Asesinatos, secuestros, amenazas: febrero de sangre para los cristianos en el ‘caos’ sirio
La última víctima es una profesora de 47 años, madre de tres hijos, a la que dispararon en la cabeza en la región de Wadi al-Nasara. Activistas y ONG hablan de ataques selectivos y desapariciones inquietantes bajo el manto del extremismo islámico. Con el inicio del Ramadán, atacaron tiendas y restaurantes acusados de vender alcohol. En Homs, al menos 10 muertos de la comunidad alauita.
Damasco (AsiaNews) - En un crescendo de ataques y violencia contra los cristianos en Siria, y en todo Oriente Medio, se registra un nuevo asesinato a manos de grupos de fundamentalistas islámicos. La víctima es Iman Matanius Jrousi (en la foto), de 47 años y madre de tres hijos, originaria de la ciudad de Ain al-Rahib, en la región de Wadi al-Nasara. La profesora cristiana fue asesinada la noche del 23 de febrero, cuando le dispararon varios proyectiles en la cabeza durante el ataque de un grupo terrorista en el barrio de Akrama, en Homs, a donde se había mudado por razones de trabajo. Un nuevo episodio de sangre en la “nueva” Siria del presidente Ahmed al-Sharaa y la milicia de Hay’at Tahrir al-Sham (HTS) contra un miembro de la minoría religiosa, que se suma a las recientes amenazas a la seguridad y los reiterados ataques contra civiles. Un largo reguero de sangre que, desde los años de guerra bajo el dictador Bashar al-Assad, hoy sigue corriendo mientras el país intenta a duras penas recuperarse, lo que ha empujado a más del 80% de los cristianos a huir, como relató recientemente a AsiaNews el cardenal Mario Zenari, ex nuncio apostólico.
Activistas y movimientos cristianos informan que el país está sumido en el “caos”, donde se multiplican los “asesinatos selectivos y desapariciones inquietantes” en circunstancias misteriosas, bajo el manto (y la bandera) de un extremismo islámico que parece cada vez más presente y difundido. A esto se suman episodios de “intimidación” de trasfondo confesional y ataques contra tiendas y actividades comerciales de los cristianos y otras minorías religiosas siempre en el mes de febrero, confirmando una deriva cada vez más sanguinaria. Tan es así, señala la ONG Chrétiens d’Orient, que se ha ido creando “un clima de miedo creciente” ante el cual las autoridades de Damasco resultan impotentes (si no conniventes).
Tres días antes del asesinato de la profesora cristiana, el 20 de febrero, al grito de “Allah Akhbar”, algunos jóvenes radicales izaron la bandera del Frente al-Nusra (con la shahada, la profesión de fe islámica) en una rotonda de la aldea de Sednayah, en la periferia de Damasco. En respuesta, algunos coetáneos cristianos acudieron al lugar para retirarla y volver a colocar la bandera nacional siria. En poco tiempo se creó una situación de fuerte tensión entre los dos bandos y debió intervenir el alcalde de la aldea (de mayoría cristiana), quien intentó evitar una deriva violenta y dispuso la intervención de las fuerzas de seguridad.
Sin embargo, según algunas fuentes locales, los agentes se negaron a retirar el estandarte vinculado al grupo extremista islámico, lo que agravó una situación ya sumamente tensa. La controversia sólo se desbloqueó tras la orden de retirar la bandera dispuesta por las autoridades (islamistas) del distrito de Al-Tal. No obstante, en la zona perdura “un clima de desafío” y de abierta amenaza, y hay grupos de jóvenes radicalizados dispuestos a “izar nuevamente la bandera” de al-Nusra.
El 23 de febrero el mismo estandarte blanco con la profesión de fe musulmana también fue izado en la plaza principal de la localidad de mayoría cristiana de Bloudan, en la periferia de la capital. En enero, la bandera fue vista en Maaloula, la última (e histórica) aldea cristiana de Siria, donde sus habitantes hablan la lengua aramea.
En los últimos días también se ha asistido al cierre forzoso de restaurantes y actividades comerciales en el barrio de mayoría cristiana de Al-Amrican, en Latakia, en la costa mediterránea, bajo el pretexto de que “venden alcohol” durante el Ramadán, el mes sagrado de ayuno y oración para el Islam. A esto se suma la presencia de milicias afiliadas a la seguridad general, liderada por el HTS, que habrían “irrumpido en las tiendas y restaurantes, arrestaron a numerosos clientes, ejercieron violencia física y profirieron insultos verbales” a las personas presentes. La justificación de la redada, cuenta un testigo, habría sido “la venta y el consumo de alcohol”.
Una tienda cristiana en el barrio de Souleimanieh, en Alepo, también fue objeto en dos ocasiones de ataques y daños en febrero por la acusación de vender alcohol.
A los ataques se suman los secuestros o desapariciones en circunstancias misteriosas. Desde la noche del 18 de febrero no se tienen noticias de Amar Joseph Samean, que conducía su automóvil desde el monasterio de Kashkoul, donde trabaja, hacia la casa de su abuelo en Al-Zablatani. El 21 de febrero, Nashed Kassouha, un comerciante de joyas de la localidad de al-Qusayr, escapó de un intento de asesinato por parte de dos hombres a bordo de una moto, que se acercaron a su vehículo, abrieron fuego y después huyeron. La zona de frontera con el Líbano también ha registrado profundos cambios en los últimos años a nivel militar y de seguridad, y allí es donde la desaparición de la población cristiana es más marcada en comparación con otras regiones del país desde que comenzó el conflicto sirio en 2011. Las familias que han quedado describen "una situación de terror constante, extorsiones, secuestros y amenazas de muerte”. Según informes, las fuerzas de seguridad también secuestraron a varios jóvenes, sometiéndolos a tortura e intimidación para obligarlos a emigrar.
Sin embargo, la violencia no afecta solo a los cristianos. En febrero fueron asesinadas en Homs al menos 10 personas de la comunidad alauita (a la que pertenece el ex dictador Assad).
17/12/2016 13:14
10/10/2025 11:38
