26/04/2018, 11.53
COREA - VATICANO
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Card. Yeom: Los cristianos, instrumentos de paz en la península coreana

de Card. Andrea Yeom Soo-jung

El arzobispo de Seúl y administrador apostólico de Pyongyang celebró una misa por la Reconciliación, para rezar por el éxito de la cumbre inter-coreana de mañana. El compromiso de la Iglesia coreana y del Papa Francisco. La protección de María Inmaculada, patrona de la diócesis.

Seúl (AsiaNews) – Mientras se aguarda la Cumbre Inter-coreana, que será el escenario del histórico encuentro entre Kim Jong-un y Moon Jae-in, el Card. Andrés Yeom, arzobispo de Seúl y administrador apostólico de Pyongyang, resalta la tenacidad de los cristianos en la búsqueda de la unidad del pueblo coreano y la reconciliación de la península. Un ejemplo de ello, además del trabajo caritativo que la Iglesia del Sur promueve en relación a la población del Norte, es el compromiso en la oración, con una misa de Reconciliación que viene celebrándose todas las semanas desde hace ya 23 años, en la catedral de María Inmaculada, en Seúl. Hace dos días, el Card. Yeom  presidió la 1163ra celebración, con la presencia de Mons. Marco Sprizzi, encargado de asuntos de la Nunciatura, y 3 obispos auxiliares, Mons. Benedicto Son, Timoteo Yu y Job Koo, y el Pbro. Aquiles Chung, responsable del Comité para la Reconciliación Nacional de la arquidiócesis. A continuación, publicamos el texto completo de la homilía pronunciada por el cardenal.  

 

Esta noche celebramos la Santa Misa por la reconciliación de nuestro pueblo, dividido entre el Sur y el Norte. Los fieles de nuestra diócesis nunca han dejado de reunirse en esta catedral de Myeong-dong, para celebrar esta Santa Misa, regularmente, cada 7 días, los días martes, en los últimos 23 años. Sobre todo en los últimos años, hemos celebrado esta Santa Misa con una ulterior intención de conservar nuestro corazón y rezar también por las 57 parroquias que estaban funcionando en el Norte antes de que el país fuese dividido.  

En nuestra lectura del Evangelio de hoy, Jesús afirma: “El Padre y yo somos uno” (Jn 10,30). Estas palabras nos tornan claramente conscientes del motivo por el cual hemos celebrado tan ardientemente la Santa Misa por la reconciliación nacional. Apunta a desarrollar la misión de la Iglesia de dedicarse a trabajar para que todos seamos uno (Cfr. Jn 17, 21), justamente como el Padre y el Hijo, nuestro Señor, son uno, es decir, la misión de la Iglesia que se aboca a realizar la reconciliación y la unidad de nuestro pueblo y su reconciliación y unión con Dios (Cfr. Lumen Gentium, 1). Eso se vuelve más claro a la luz de las palabras del Señor, pronunciadas durante la Santa Misa de ayer: “El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10)

Sí, queridos hermanos y hermanas nuestros, el objetivo de celebrar la Santa Misa por la reconciliación nacional no es otro que cumplir con ardiente celo la misión que hemos heredado del Señor, como fieles discípulos suyos, de trabajar duro para que cada quien de nuestro pueblo en la península coreana “tenga vida y la tenga en abundancia”.

 

Al observar el viento de la paz que se la levantado recientemente sobre la península coreana, yo, arzobispo de Seúl y administrador apostólico de Pyong-yang, no puedo sino expresar un profundo agradecimiento a Dios por esta Providencia que lo ha vuelto posible, reflexionando sobre el hecho de que Dios siempre recuerda las ardientes suplicas que le hemos ofrecido a través de las Santas Misas, Rosarios, y de las demás oraciones.

Sobre todo, teniendo en cuenta la situación reciente -con nubes sombrías de tensión y adversidades acumulándose sobre la Península coreana, incluso con el riesgo de una guerra, a causa de la amenaza de las armas nucleares- creo que la cumbre Sur-Norte que se celebrará en tres días [el 27 de abril] ha de ser una invalorable oportunidad de gracia, que Dios ofrece a nuestro pueblo, siendo que tan profundamente desea la verdadera paz. Esto también se da debido a la intercesión de María Santísima, que cuida de nuestro pueblo con un amor particular. Agradezco a ella de corazón. Y agradezco sinceramente a los últimos Papas por haber solicitado a las Autoridades responsables de la construcción de la paz en la península coreana, que resuelvan correctamente las cuestiones actuales a través del diálogo, pidiendo a todos los pueblos de buena voluntad del mundo rezar por esta intención, cada vez que se presentase la ocasión. En particular, [agradezco] al Papa Francisco, que durante la homilía de la Santa Misa por la paz y la reconciliación que presidió en esta Catedral de Myeong-dong al concluir su visita a Corea, en 2014, decía:  

“Recemos para que surjan nuevas oportunidades de diálogo, de encuentro, para que se superen las diferencias, para que, con generosidad constante, se preste asistencia humanitaria a cuantos pasan necesidad, y para que se extienda cada vez más la convicción de que todos los coreanos son hermanos y hermanas, miembros de una única familia, de un solo pueblo. Hablan la misma lengua” (18 agosto de 2014).

Éstas fueron realmente palabras proféticas, que todavía resuenan en mi corazón.

Asimismo, a principios de este año, en ocaisón del intercambio de saludos por Año Nuevo con los embajadores acreditados en la Santa Sede, el Papa Francisco reafirmaba:

“Es de primaria importancia que se pueda sostener cualquier intento de diálogo en torno a la península coreana, a fin de hallar nuevos caminos para superar las contraposiciones actuales”.  

Agradezco de corazón a nuestro Santo Padre.

Ahora, la inminente cumbre Sur-Norte que se celebrará en tres días debe ser una oportunidad histórica en la cual está en juego el destino de nuestra nación. Las Autoridades no debieran concentrarse en otra cosa más que en llegar a un acuerdo para promover juntos el bien común de nuestro pueblo y ponerlo en práctica, ignorando los intereses políticos y partidarios propios. Sobre todo, debieran tener en mente la paz, tan deseada por todo el pueblo, recordando que [la paz] “no es la mera ausencia de la guerra, y tampoco puede reducirse únicamente a establecer un equilibrio de las fuerzas adversas”. (Gaudium et spes, 78) Por tanto y de hecho, la paz en la península coreana no puede ser mantenida por el armamento nuclear. Sólo puede realizarse si se asegura que todas las personas vivan una vida realmente digna de un ser humano, confiándose el uno al otro, cimentados en el amor y en la justicia.  

Agradezco sinceramente a todas las Autoridades que han llevado a cabo enormes esfuerzos para realizar este histórico encuentro y diálogo en la cumbre entre Sur y Norte. Además, es mi deseo que Dios bendiga y guíe a todos aquellos que estarán abocados a eliminar las armas nucleares y a establecer la verdadera paz en esta tierra, promoviendo, así, la paz en el mundo.

En semejante empresa y antes que nadie, nosotros, los cristianos, cada uno de nosotros, debemos comprometernos a ser un instrumento de la paz, que lleve amor donde haya odio; el perdón, donde haya ofensa; la unión, donde haya discordia; la fe, donde haya duda; la Verdad, donde haya error; la esperanza, donde haya desesperación; la alegría, donde haya tristeza; la luz, donde haya tinieblas” (San Francisco, Oración de la Paz).

La paz es, sobre todo, un don de Dios. Aseguremos a nuestros Señor que nosotros seremos los primeros en ser “constructores de paz” (Mt 5,9) y juntos, imploremos a Dios a través de esta Santa Misa, para que la cumbre Sur-Norte traiga frutos reales y permanentes, para la verdadera paz y para el auténtico desarrollo de nuestro pueblo.  

Encomendamos este deseo que hemos custodiado por largo tiempo en nuestros corazones, a Santa María Inmaculada, la Patrona de nuestra Diócesis, Madre de Dios, Madre de la Iglesia, nuestra benévola Madre, que ama a nuestro pueblo.

Como decía el Papa Francisco en enero pasado, en la Basílica de Santa María mayor:

“¡Cuántas veces el corazón es un mar en medio de una tormenta, donde las olas de problemas de superponen y los vientos de las preocupaciones no cesan de soplar! María es el arca segura en medio del diluvio. No serán las ideas ni la tecnología las que habrán de brindar consuelo y esperanza, sino el rostro de la Madre, sus manos que acarician la vida, su manto que nos brinda un reparo. Aprendamos a encontrar refugio, yendo junto a María, cada día”. (Homilía, Misa en la Basílica de Santa María Mayor, Roma, 28 de enero de 2018).

Bajo tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios:

No desprecies las súplicas de quienes estamos en la prueba,

Líbranos de todo peligro,

Oh Virgen gloriosa y bendita.

 

ORACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ

Santa María Inmaculada, Patrona de nuestra diócesis, te damos gracias siempre por guiarnos en el camino de la evangelización.

Tú que eres una luz de esperanza y de consuelo para nuestro pueblo dividido entre Sur y Norte, mira a tus hijos que sufren la injusticia y la opresión.

Concédenos por tu Hijo, Jesucristo, sabiduría y fortaleza para que, como fieles discípulos suyos, podamos ser incansables constructores de reconciliación, unidad y paz. Amén.

María, Reina de la Paz, ruega por nosotros.

María Reina de la Paz, ruega por la paz en la Península coreana.

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