Bangkok. Anutin fue confirmado como primer ministro. ¿Regreso a la estabilidad después de 20 años?
La reelección del primer ministro saliente representa un hecho inédito en la política tailandesa de las dos últimas décadas, caracterizadas por gobiernos frágiles e intervenciones militares. El Bhumjaithai obtuvo la mayoría con una coalición amplia, penalizando a los movimientos progresistas y las demandas de las generaciones jóvenes. Permanecen, como telón de fondo, las tensiones con Camboya y el riesgo de estancamiento económico.
Bangkok (AsiaNews) - Con la confirmación de ayer de Anutin Charnvirakul en el cargo de primer ministro, Tailandia ha establecido un nuevo récord de estabilidad. Por primera vez un jefe de gobierno ha sido reelegido inmediatamente para un segundo mandato, después de que los últimos veinte años se caracterizaran por una sucesión de elecciones con gobiernos civiles a menudo limitados o disueltos por la presión de los militares y las élites, en un contexto de creciente inestabilidad social y económica.
Este nuevo nombramiento podría interpretarse como la señal de una posible estabilización del sistema político, continuamente en dificultades desde el golpe de septiembre de 2006. Sin embargo, esa perspectiva corre el riesgo de perjudicar a los movimientos progresistas, apoyados en su mayor parte por las nuevas generaciones, que –a pesar de estar "contenidos" por leyes restrictivas y a veces disueltos por la vía judicial– habían obtenido la victoria en las elecciones anteriores de 2023. Sin embargo, este no fue el caso en la segunda vuelta del 8 de febrero, en la que el Partido del Pueblo, su principal representante, quedó en segundo lugar.
El partido de Anutin, el Bhumjaithai, ha conquistado 191 de los 500 escaños de la Cámara de Representantes, frente a los 120 del Partido del Pueblo, y luego logró formar una coalición de mayoría compuesta por 16 partidos para alcanzar un total de 292 escaños.
También es significativo el acuerdo alcanzado con el Pheu Thai, que había compartido brevemente el gobierno con el Bhumjaithai entre septiembre de 2023 y junio de 2025, antes de ser nuevamente expulsado del poder mediante maniobras legales. En aquel momento, Newin Chidchob asumió la presidencia de un gobierno provisional con vistas a las elecciones. El Pheu Thai, partido de raíces proletarias y campesinas, continúa haciendo referencia, aunque ya de manera débil, a la figura de Thaksin Shinawatra. Este último es un empresario que llegó a ser primer ministro en los primeros años de la década de 2000 e inicialmente estuvo acompañado por el propio Anutin, pero luego entró en abierto conflicto con la monarquía y los militares, hasta el golpe de 2006 y la elección del exilio dos años más tarde.
Newin Chidchob heredó de su familia el liderazgo del Bhumjaithai, fundado en 2008 en la provincia de Suphanburi, que fue creciendo progresivamente a nivel nacional, incluso atrayendo parte del electorado popular tradicionalmente cercano al Pheu Thai.
El Bhumjaithai ha construido su identidad política en torno a un fuerte llamado al nacionalismo y a los valores del budismo y la monarquía, principios que difícilmente se cuestionan en Tailandia. Sobre esta base, el partido ha presentado su programa como una opción casi “natural” para la defensa de la identidad y la integridad territorial del país, un tema particularmente sensible visto que, desde hace casi un año, se ha abierto una disputa con Camboya que ya ha provocado enfrentamientos armados en algunas zonas fronterizas.
En el contexto altamente volátil de la política tailandesa –a menudo dominada por personalidades excéntricas, clientelismo y dinero, más que por ideologías y programas–, el éxito de otro empresario-político experimentado y audaz que ha sabido atraer a diversos grupos de la sociedad a expensas de los partidos tradicionales y de los progresistas, parece una señal de estabilidad.
Queda, sin embargo, por ver si el nuevo primer ministro logrará sacar al país del estancamiento, el escepticismo y la ambigüedad en que se encuentra, y si devuelve al mismo tiempo a Bangkok un papel más definido en el escenario estratégico internacional, en el delicado equilibrio entre Estados Unidos y China. En el plano regional, será crucial también la gestión de las tensiones con Camboya, eventualmente a través de una mediación internacional para llegar a una definición compartida de las fronteras heredadas del periodo colonial.
Si el apoyo de los sectores filomonárquicos y conservadores parece garantizado, menos previsible es el de la cúpula militar. Las prioridades del país imponen decisiones difíciles, incluso a contracorriente, sobre todo en el plano social y económico. Se perfila así un choque de visiones opuestas: por un lado, las demandas elitistas y nacionalistas; por el otro, la búsqueda de la apertura, el desarrollo y la democratización. La fragilidad del sistema queda demostrada por el hecho de que ningún primer ministro elegido democráticamente ha completado su mandato desde 2005.
28/08/2016 13:40
19/04/2022 13:47
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