21/01/2021, 14.17
ASIA-ESTADOS UNIDOS
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Biden quiere ‘reparar’ las alianzas dañadas por Trump. Preocupación en Beijing

de Emanuele Scimia

China siente nostalgia de Trump, el 'sepulturero de la hegemonía estadounidense'. Expertos chinos: la política de contención de EE.UU. continuará, y se verá reforzada por la reactivación de las relaciones con los aliados. La centralidad de Taiwán. Seúl podría romper el frente antichino. El hincapié en Asia Oriental empuja al nuevo presidente a esterilizar el tablero del Oriente Medio.

 

Roma (AsiaNews) – "Repararemos nuestras alianzas y volveremos a relacionarnos con el mundo". Es el único pasaje de política exterior real contenido en el discurso pronunciado ayer por Joe Biden durante su jura como presidente de los EE.UU. Sin embargo, es suficiente para marcar el rumbo de la política de Washington respecto a Asia en los próximos cuatro años. Hacer las paces con los aliados y continuar con la política de férrea confrontación con China inaugurada por Donald Trump: este es, con toda probabilidad, el curso de acción que seguirá el nuevo presidente en Asia.

Para desesperación de los aliados, y beneplácito de China, Trump puso en tela de juicio el sistema de alianzas construido por Estados Unidos en Asia después de 1945: para la mayoría de los expertos, el mayor activo de la política exterior estadounidense.

Al publicar las opiniones de periodistas, expertos y cibernautas chinos, el Global Times fue duro al arremeter contra el legado político de Trump. Con su unilateralismo, populismo y proteccionismo, escribió ayer el tabloide nacionalista chino, destruyó la imagen y el poder blando (soft power) de los Estados Unidos.

Algunos usuarios de Weibo -un conocido servicio de microblogging chino- describieron a Trump como el “sepulturero de la hegemonía estadounidense”, e incluso como el "agente encubierto" del Partido Comunista Chino. En definitiva, aducen, es el que ha ayudado a ahogar el liderazgo de Occidente en favor del ascenso de China. Todo ello ha quedado demostrado de manera fehaciente por las decisiones de la Unión Europea y Japón -dos aliados históricos de Washington- de firmar importantes acuerdos comerciales con Beijing.

Los chinos acusan a Trump de haber llevado las relaciones chino-estadounidenses al borde de una nueva Guerra Fría. Sin embargo, su incapacidad para asociarse con partners asiáticos ha debilitado los esfuerzos para contener a China. Como señalan varios autores chinos, Biden podría representar un peligro mayor para Beijing. Continuará la política de Trump de oposición a China, con la única diferencia de que la cooperación renovada con los aliados dará mayor consistencia a esta línea de acción.

No es casual que los medios de comunicación japoneses, al analizar la presidencia de Trump, se hayan centrado en su doctrina “America First". Para los observadores japoneses, esto ha debilitado el frente antichino en Asia. En Tokio no olvidan que el presidente saliente calificó a los aliados asiáticos de "parásitos" que viven a costa de los contribuyentes estadounidenses.

La India no es un aliado tradicional de Estados Unidos, sino un socio de nuevo cuño. El primer ministro nacionalista hindú, Narendra Modi, ha tenido cierta sintonía con Trump; sin embargo, al felicitar a Biden y a su vicepresidenta Kamala Harris (de origen indio), destacó el deseo de intensificar la cooperación bilateral, basada en valores comunes: entre ellos, el deseo de frenar el avance geopolítico de Beijing.

Swaran Singh, profesor de estudios internacionales en la Universidad Jawaharlal Nehru de Delhi, dijo a AsiaNews que el reciente asalto al Congreso por parte de grupos trumpianos asestó un duro golpe a la imagen de la democracia estadounidense. Dicho esto, está convencido de que la actitud de India hacia Washington no cambiará por un episodio: "Delhi ha dialogado con Trump, con conocimiento de sus aspectos positivos y negativos. Las relaciones bilaterales ya están institucionalizadas".

Que Biden no abandonará la línea trazada por Trump en Asia es algo que también puede vaticinarse por la apertura hacia Taiwán, considerada por Pekín una provincia "rebelde" que debe ser reunificada. Ayer, por primera vez desde 1979 - cuando Estados Unidos reconoció a China en detrimento de Taipéi- el encargado de negocios taiwanés en Washington fue invitado a una ceremonia de investidura.

Por fortuna para Beijing, la oposición liderada por Estados Unidos presenta fracturas. En la víspera de la toma de posesión de Biden, Moon Jae-in quiso dejar en claro que no tiene intención de tomar partido en la disputa entre Washington y Beijing. Para el presidente surcoreano, las relaciones con las dos potencias son de "igual" importancia. Este es el mantra que también repiten los países del sudeste asiático, que independientemente de los cambios de administración quieren que Estados Unidos siga "equilibrando" el ascenso de China. Pero esperan lograr esto sin llegar a alinearse abiertamente con las posiciones estadounidenses.

Para varios observadores, los próximos 10 años serán cruciales para la contienda entre Estados Unidos y China. Beijing podría sentirse lo suficientemente fuerte como para lanzar un golpe de mano, por ejemplo, contra Taiwán. Para hacer frente a la amenaza, Biden tendrá que invertir muchos recursos en Asia Oriental, tratando de esterilizar otros tableros como el de Oriente Medio. En esta dirección parece ir la orden ejecutiva con la que ayer se anuló el veto de Trump al ingreso a EE.UU de ciudadanos de siete países musulmanes.

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