El visto bueno del gobierno se dio a conocer sin publicidad hace pocos días, precisamente mientras aumentaba la violencia de los colonos. Desde el inicio de las sesiones en la Legislatura, hubo 103 autorizaciones (antes de la actual Legislatura, los asentamientos reconocidos eran 127 en total). También cambian los procedimientos de construcción, que muestran la voluntad de “acelerar” el proceso de ocupación de las tierras. Las encuestas muestran un descenso en el apoyo al Likud, pero la mayoría del país se opone a la tregua.
En las colinas al sur de Hebrón, en la aldea palestina de Umm al-Khair, marcada por ataques cada vez más frecuentes de los colonos israelíes, un pequeño proyecto musical llamado Sotna («Nuestra voz») está intentando crear un espacio de normalidad. Dos activistas, Amalia Kelter Zeitlin y Kai Jack, han puesto en marcha una orquesta infantil que sigue reuniéndose cada semana a pesar de los bombardeos y las intimidaciones.
El franciscano Amedeo Ricco —uno de los protagonistas de las excavaciones que han sacado a la luz nuevas confirmaciones de los relatos evangélicos— comenta las celebraciones en Jerusalén tras el «incidente» del Domingo de Ramos. «Estamos viviendo una Pascua más silenciosa, que nos devuelve a los orígenes. Pero el Sepulcro sigue siendo el corazón vivo desde el que partir para anunciar que la muerte no tiene la última palabra».
A la sombra de la guerra en los territorios palestinos, avanza la ejecución de proyectos diseñados para "normalizar" la vida en los asentamientos judíos. Precisamente a finales de febrero comenzaron las obras de una nueva ruta para conectar los asentamientos al norte y al sur de Ramala con el interior de Israel. Se trata de inversiones de 190 millones de euros para territorios habitados por unas pocas decenas de miles de colonos. El objetivo declarado es "llevar un millón de residentes a Judea y Samaria".
La experta del Rossing Center, en vísperas de la festividad de Pésaj, describe con preocupación un país que hoy parece haber perdido la fe en la convivencia. «Para nosotros, los judíos, es una Pascua en la que prevalece la sensación de agotamiento». Los frentes de guerra, desde Gaza hasta Irán, alimentan el odio y las divisiones. Bloqueos, discriminaciones contra cristianos y musulmanes. Es fundamental la labor de quienes, a pesar de todo, intentan escuchar las razones del otro, manteniendo viva la esperanza.
Tras la tensa jornada de ayer, se llegó a un acuerdo para las celebraciones de Pascua en el Santo Sepulcro: la policía garantizará el acceso a los representantes de las Iglesias para que puedan transmitir los ritos en directo desde la basílica, que permanecerá cerrada. Este episodio vuelve a plantear el tema del "statu quo" de los Lugares Santos. Normas y tradiciones de una Jerusalén que, incluso en tiempos de guerra, no se puede reducir a una dimensión meramente política.