14/09/2017, 20.21
MYANMAR
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Al-Qaeda e ISIS se ‘disputan’ la defensa de los Rohinyás

de Zachary Abusa*

Al-Qaeda llama a los musulmanes de los países vecinos a tomar las armas: defender a los Rohinyás es una obligación que deriva de la sharia. La estrategia de la “yihad ofensiva”. Los militantes Rohinyás, en inferioridad numérica y mal equipados, podrías ceder a las infiltraciones radicales. 

Yangon (AsiaNews/RFA) – Los líderes de Al-Qaeda han difundido una declaración en la cual definen la violencia contra los Rohinyás en Myanmar como parte de una campaña global contra los musulmanes, conducida “bajo la falsa apariencia de una lucha contra el terrorismo” y juran acudir en su defensa.

El comunicado deja en claro que el al-Qaeda cree que la sharia otorga la obligación religiosa y legal de acudir en defensa de los Rohinyás, humillados y convertidos en víctimas de un trato brutal.

“Ayudar a los musulmanes de Arakan es una obligación que surge de la sharia, y una necesidad legal”, ha escrito al-Qaeda. La declaración critica la hipocresía de Occidente, que no ha salido a defender a los Rohinyás, y que se ha mantenido al margen mientras continúa la masacre de musulmanes inocentes.

En particular, el comunicado se dirige a los musulmanes de la India, de Pakistán, de Bangladesh y de las Filipinas, llamándolos a “partir rumbo a Birmania, a ayudar a los hermanos musulmanes, y hacer los preparativos necesarios –adiestramiento y demás- para resistir a la opresión ejercida sobre los hermanos musulmanes y garantizar sus derechos, que sólo pueden ser restituidos mediante el uso de la fuerza". Al-Qaeda hace un llamado para que Myanmar sea castigado por sus crímenes.

La declaración, que fue publicada hace dos días, afirma que dada la inferioridad cualitativa y cuantitativa de los Rohinyás, el deber religioso de combatir, al cual es llamada la comunidad islámica, deja de ser abstracto para convertirse en una acción personal: “La obligación se transforma, y de ser una obligación general, pasar a ser individual”.

El carácter tempestivo del comunicado es importante. Al-Qaeda hace tiempo que demuestra un oportunismo y subraya el sufrimiento de los musulmanes y la inercia de Occidente. Pero ésta ha sido una respuesta particularmente veloz, mucho más inmediata que la reacción que ha tenido ante la guerra civil en Siria.

Al-Qaeda ha aguardado con paciencia tras las bambalinas, observando a su rival, el Estado islámico (ISIS) mientras éste era golpeado por las fuerzas de la coalición. En algunos lugares, como Indonesia, incluso logró que se lo reconozca como la alternativa moderada del ISIS. En el sudeste de Asia, las redes sociales de Jemaah Islamiyah [red terrorista, ndr] están en general intactas, e incluso más fuertes.

Habiendo perdido entre el 80 y el 90% de sus territorios en Irak y Siria, y con su califato al borde del colapso, el ISIS debe relegarse a conflictos más pequeños, confiándose a su aún robusta red cibernética y a sus operaciones mediáticas. El ISIS tratará de vincularse a conflictos localizados más pequeños, como los que rigen en Rakhine (Arakan) y en el sur de las Filipinas, donde recientemente ha difundido un video sobre militantes simpatizantes del ISIS que han ocupado la ciudad de Marawi.

Sin embargo, unirse a la “yihad de defensa” sería una estrategia nueva para el ISIS, cuyos líderes han formado una organización central, han proclamado el califato y luego han tratado de expandirlo reclamando “provincias” (wilayat).

 

Una estrategia a largo plazo

Por el contrario, al-Qaeda ha abrazado un abordaje de red, y su estrategia a largo plazo siempre ha sido la de aunar fuerzas con las yihad defensivas. De hecho, Osama bin Laden usó el título “Frente islámico mundial por la yihad contra los judíos y los cruzados” en su primera fetua de 1996. En muchos aspectos, los líderes de al-Qaeda piensan que están en una posición mejor que sus rivales del ISIS.

ISIS también puso un pie en los medios sociales, al enviar un cierto número de “posters” vía Telegram y valiéndose de otras aplicaciones de comunicación, tanto para generar conciencia sobre el drama de los Rohinyás como para reclamar la venganza contra el gobierno de Myanmar. Pero hasta ahora no ha habido ninguna declaración significativa que tenga una motivación ideológica, como la de al-Qaeda.

Igualmente importante es el hecho de que al-Qaeda hace tiempo mantiene una sólida relación con algunos militantes Rohinyás, como la Rohingya Solidarity Organization. La Harakah al-Yaqin y el Arakan Rohingya Salvation Army (ARSA) tienen, ambos, raíces ligadas a grupos militantes bangladesíes, como el Jamaat-e-Islami, que tienen más de dos décadas a sus espaldas. Hay presuntas conexiones entre los grupos antecesores del ARSA y el Jamaat-ul-Mujahideen Bangladesh (JMB), un grupo afiliado al ISIS que en 2016 organizó el atentado en el café Holey Artisan Bakery en el cual murieron 20 civiles.

A raíz de sus pogromos, Myanmar se ha convertido en blanco de al-Qaeda y de ISIS. Ambas organizaciones tratan de legitimarse en su carácter de grupo a la vanguardia en la defensa de los derechos de los musulmanes en todo el mundo.

Y con semejante competencia, siempre existe la preocupación de superar la oferta. Pero visto que las dos organizaciones luchan por la supremacía, ambas se ven más que incentivadas a tomar en las manos el testimonio de los Rohinyás y atacar antes en su defensa.

Ya no se trata de meros pedidos de solidaridad. La crisis de los Rohinyás está atrayendo la atención de los milicianos.

Si bien existe el temor de que los militantes del sudeste asiático se vuelquen a buscar el modo de unirse a los Rohinyás, es mucho mayor la preocupación de que sean las  células del ISIS y de al-Qaeda de Asia del sur quienes lo hagan. Desde el punto de vista institucional y geográfico, éstas están más cerca, y en una mejor posición para dirigir sus actividades en el lugar.

La declaración de al-Qaeda no ayuda a la población Rohinyá. Ésta sólo irá a fortalecer la sospecha de las fuerzas de seguridad birmanas, que ven el ARSA como una organización terrorista ligada a la comunidad islamista-yihadista global, que está decidida a instaurar el Estado islámico.

De momento, no hay pruebas de que el ARSA quiera más que un restablecimiento de la protección legal y de los derechos de ciudadanía de su gente, y jamás ha hecho público un llamado a la secesión o a la yihad. Sus miras declaradas son limitadas y razonables.

 

Preocupaciones

Pero la preocupación es triple. Primero, ¿Qué sucedería si un ataque terrorista contra los intereses de Myanmar fuese conducido en nombre de los Rohinyás, o como una venganza por la violencia  por ellos sufrida? Ya ha habido dos intentos distintos, de células indonesias pro-Isis, de destruir la embajada birmana en Yakarta, el más reciente perpetrado por el JAD (Jemaah Anshar Daulah, grupo terrorista de Indonesia, ndr] en noviembre de 2016.

La semana pasada, algunos manifestantes lanzaron una bomba Molotov contra la embajada. No hay pruebas de que el ARSA haya tenido que ver con alguno de los participantes, pero cualquier ataque de este tipo tiene un impacto inmediato y puede ser una justificación ulterior para que las fuerzas de seguridad de Myanmar prosigan con la brutal campaña de limpieza y las tácticas de tierra quemada.

En segundo lugar, una insurrección tan pobre y emergente, ¿puede permitirse rechazar hombres y recursos? Anunciada el 10 de setiembre, la declaración de ARSA pidiendo el cese del fuego por un mes fue inteligente desde el punto de vista táctico y estratégico.

La organización usará este tiempo para reclutar [combatientes] entre las crecientes filas de los casi 800.000 refugiados. Vulnerables, necesitados y con nada que perder, son fáciles de reclutar. Pero de todos modos, el ARSA sigue estando míseramente mal equipado.

El influjo de ayudas extranjeras, de personal y de competencias especializadas mejorará sus capacidades pero, desde el punto de vista militar, siguen siendo débiles.

Tercero, ¿es posible que el ARSA abrace una ideología más radical y tácticas asimétricas como resultado de sus propios cálculos estratégicos o del cambiante ambiente de seguridad externo? No hay una sola insurrección en la que pueda pensar, en la cual al-Qaeda y el Isis se hayan insinuado, que no haya devenido más violenta y radical.

Bajo muchos aspectos, el ARSA tiene todos los motivos para rechazar semejante apoyo.

Desde el punto de vista estratégico, atrajo a sí la simpatía internacional al perfilarse como una lucha étnico-nacionalista contra un régimen brutal. Desde el punto de vista táctico, necesita que las fuerzas de seguridad de Bangladesh no repriman sus operaciones.

La auto-defensa es una cosa, pero armar una causa común con militantes culpables de actos de terrorismo en Bangladesh probablemente marcaría que se ha cruzado un límite. Pero es claro que los yihadistas transnacionales están empezando a intervenir, y que esto no será nada bueno para la sufriente población de los Rohinyás.

*Zachary Abusa es profesor en el National War College de Washington y autor de “Forging Peace in Southeast Asia: Insurgencies, Peace Processes, and Reconciliation.” Las opiniones aquí expresadas son opiniones personales y no reflejan la posición del Departamento de Defensa de los EEUU, del National War College o de BenarNews, un servicio de información online vinculado a Radio Free Asia.

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