05/05/2018, 17.05
VATICANO - ITALIA
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Papa al Camino neocatecumenal: Gracias por sus 50 años. Vayan y sirvan en la misión

El Papa Francisco se reúne con 100.000 miembros del Camino, junto a 16 cardenales y 90 obispos. Presencia de numerosos representantes de decenas de países de Asia. El pontífice comenta las palabras de Jesús: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean discípulos míos” (Mt 28,19). Se bendijeron las cruces que fueron entregadas a 34 miembros que irán en nuevas misiones ad gentes. Algunas comunidades de las parroquias de Roma son enviadas a misionar a las periferias de la capital italiana.

Roma (AsiaNews) – “Gracias… por haber escuchado la llamada del Señor, a vivir el Evangelio y a evangelizar”; gracias a Kiko Argüello, que “ha comenzado el Camino neocatecumenal hace cincuenta años”; a Dios, “por su amor y por su fidelidad” y sobre todo, gracias “a cuantos están por partir para la misión”. De esta manera, Francisco introdujo su discurso, durante el encuentro de esta mañana con más de 100.000 miembros del Camino Neocatecumenal, en ocasión del 50mo aniversario de su fundación.

El Papa llegó cerca de las 11 en su jeep sin capota, atravesando la explanada de Tor Vergata, en la periferia de Roma, bendiciendo a la multitud que se agolpaba a ambas márgenes, agitando banderas de todo el mundo. En la celebración también estuvieron presentes 16 cardenales y 90 obispos.

El encuentro con el pontífice estuvo precedido por los cantos del Camino. Luego hubo un saludo dirigido a los cardenales y a todos los grupos provenientes de varias naciones del mundo. Del Asia, hubo representantes de Japón, Kazajistán, Camboya, Malasia, Sri Lanka, Singapur, Tailandia, Myanmar, Corea del Sur, Pakistán, Filipinas, India, China, Taiwán, Hong Kong. A éstos se sumaron los países del Oriente Medio: Israel, Palestina, Jordania, Emiratos, Líbano, Irak…

Al final del encuentro, el Papa Francisco bendijo las cruces que serán entregadas a los responsables de las 34 nuevas misiones ad gentes, a las que serán enviadas decenas de familias del Camino. El mensaje del Papa se detuvo, sobre todo “en la misión, en la evangelización, que es la prioridad de la Iglesia, hoy”.

Por este motivo, el pontífice quiso comentar las palabras de Jesús, “Vayan y hagan que todos los pueblos sean discípulos míos” (Mt 28,19).

“Vayan –subrayó el Papa-. La misión pide partir. Pero en la vida, es fuerte la tentación de quedarse, de no asumir riesgos, de contentarse con tener la situación bajo control. Es más fácil quedarse en casa, rodeados de quien nos quiere, pero éste no es el camino de Jesús”.

“Para ir, se necesita estar ligeros. Para anunciar, es necesario renunciar. Sólo una Iglesia que renuncia al mundo, anuncia bien al Señor. Sólo una Iglesia desvinculada del poder y del dinero, libre de  triunfalismos y clericalismos, testimonia de manera creíble que Cristo libera al hombre”.

“‘Vayan’ es el verbo de la misión, y nos dice algo más: que se conjuga en el plural. El Señor no dice: ‘ve tú, luego tú’…. Sino ‘vayan’, ¡juntos! No es plenamente misionero quien marcha solo, sino quien camina junto a, juntos”.  

El pontífice luego pasó a comentar las palabras “que se vuelvan discípulos”: “He aquí la misión. No dice: conquisten, ocupen, sino ‘que se vuelvan discípulos’, es decir compartan con los demás el don que han recibido, el encuentro de amor que les ha cambiado la vida. Es el corazón de la misión: dar testimonio de que Dios nos ama y de que con Él es posible el amor verdadero, el que lleva a dar la vida donde sea, en todas partes, en la familia, en el trabajo, como consagrados o como casados”.

“Esta dinámica del discipulado –el discípulo que hace que otros se vuelvan discípulos- es totalmente distinta de la dinámica del proselitismo. Aquí está la fuerza del anuncio, para que el mundo crea. No cuentan los argumentos que convencen, sino la vida que atrae; no es la capacidad de imponerse, sino el coraje de servir”.

Por último, “todos los pueblos”: “Cuando Jesús dice todos parece que quiere subrayar que en su corazón hay lugar para cada pueblo. Nadie está excluido”.  

“Como los padres, que no ven ante todo los defectos y las carencias de los hijos, sino a los hijos mismos, y en esta luz acogen sus problemas y sus dificultades, así hacen los misioneros con los pueblos amados por Dios. No ponen en primera fila los aspectos negativos y las cosas que cambiar, sino que ‘ven con el corazón’, con una mirada que aprecia, un acercamiento que respeta, una confianza que es paciente”.

“Amen las culturas –concluyó- y las tradiciones de los pueblos, sin aplicar modelos preestablecidos. No partan de las teorías y de los esquemas, sino de las situaciones concretas: entonces, será el Espíritu quien plasme el anuncio, según sus tiempos y sus modos. Y la Iglesia crecerá a su imagen: unidad en la diversidad de los pueblos, de los dones y de los carismas. Queridos hermanos y hermanas, el carisma de ustedes es un gran don de Dios para la Iglesia de nuestra época. Agradezcamos al Señor por estos cincuenta años”.

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