26/01/2016, 15.10
VATICANO IRAN
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El Papa Francisco y Rouhani, por un renacer de los cristianos en Medio Oriente y del islam iraní

de Bernardo Cervellera

Con el encuentro de hoy reflorece la esperanza de estabilizar la región y frenar la masacre de los cristianos condenados a desaparecer por la amenaza de al-Qaeda y del Isis, enemigos también de Irán. Puede reiniciar el diálogo entre culturas, religiones y pueblos, ya lanzado por Khatami y congelado en tiempos de Ahmadinejad. Un islam moderado es útil también para la juventud iraní, asqueada por los ayatolá y los pasdaran. La traducción del Catecismo y de los teólogos católicos en persa. 

Ciudad del Vaticano (AsiaNews)- Hay varios motivos por los cuales estar contentos del encuentro de hoy entre el Papa Francisco y el presidente iraní, Hassan Rouhani.

Existe ante todo, un motivo de esperanza: en el Vaticano no se veía a un presidente iraní desde los tiempos de Mohammed Khatami (1995-2005), deseoso de abrir un diálogo cultural y religioso entre Irán y la Iglesia católica. Lamentablemente a Khatami le sucedió Mahmoud Ahmadinejad, que con sus negaciones sobre el Holocausto y sus amenazas (verdaderas o presuntas) contra Israel y la comunidad internacional, enfrió todo contacto.

El retorno de un representante de la corriente moderada, de la cual forma parte Rouhani, hace aguardar que se vuelva a iluminar un diálogo cultural y respetuoso, capaz de ser un punto de partida para una convivencia de las religiones y de los pueblos.

Eso es positivo para el Vaticano y la Iglesia católica, a menudo calificada por el mundo islámico como “representantes de la religión de Occidente”, al cual se atribuye el materialismo, el colonialismo, la inmoralidad y para usarla como fácil chivo expiatorio: en Pakistán, en Irak, en Egipto… para atacar a Occidente se agrede a los cristianos, no obstante ellos son orientales, y están radicados en esas tierras desde muchos siglos antes que el islam.

Es positivo también para el islam iraní. La revolución de Khomeini transformó la tradición chií, imponiendo el control social de la religión y la sharia (a imagen de Arabia Saudita), además de la lucha contra todos. Pero el islam chií fue siempre místico y más abierto al diálogo con las culturas. Aún ahora, fruto del compromiso de Khatami, resisten institutos para la producción de la enciclopedia islámica, que presenta en decenas de volúmenes la influencia y el diálogo del islam con las ciencias, las filosofías, las religiones. Yo mismo he podido visitar el año pasado la Universidad de las religiones y denominaciones de Qom, especializada en traducciones de libros sagrados cristianos, hindúes, budistas… Un grupo de ellos ha incluso traducido al persa el catecismo de la Iglesia católica, con una introducción del cardenal Jean Louis Tauran.

El retorno al rostro dialógico y místico del islam chií sería un bien también para la sociedad iraní, donde los jóvenes- casi el 50% de la población- están cada vez más asqueados de los discursos políticos en las mezquitas y del pesado control sobre las costumbres, y se alejan cada vez más de los Mullah y de los pasdaran, descalificándolos con ironía.

Existe también un motivo político de supervivencia: el crecimiento de al-Qaeda y del Isis en Medio oriente decretó la “limpieza étnica” de los cristianos, que “contaminan la sociedad árabe” con su modernidad y apertura. Hacer participar a Irán en la lucha contra el Isis, en el diálogo sobre Siria, Irak y sobre Líbano tendría una función correctiva y equilibradora de la maraña de tensiones existentes en el área.

En Irán los cristianos están obligados a vivir en un gueto; están imposibilitados de misionar, pero viven seguros, sin incidentes ni atentados, con garantías mejores que en otros países del Golfo y de la península árabe.

Hay un motivo de supervivencia también para Irán: en la medida en que el país crece y se refuerza la corriente moderada, Irán podrá dar fuentes de trabajo y empleo a su población. La Ola verde, el movimiento de protesta por la elección (manipulada) de Ahmadinejad (en el año 2009) fue sofocado con sangre, pero los protagonistas, la sociedad civil, están aún vivos y no desean otra cosa que liberarse de la cuerda al cuello de los ayatolá y de la mafia económica en que se ha convertido la organización de los pasdaran. Sin una gestión de los moderados, Irán corre el riesgo de tener una guerra interna.

La victoria de los moderados abre la esperanza también para mayores contactos y un mayor comercio con la comunidad internacional. Italia, el primer país visitado por Rouhani después del fin de las sanciones, ya ha firmado acuerdos por un valor que ronda los 17 millardos de euros. Francia, Alemania y Estados Unidos esperan también adquirir una porción del comercio con Teherán.

Desde este punto de vista, el encuentro de Rouhani con el Papa Francisco tiene un valor de “legitimación” de Irán ante la comunidad internacional, un poco al estilo del rol que ha tenido la Secretaria de Estado vaticana en la relación entre Cuba y los Estados Unidos.

En Irán existen aún muchos problemas relacionados con los derechos humanos: condenas a muerte, prisioneros, censura, bloqueo de las redes sociales… Pero exactamente: este es el Irán del pasado, que Rouhani está combatiendo. El éxito del acuerdo en materia nuclear; la aceptación de los controles de la ONU; la liberación de los prisioneros de los EEUU, éstas son las pistas a seguir y éstas hablan a favor de una amistad con Rouhani, y no a favor de su condena.

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