03/03/2021, 12.54
VATICANO
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Papa: iré a Irak para encontrarme con un pueblo que ha sufrido mucho y con una Iglesia martirizada

En la audiencia general, Francisco pide rezar por el viaje que comienza este viernes. Al referirse a Myanmar, pide que "las aspiraciones de paz no se ven sofocadas por la violencia". Antes de conocer a Jesús, dijo, "no sabíamos realmente cómo rezar: qué palabras, qué sentimientos y qué lenguaje eran apropiados para Dios".

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – El Papa Francisco espera que le vaya "bien" en su viaje a Irak, que comienza pasado mañana, viernes. "Hace tiempo que deseo encontrarme con ese pueblo que ha sufrido tanto, con esa Iglesia martirizada”, dijo al final de la audiencia general de hoy. “Junto con otros líderes religiosos daremos un paso más hacia la fraternidad". Luego recordó que a Juan Pablo II se le impidió realizar esa visita, y añadió que "no se puede decepcionar a un pueblo por segunda vez".

Antes de pedir oraciones por la visita a Irak, Francisco volvió a hablar de las "tristes noticias” procedentes de Myanmar, que hablan “de enfrentamientos sangrientos" e hizo un llamamiento "a las autoridades implicadas, para que el diálogo prevalezca sobre la represión, y la armonía sobre la discordia". El Papa también hizo un llamamiento a la comunidad internacional para que "trabaje para que las aspiraciones de paz no sean sofocadas por la violencia". "Que a los jóvenes de esa querida tierra -añadió- se les conceda la esperanza de un futuro en el que el odio y la injusticia abran un espacio para el encuentro y la reconciliación". "Reitero la esperanza expresada hace un mes -concluyó-, de que el camino hacia la democracia, que Myanmar ha emprendido en los últimos años, pueda reanudarse mediante el gesto concreto de la liberación de los distintos líderes políticos encarcelados."

Previo a ello, y prosiguiendo con el ciclo de catequesis dedicado a la oración, Francisco abordó el tema de “La oración y la Trinidad”. Antes de conocer a Jesús, dijo, "realmente no sabíamos cómo rezar: qué palabras, qué sentimientos y qué lenguaje eran apropiados para Dios". En el pedido de los discípulos "Señor, enséñanos a orar" está "todo el tanteo del hombre, sus reiterados intentos, a menudo infructuosos, de dirigirse al Creador: «Señor, enséñanos a orar» (Lc 11,1). No todas las oraciones son iguales, ni todas son convenientes: la propia Biblia nos muestra cuán mal resultan algunas oraciones, que son rechazadas. Quizás a veces Dios no está contento con nuestras oraciones y no nos damos cuenta. Dios mira las manos de los que rezan: para hacerlas puras no es necesario lavarlas, más bien hay que abstenerse de las malas acciones".

"Pero quizá el reconocimiento más conmovedor de la pobreza de nuestra oración floreció en los labios de aquel centurión romano que un día suplicó a Jesús que curara a su siervo enfermo (cf. Mt 8,5-13). Se sentía totalmente inadecuado: no era judío, era un oficial del odiado ejército de ocupación. Pero es tal la preocupación por su siervo, que se atreve, y  dice: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero sólo di una palabra y mi siervo sanará" (v. 8). Es la frase que también repetimos en cada liturgia eucarística. Dialogar con Dios es una gracia: no somos dignos de ello, no tenemos derecho a reclamar, "cojeamos" con cada palabra y cada pensamiento... Pero Jesús es una puerta que se abre".

"¿Por qué Dios debería amar al hombre?”, preguntó. No hay razones obvias, no hay proporción en ello... Tanto es así que en la mayoría de las mitologías no se contempla el caso de un dios que se ocupe de los asuntos humanos: son molestos y aburridos, completamente insignificantes." Mientras que "Jamás habríamos tenido el coraje de creer en un Dios que ama al hombre, si no hubiéramos conocido a Jesús".

"¿Qué Dios está dispuesto a morir por los hombres? ¿Cuál es el Dios que ama siempre y con paciencia, sin esperar ser correspondido? ¿Qué Dios acepta la tremenda falta de gratitud de un hijo que pide su herencia por adelantado y se va de casa para despilfarrar todo?" "Es Jesús quien revela el corazón de Dios".  "Jesús nos dice con su vida hasta qué punto Dios es Padre. No hay Padre como él: la paternidad, que es cercanía, compasión y ternura. No olvidemos estas tres palabras”, repitió, “que son el estilo de Dios, es el modo de expresar su paternidad con nosotros".

“Para nosotros es muy difícil imaginar, siquiera de lejos, el amor que anida en la Santísima Trinidad, y qué abismo de benevolencia recíproca existe entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Los iconos orientales nos permiten vislumbrar este misterio que es el origen y la alegría de todo el universo.  Sobre todo, estaba lejos de nosotros creer que este amor divino iba a expandirse, desembarcando en nuestra orilla humana: somos el término de un amor que no encuentra igual en la tierra. El Catecismo lo explica: «La santa humanidad de Jesús es, pues, el camino por el que el Espíritu Santo nos enseña a orar a Dios nuestro Padre» (n. 2664). Es la gracia de nuestra fe. Realmente no podemos esperar vocación más elevada que esta: la humanidad de Jesús nos ha permitido acceder a la vida misma de la Trinidad. Ha abierto de par en par la puerta del amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.  

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