22/09/2017, 15.57
VATICANO
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Educar en el humanismo solidario a 60 millones de estudiantes de escuelas y universidades católicas

Es el objetivo del documento “Educar en el humanismo solidario. Para construir una civilización del amor, a 50 años de la “Populorum progressio”, que fue presentado hoy en el Vaticano. Es urgente y necesario humanizar la educación, favoreciendo una cultura del encuentro y del diálogo. 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – Proponer lineamientos para la formación de los más de 60 millones de estudiantes del mundo que asisten a 215.000 escuelas católicas y a 1.760 universidades católicas. Es el fin que se propone el documento “Educar en el humanismo solidario. Para construir una civilización del amor, a 50 años de la “Populorum progressio”, que fue presentado hoy en el Vaticano junto con la Fundación Pontificia Gravissimum educationis.

Al referirse al documento, el Card. Giuseppe Versaldi, prefecto de la Congregación para la educación católica, dijo que “analizando los escenarios actuales, subraya cuán urgente y necesario es humanizar la educación, favoreciendo una cultura del encuentro y del diálogo. Esto es posible, en primer lugar, globalizando la esperanza, guiados por el mensaje de salvación y de amor de la revelación cristiana. La solidaridad y la fraternidad surgidas de esta transformación personal y social serán la base para un proceso inclusivo, en grado de influir sobre los estilos de vida y sobre los paradigmas económicos y ambientales. A este esfuerzo compartido pueden contribuir en modo activo las escuelas y las universidades católicas presentes en todo el mundo, a través de una oferta de formación que sea capaz de integrar ciencia y conciencia”.   

El cardenal también describió la presencia de las instituciones educativas católicas. “Desde el punto de vista numérico, el África está a la cabeza con una presencia de más de 24 millones de alumnos, le siguen América, con aproximadamente 12 millones y Asia, con más de 13 millones, Europa con cerca de 8.600.000 alumnos y Oceanía con 1.200.000. A pesar de que se registran caídas en algunos países occidentales, en estos últimos años ha habido un constante crecimiento de inscripciones a nivel mundial.  A este inmenso patrimonio de experiencias educativas, se agregan las casi 1.800 universidades católicas y las cerca de 500 facultades eclesiásticas, algunas de las cuales poseen una historia secular, en tanto otras son de reciente institución”.

El objetivo del documento, según fue expuesto por Mons. Angelo Vincenzo Zani, secretario de la misma Congregación, es, ante todo, “actualizar el pacto educativo entre las generaciones, partiendo de la familia para llegar al cuerpo social entero. Por otro lado, humanizar la educación significa ocuparse de los resultados del servicio de formación, considerando el cuadro comprehensivo [que abarca] las aptitudes personales, morales y sociales de todos los sujetos que participan en el proceso educativo: docentes, estudiantes, instituciones del territorio, lugares y espacios de encuentro, para una educación que no sea selectiva, sino abierta a la solidaridad y a la puesta en común (formación de formadores)”.

“Otro lineamiento, que reviste una particular actualidad en la cultura del siglo XXI, en una sociedad en la cual conviven ciudadanos de tradiciones, culturas y religiones diferentes, es la de promover una educación basada sobre la formación en la cultura del diálogo, a la cual el Papa Francisco reclama continuamente ([pasar] de la cultura del descarte a la cultura del diálogo)”.  

“El auténtico diálogo –subrayó Mons. Zani- se da en un cuadro ético de requisitos y actitudes formativas, y de objetivos sociales, cuyos pilares fundamentales son la libertad y la igualdad, no tanto y no sólo como valores proclamados, sino con gestos que conecten principios éticos anunciados con las medidas sociales y civiles que realmente se ponen en acto”.  

“Los proyectos formativos de la educación al humanismo solidario tienen en vista algunos objetivos fundamentales. Ante todo, su objetivo principal y prioritario no es la selección de las clases dirigentes, sino la inclusión, que permite a cada ciudadano sentirse partícipe activo en la construcción del humanismo solidario, a partir de un cuadro de instancias éticas y normativas compartidas”.

Ante todo, para influir sobre los estilos de vida y sobre la existencia misma de los ciudadanos de las futuras generaciones, es necesario “construir el bien común, que no sólo involucra a los contemporáneos”. “Ello exige una educación en el humanismo solidario, basado en una ética inter-generacional”. “Esto significa que en las escuelas, y mucho más en las universidades, es necesario brindar las competencias necesarias para tomar las medidas decisivas [tendientes] a los equilibrios de sistemas humano-sociales (como la democracia), de sistemas naturales y ambientales (véase la ecología…), para así garantizar también las exigencias de las generaciones futuras”. La tercera misión de la universidad, además de la función de enseñar y de desarrollar la investigación, es la dimensión de la apertura a la sociedad y a sus problemáticas.

Para promover un humanismo solidario, que sea incisivo frente a las emergencias actuales, concluye el documento, “las instituciones no deben actuar de modo disperso o aislado, sino promoviendo programas concertados. Es sólo con la lógica de las redes de cooperación, a nivel educativo, escolar, académico y de investigación, que se pueden activar dinámicas inclusivas e incidir sobre las exigencias culturales y sociales del contexto cultural”. 

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