12/11/2019, 15.13
VATICANO
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Papa: es por ‘la envidia del diablo’ que existen la lucha y la voluntad de destruir

“Y, ¿de qué tiene envidia el diablo? De nuestra naturaleza humana”. “¿Y saben por qué? Porque el Hijo de Dios se ha hecho uno de nosotros. Esto no lo puede tolerar, no logra tolerarlo”. “La lengua es un arma feroz, mata”. “El parloteo mata, la calumnia mata”.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – Es por “la envidia del diablo” que “la muerte ha entrado en el mundo”, y es por ella que existen la lucha y la voluntad de destruir. Una envidia que nace del hecho de que “el Hijo de Dio se hizo uno de nosotros”. Es lo que recordó el Papa Francisco en la homilía de la misa celebrada esta mañana en la Casa Santa Marta, tomando como punto de partida el pasaje del Libro de la Sabiduría (Sab 2,23-3,9) propuestp por la liturgia como Primera Lectura. 

“La envidia de aquél ángel soberbio, que no quiso aceptar la encarnación”, dijo Francisco, lo llevó “a destruir la humanidad”. Y así, en nuestro corazón, entra algo: “los celos, la envidia, la competencia”, cuando, por el contrario, “podríamos vivir como hermanos, todos en paz”. De esta forma, se inicia “la lucha y la voluntad de destruir”. “Pero, padre – prosiguió el Papa – , si yo no destruyo a nadie”. “¿No? “¿Y cuando te pones a parlotear? ¿Cuándo hablas mal de otros? Los destruyes”. Y citó entonces al apóstol Santiago: “La lengua es un arma feroz, mata”. “El parloteo, el chismorreo, mata; la calumnia, mata”. “Pero padre, yo he sido bautizado, soy un cristiano practicante, ¿cómo voy a convertirme en asesino?”. Porque, advirtió Francisco, “dentro de nosotros, tenemos una guerra”, desde el principio. “Caín y Abel eran hermanos, pero los celos, la envidia de uno destruyó al otro”. Y, la verdad, es que basta con mirar un noticiero en la televisión: “las guerras, la destrucción, gente que incluso muere enferma a raíz de las guerras”. 

El Papa recordó a Alemania, y el aniversario de la caída del Muro de Berlín, pero también a los nazis y “las torturas contra todos los que no eran de “raza pura”. Y otros horrores de las guerras. “Detrás de esto hay alguien, que nos mueve a hacer estas cosas. Es lo que denominamos tentación, esta otra, esta otra…’. Alguien que nos toca el corazón para hacernos tomar el camino equivocado. Alguien que siembra la destrucción en nuestro corazón, que siembra el odio. Y hoy, debemos decirlo con claridad, hay muchos sembradores de odio en el mundo, que destruyen”.  

“Muchas veces -siguió diciendo Francisco - las noticias me llevan a pensar que son un relato de odio, para destruir; atentados, guerras”. Es cierto que “muchos niños mueren de hambre, por enfermedades”, porque no tienen agua, instrucción, educación sanitaria. “Pero esto es porque el dinero que debiera servir para eso es destinado, en cambio, para fabricar armas, y las armas son para destruir”. Esto es lo que sucede en el mundo, pero también “en mi alma, en la tuya, en la suya”. Por la “semilla de envidia del diablo, del odio”. “Y, ¿de qué tiene envidia el diablo? De nuestra naturaleza humana”. ¿Y saben por qué? Porque el Hijo de Dios se hizo uno de nosotros. Él no puede tolerar esto, no logra tolerarlo”. Y entonces destruye. “Esta es la raíz de la envidia del diablo, es la raíz de nuestros males, de nuestras tentaciones, es la raíz de las guerras, del hambre, de todas las calamidades en el mundo”. Destruir y sembrar odio “no es algo habitual, inclusive en la vida política”, pero “algunos lo hacen”. Porque un político muchas veces tiene “la tentación de ensuciar al otro, de destruir a otro”, ya sea con mentiras, o con la verdad, sin una confrontación política sana y limpia, que sea “por el bien del país”. Prefiere el insulto, para “destruir al otro”. “Yo soy muy bueno, pero, ¿quizás este parezca mejor que yo?”, piensa, y entonces “lo derribo, con el insulto”.  

“Quisiera que hoy, cada uno de nosotros pensara en esto: ¿por qué hoy se siembra tanto odio en el mundo? En las familias, que a veces no pueden reconciliarse, en el barrio, en el lugar de trabajo, en la política...El sembrador del odio es esto. Es por la envidia del diablo que la muerte entró al mundo, y hay quienes dicen: pero padre, el diablo no existe;  es el mal, un mal tan etéreo… Sin embargo, la Palabra de Dios es clara. Y el diablo se las agarró con Jesús; lean el Evangelio: que tengamos fe en ello o no, eso es lo que queda claro”. Roguemos al Señor, fue la invocación final de Francisco “para que haga crecer en nuestro corazón la fe en Jesucristo, su Hijo”, que ha tomado nuestra naturaleza humana, “para luchar con nuestra carne y vencer en nuestra carne” al diablo y al mal. Y que esta fe “nos de la fuerza para no entrar en el juego de este gran envidioso, el gran mentiroso, el sembrador de odio”.

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