21/12/2017, 12.01
SIRIA
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P. Ibrahim: del trauma de la guerra, a la esperanza y la solidaridad. La Navidad de Alepo

Preocupan la inestabilidad económica, la corrupción y el fundamentalismo religioso que si bien “oculto, sigue operando”. Pero el regreso del agua y la electricidad, y el camino de reconciliación islámico-cristiano son fuente de confianza para el futuro. La ayuda de la Iglesia a 400 niños musulmanes huérfanos. La historia de dos hermanos y de una familia destrozada por el conflicto.  

Alepo (AsiaNews) – Una Navidad de luz y sombras, que va de la alegría por el retorno “de la electricidad y del agua” durante gran parte del día,  a las dificultades causadas por la “inestabilidad económica” y por un fundamentalismo religioso “oculto, pero que sigue operando”. Es lo que cuenta el Pbro. Ibrahim Alsabagh, un franciscano de 44 años de edad, que se desempeña como guardián y párroco de la parroquia latina de Alepo, en una larga carta de augurios dirigida a la comunidad cristiana de la ciudad, enviada a AsiaNews. La situación actual, explica el sacerdote, “está mejorando poco a poco”, pero “aún sigue habiendo muchas heridas abiertas en los corazones” y personas “traumatizadas”. Entre ellos, mujeres, niños y ancianos, que aún sufren de día y de noche, tanto a causa de las heridas corporales causadas por las balas y los bombardeos, como por la heridas psicológicas, debido a los traumas y miedos continuos, padecidos y vividos por años”.

En estos días ha acaparado la escena el tema de la corrupción y de la inestabilidad económica, con el valor del dólar, que “ha bajado mucho, de manera repentina”, dejando a “la gente perpleja”. Esto se supone que debiera ser una ventaja para la población, con un poder adquisitivo mayor de la lira siria. Sin embargo, los comerciantes “han aumentado los precios”, para compensar las inversiones efectuadas en las semanas anteriores, y las personas “no han obtenido ventaja alguna de esto: quienes pagan el precio de esta situación de inestabilidad son y serán siempre los pobres”. “El valor de los salarios de los empleados estatales –prosigue el padre Ibrahim- ha aumentado, pero no se ha incrementado el poder adquisitivo. Como consecuencia de la disminución del valor del dólar y del euro, incluso las donaciones recibidas del exterior han perdido valor: hoy podemos ayudar a un número menor de personas y de familias, en comparación  a lo que podíamos hacer hasta hace algunos días atrás”.  

Una de las heridas dejadas por la guerra es el fundamentalismo, que siempre ha estado presente según el párroco de Alepo, “incluso antes de esta crisis”. “Un fundamentalismo –cuenta- que escondía en sí mucho rechazo, mucho desprecio y mucho odio. Esta actitud es generada por la ignorancia, pero también por la falta de caridad y de respeto hacia los demás. Esta guerra ha hecho que se vuelva más fuerte y profunda la división en las relaciones entre las personas y en la vida social. No se manifiesta a través del lanzamiento de misiles, pero sigue operando en forma clandestina”.

 

Frente a la derivación extremista, la minoría cristiana no ha optado por asumir una actitud de cerrazón, no se ha armado, sino que siempre ha permanecido como “un puente de reconciliación” en la sociedad. “Lo testimonia toda la Iglesia de Alepo –subraya el sacerdote-, en los diversos ritos, así como lo testimonian tantas asociaciones e instituciones de caridad, que ayudan por igual a nuestros hermanos musulmanes y a nuestros hijos cristianos”, comenzando por la iniciativa de “Hospitales Abiertos”. Otro ejemplo de ello es el proyecto lanzado por la parroquia latina, de adopción de 400 niños musulmanes de familias inmigrantes provenientes de las periferias, que se mudaron al centro de la ciudad. “Se trata de niños muy pequeños –cuenta- que abarcan desde recién nacidos hasta niños de dos años. Nosotros los ayudamos mensualmente, colaborando con leche y con pañales. También tenemos un proyecto de adopción de 200 niños musulmanes con deformaciones de nacimiento: todos los meses, ayudamos a sus familias con una colaboración económica, para proveer a sus necesidades”.  

La actividad de la Iglesia también abraza las necesidades de las familias y de los más jóvenes, que representan el futuro de la comunidad cristiana del país. Un testimonio de ello es la historia de dos hermanos: la muchacha “ha visto con sus propios ojos a su madre ser despedazada por un misil en el balcón de su casa. Después del episodio, la joven no pudo volver más a su casa, y tuvieron que alquilar otra casa para vivir. Hace tiempo que reciben de nosotros una caja con ayuda alimentaria; la parroquia también paga los gastos de atención sanitaria. Han sido ayudados parcialmente en el pago del alquiler. El joven también fue ayudado para pagar el alquiler de su negocio durante el primer año, y recibió una contribución para comprar los utensilios necesarios para poner en marcha su trabajo. Vinieron a verme, dijeron estar agradecidos por todo lo que la Iglesia ha hecho por ellos, tanto por el sostén material como espiritual. En este período de Adviento que nos acerca a la Navidad, “han sentido [a la Iglesia] como una madre”.(DS)

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