atención de la comunidad científica internacional. En febrero de 2024, la sección de noticias de Nature, en un artículo titulado China conducts first nationwide review of retractions and research misconduct ("China realiza la primera revisión nacional de las retractaciones y la mala conducta en la investigación"), señalaba que, desde 2021, el número de artículos retirados de autores chinos había superado los 17 mil, lo que situaba a China, junto con Arabia Saudita, Pakistán y Rusia, entre los primeros puestos del mundo en este tipo de casos. A varios años de distancia, las revelaciones de Geng Hongwei confirman nuevamente que este problema sigue siendo grave y profundamente arraigado en el país.

Aunque el gobierno chino ya ha pedido que se establezca un mecanismo para registrar y revisar las retractaciones de artículos científicos, la raíz del problema va mucho más allá de la gestión del cumplimiento normativo, porque está profundamente arraigada en el sistema de evaluación de la investigación, en los mecanismos de supervisión y en la cultura general de gobernanza social.

Si se examina el desarrollo de las universidades chinas, se observa que desde comienzos del nuevo milenio, con la política de expansión de la matrícula universitaria, el número de estudiantes de maestría y doctorado ha crecido de forma exponencial. Los datos estadísticos del Ministerio de Educación muestran que en 1995 el país contaba con solo 1.054 universidades, 400.700 docentes de tiempo completo y 51.100 nuevos estudiantes matriculados cada año en programas de maestría y doctorado (de los cuales 11.000 eran doctorandos). En 2020, el número de universidades era ya de 2.733, las nuevas matrículas anuales en cursos de posgrado habían aumentado a 1.106.600 (de los cuales 116.000 eran doctorandos), mientras que el número total de docentes a tiempo completo había aumentado a 1.833.000. En un sistema de evaluación sumamente exigente, la mayoría de las universidades considera los artículos publicados en revistas científicas de alto nivel como un "indicador fundamental" tanto para obtener el doctorado como para la promoción de los docentes, lo que obliga a la comunidad de investigación a soportar una enorme presión para la supervivencia profesional. Para los investigadores de las disciplinas científicas y de ingeniería, publicar en revistas extranjeras de prestigio se considera un objetivo ineludible.

Una manifestación del desequilibrio en la estructura del poder

El sector de las ciencias humanas y sociales también enfrenta desafíos muy fuertes. Según los datos de investigación publicados en febrero de 2025 por la Revista de la Universidad Jiao Tong de Shanghái, el número de artículos publicados en revistas chinas de categoría C (consideradas de alto nivel, ndt) se ha mantenido durante mucho tiempo estable: entre 1998 y 2021 el volumen de publicaciones fluctuó entre 60.000 y 100.000 artículos, mientras que en los últimos años se ha estabilizado en torno a los 75.000. Sin embargo, el desequilibrio estructural de los recursos editoriales ha agravado las dificultades de acceso de los jóvenes investigadores a las publicaciones académicas. Con la aceleración del proceso de internacionalización, desde 2017 el número de artículos publicados por investigadores chinos en revistas extranjeras ha aumentado de forma constante en alrededor de 1.000 por año. Para algunas disciplinas, sobre todo aquellas sometidas a rigurosos controles internos, esto representa sin duda algo positivo, pero también ha planteado el problema de la heterogeneidad de los criterios de evaluación. Según algunos profesionales del sector, una misma revista de acceso abierto (Open Access), puede ser considerada por el comité académico de una universidad como una "revista de prestigio" y, en otra, ser clasificada como una "revista de bajo nivel". Esta fragmentación de los estándares académicos y la excesiva competencia interna dentro del sistema de evaluación se han convertido en el principal obstáculo para el desarrollo saludable de la actividad académica.

La distorsión del sistema de evaluación académica es, en esencia, una manifestación del desequilibrio en la estructura del poder. En un modelo de investigación caracterizado por una alta concentración de recursos, algunas autoridades académicas utilizan los recursos públicos para intercambiar favores, lo que viola gravemente la ética académica y corrompe el estilo y la moral de la enseñanza. Desde el caso del exdirector de la Oficina Central de Traducción, Yi Junqing, hasta el reciente caso del profesor de la Universidad Renmin, Yang Nianqun, este tipo de episodios han conducido a reflexiones sobre el abuso de poder en los campus universitarios. Además, en un contexto en el cual la evaluación se basa exclusivamente en el rendimiento, en algunas facultades de Medicina y de Ingeniería se registran con frecuencia casos en los que los directores de tesis convierten a los estudiantes en "mano de obra científica", lo que genera tensiones en las relaciones entre profesores y alumnos e incluso graves consecuencias trágicas. La falsificación de datos de investigación es solo una de las manifestaciones de los muchos males crónicos del sistema universitario: el desequilibrio en la estructura del poder, la orientación utilitarista de los indicadores clave de rendimiento (KPI, los estándares para evaluar el cumplimiento de objetivos, ndr) basada exclusivamente en el rendimiento y la insuficiencia de los mecanismos internos de supervisión.

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