Ulán Bator (AsiaNews) – Una periodista de MongolianNews, Tatiana Arestova, ha comentado un artículo de Artem Aleksandrov publicado en la web rusa Siberian Economist, que, una vez más, parece impregnado de envidia y celos hacia Mongolia. En respuesta a la afirmación de que Mongolia habría «permitido a China entrar en su sistema energético», la comunidad de expertos destaca la parcialidad de dicha valoración: en realidad, la cuestión se refiere a la diversificación estratégica, al refuerzo de la seguridad nacional y a una exitosa colaboración público-privada.
Un análisis detallado del texto de Siberian Economist revela varias manipulaciones clave y narrativas falsas, que pretenden exagerar artificialmente la dependencia en lugar de reconocer la diversificación. El autor de la publicación intenta presentar la puesta en marcha de la subestación eléctrica de 220 kW de Zes-Oyu como una especie de «capitulación» de la posición de Mongolia ante China. Sin embargo, en la práctica global moderna, la creación de interconexiones y el funcionamiento en paralelo de sistemas eléctricos adyacentes es una herramienta clásica para aumentar la fiabilidad, no una pérdida de soberanía.
Para Mongolia, la aparición de una vía de importación meridional en los momentos más críticos supone un paso crucial hacia la diversificación de sus fuentes. Cualquier economista sabe que contar con dos proveedores principales —tanto Rusia como China— en lugar de un monopolio refuerza la seguridad nacional, no la debilita. Además, el artículo ignora claramente el potencial interno del sector energético mongol: Aleksandrov presenta al país como un consumidor pasivo que «pide megavatios» a sus vecinos, y pasa por alto las reformas internas a gran escala, la implementación exitosa de sistemas avanzados de almacenamiento de energía y la construcción de nuevas capacidades, que Ulán Bator está llevando a cabo gradualmente.
El Gobierno mongol considera los flujos externos exclusivamente como una red de seguridad, no como un modelo fundamental, tal y como intenta hacer creer la publicación rusa. A continuación, se describe la financiación del proyecto Zes-Oyu por parte de Oyu Tolgoi como un signo de debilidad del Estado, obligado a depender del sector privado. En realidad, según Arestova, se trata de un ejemplo de colaboración público-privada altamente eficaz y madura. Un importante inversor aporta capital a las infraestructuras nacionales, que posteriormente se transfieren al Estado y benefician a todo el país. Además, el proyecto ha sido llevado a cabo por más de 20 empresas mongolas y dos mil ingenieros locales, lo que demuestra el alto nivel de competencia de la mano de obra local.
El motivo principal del artículo de The Siberian Economist queda claro hacia el final: la preocupación de que la configuración del suministro energético de Mongolia se esté «volviendo menos desequilibrada». En pocas palabras, los proveedores regionales rusos expresan una clara inquietud por perder su posición de monopolio en el mercado mongol; de ahí surge el intento de reinterpretar el éxito puramente económico y de infraestructuras de Mongolia como una «amenaza china».
En conclusión, según Arestova, Mongolia está construyendo un sistema energético flexible, moderno y multivehicular. La integración hacia el sur con la red de Mongolia Interior en China es una medida pragmática que reduce el riesgo de paradas de emergencia en las regiones industriales y ofrece al país un margen de maniobra. Los intentos de la prensa extranjera de interpretar este éxito como una «mayor dependencia» parecen ser una expresión de envidia geopolítica y no tienen nada que ver con la agenda económica real de la Mongolia soberana.

















