20/01/2016, 17.05
CHINA - TIBET
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Con el pretexto de prevenir fraudes religiosos, Beijing registra a los “budas vivientes”

Los tulku, grandes lamas del pasasdo que resuenan en la vida de los estudiosos budistas contemporáneos, son muy numerosos. Para “evitar los fraudes en perjucio de los fieles”, el gobierno comunista lanza una base de datos online para identificarlos. Pero ignora a aquellos que han estudiado en el exterior, y, sobre todo, busca así justificar su pretensión de reconocer a los próximos líderes tibetanos. Entre ellos, al Dalai Lama y a sus más estrechos colaboradores.

Beijing (AsiaNews) – Con gran clamor en la prensa internacional, el gobierno comunista chino lanzó una sistema online de identificación y reconocimiento de los “budas que están con vida” de la tradición tibetana. La página web, que será gestionada por el gobierno de Tibet en colaboración con la Autoridad estatal para la administración de las religiones (SARA), está por el momento en lengua tibetana, pero pronto será traducida al mandarín. La inicitativa, celebrada por los budistas inscriptos en la Asociación nacional gestionada por el Partido, representa un nuevo paso rumbo al control total de la tradición monástica tibetana.

 

En los papeles, el proyecto nace a fin de tutelar a los fieles. Los “budistas vivos”, son también llamados “tulku: se trata de religiosos que han optado por la vida monástica y que desde hace tiempo son honrados por varios de los templos budistas con el título de “rinpoche” (“precioso”). Según la definición del Dalai Lama, son “aquellos que han elegido despertarse intencionalmente en el samsara (doctrina inherente al ciclo de vida, muerte y renacimiento, ndt), para beneficiar y socorrer a todos los seres sensibles, en el camino hacia el despertar de la propia conciencia e iluminación”. En China viven hoy cerca de 10.000 personas que detentan este título.

 

Muchísimos de ellos, sin embargo, son impostores. Esto ocurre porque los “tulku” son muy honrados en la sociedad civil, y a menudo son llamados para bendecir (a través de una remuneración) nuevas casas, emprendimientos comerciales, a recién nacidos o a difuntos. Hace algunos años, causó un gran estruendo el caso de un hombre que, fingiendo ser “tulku”, se hizo pagar miles de yuan para bendecir un supermercado: al ser descubierto, dada su ignorancia religiosa, fue denunciado y arrestado.

 

Drukhang Thubten Khedrup, monje budista y vice presidente de la Asociación china de los budistas, declaró, apenas fue lanzado el portal: “Estoy muy contento por esta opción, que promueve nuestra religión y arrincona a quien quiere defraudarla”.

 

Desde el punto de vista técnico, el sistema funciona luego de identificarse a través del teléfono celular. Una vez recibido el código de acceso por parte del gobierno, se puede insertar el nombre del “tulku” y a continuación se obtienen su nombre civil, su nombre religioso, su nombre budista, la fecha de nacimiento, la secta a la cual pertenece, el número de serie emitido por el templo, y una fotografía de la persona en cuestión. Los datos están siendo brindados en los últimos días por varios monasterios esparcidos por el país, y, por el momento. los “tulku” identificados luego de una investigación totalizan 870. Pero llevará meses para que la base de datos esté completa.

 

Una editorial del diario tibetano Phayul destaca que, no obstante la aparente buena fe, el sistema “esconde varias falencias. Por ejemplo, no toma en consideración a quienes han sido reconocidos fuera del territorio de China, y en Dharamsala [sede del gobierno tibetano en el exilio y del Dalai Lama, ndr] éstos no son pocos”. Por otro lado, faltan los datos de los monjes más ancianos, cuyos monasterios fueron destruidos durante los años de la persecución feroz de las Guardias Rojas.

 

Más allá de ello, parece “evidente”, para los grupos que operan en defensa de los derechos del Tibet, que el verdadero objetivo del Partido es el de controlar el renacimiento de los líderes del budismo tibetano (objetivo, que por otra parte, ya ha sido destacado). Entre los “tulkus”, de hecho, existe una complicada jerarquía, cuya cúspide,que comprende cargos similares a los del Dalai Lama, el Panchen y el Karmapa Lama han de ser renovados: pero, a diferencia de los “budistas que están con vida”, estos últimos son reconocidos apenas nacen, a través de complejos rituales.

 

Beijing secuestró al verdadero Panchen Lama, reconocido por el Dalai en el exilio, y ha puesto en su lugar a un monje que es definido como una “marioneta” por los fieles tibetanos: de igual modo, ha fomentado el reconocimiento de un segundo Karmapa, en oposición al original, que a principios de los años dos mil huyó de China para volver a adherirse al supremo líder budista.

 

Según Free Tibet, la decisión de “alinear” a los tulku “se enmarca totalmente en la actual estrategia usada por el gobierno en lo que se refiere a las cuestiones tibetanas. Dice querer proteger al budismo tibetano, pero tras ello se esconde un control más intensivo y más invasivo, no sólo de la vida religiosa, sino de sus mismas instituciones”.

 

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