Seúl (AsiaNews) - La desenfrenada lucha entre los libros y las aulas, con la contribución decisiva de los hagwon —los cursos privados complementarios que preparan desde muy pequeños para las pruebas de acceso a las mejores universidades—, contribuye al descenso de la natalidad. A ello se suma la voluntad de labrarse un futuro profesional antes incluso de plantearse formar una familia. Este es el panorama que se desprende de un nuevo estudio sobre la sociedad surcoreana, en el que el éxito académico y laboral se perfila como un factor importante de ese proceso que ha llevado al país a ocupar los últimos puestos en las clasificaciones mundiales sobre el invierno demográfico. Un problema que la primera y tímida recuperación de la natalidad registrada en los últimos dos años, frente a la alarma social por una sociedad superenvejecida, no basta por sí sola para resolver.
Un estudio ha revelado que los padres tienden a aumentar el gasto en educación privada a medida que comparan los resultados escolares de sus hijos con los de otras familias. Y la carga financiera que ello conlleva, a su vez, disuade a las familias de tener más hijos. Los investigadores han estimado que, sin los efectos de dicha competencia, el número medio de hijos por mujer podría aumentar un 28 %.
Los resultados se presentaron hace unos días con motivo de una conferencia sobre el envejecimiento de la población organizada conjuntamente por el Banco de Corea, el Centro de Investigación sobre Políticas Económicas y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. El grupo de investigación, entre cuyos miembros se encontraban Kim Sung-eun, profesora de Economía en la Universidad de Sejong, y Mincheol Yeom, profesor de la Universidad Commonwealth de Virginia en Estados Unidos, examinó la relación entre la competencia en el sector de la educación privada y la fecundidad.
Los investigadores definieron el fenómeno como «competencia por el estatus», en la que los padres comparan y evalúan los resultados académicos de sus hijos con los de otros niños y aumentan la inversión en el sector educativo. En Corea, esto se traduce a menudo en un gasto adicional, sobre todo para acceder a los hagwon —cursos privados complementarios a la educación pública—, ya que los padres temen que sus hijos puedan quedarse atrás con respecto a sus compañeros. Una comparación entre distintos países ha puesto de manifiesto que aquellos con una competencia más feroz tienden a tener tasas de natalidad más bajas y un descenso más rápido de la fertilidad. En este sentido, se han citado como ejemplos representativos a Corea del Sur y Singapur.
La carga derivada de la competencia en el sector de la educación privada ha resultado especialmente significativa para las familias con bajos ingresos. De hecho, las que pertenecen al quintil más bajo han gastado, de media, el 8,4 % de sus ingresos en educación privada, frente al 5,1 % de las familias con ingresos más altos. El estudio también ha identificado un efecto de arrastre, según el cual el gasto en educación privada de las familias con ingresos elevados influye en las decisiones de gasto de los demás grupos. Si el gasto en educación privada de las familias que se sitúan en el 15 % superior de la distribución de la renta disminuyera un 10 %, la proporción de la renta que las familias del 50 % inferior dedican a la educación privada se reduciría entre 0,4 y 0,9 puntos porcentuales.
Los investigadores explicaron que, cuando las familias con altos ingresos aumentan la inversión en educación, también las demás familias más desfavorecidas se ven obligadas a aumentar sus escasos recursos destinados a la educación, por temor a que sus hijos se queden rezagados en la escala social. En concreto, el estudio reveló que la competencia tiene un efecto sustancial en las decisiones relativas a la elección de tener hijos: de hecho, los investigadores estimaron que, en ausencia de competencia, las mujeres nacidas en el quinquenio comprendido entre 1970 y 1975 habrían tenido una media de 2,45 hijos, frente a los 1,92 de su modelo. Esto representaría un aumento de aproximadamente el 28 %.
De ahí la petición de los investigadores de que los responsables políticos consideren medidas destinadas a reducir la competencia en el sector de la educación privada, en lugar de limitarse a potenciar los incentivos a la natalidad. Los investigadores explican que gravar el gasto en educación privada de las familias con altos ingresos —punto de referencia para las demás— y utilizar los ingresos recaudados para financiar incentivos a la natalidad podría aumentar la fecundidad y el bienestar social, sin suponer una carga adicional para las finanzas públicas. Por último, un segundo estudio ha examinado el impacto del nacimiento de un hijo en los ingresos de las mujeres. Según Hwang Ji-soo, profesor de la Universidad Nacional de Seúl, cinco años después del parto, los ingresos de las mujeres eran un 43 % inferiores a los de las mujeres sin hijos, y el descenso ya comenzaba durante el embarazo, más que después del parto. Por el contrario, el estudio reveló pocos cambios en los ingresos de los hombres tras el nacimiento de un hijo.


















