24/09/2015, 00.00
CUBA-VATICANO
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El Papa y la Iglesia cubana se han callado tal vez demasiado. Esperemos que en un futuro…

de Flavio Labrador
Un exiliado cubano hace una primera valoración del viaje del Papa Francisco a Cuba, donde él no pudo encontrarse con ningún disidente. Entre los frutos esperados de este viaje, está que la Iglesia cubana entable una amistad con quienes son perseguidos, quienes se cuentan entre los más pobres y marginados de la sociedad.

Miami (AsiaNews) - La Iglesia, que es para nosotros los católicos, madre y maestra, es también sabia, y muchas veces sus gestos hacia los gobiernos o individuos pueden resultar incomprensibles para muchos. La visita del Papa Francisco en estos días a Cuba está despertando en muchas personas de todo el mundo muchas preguntas: ¿Por qué el Papa no se reúne con los disidentes? ¿Por qué no escucha su voz directamente, por qué no escucha sus preocupaciones, si ellos son la parte del pueblo que sufre doblemente? ¿Por qué no llama a las cosas por su nombre, y no llama dictadura al gobierno de La Habana y le pide públicamente que deje a los cubanos vivir libremente, sin persecución y  sin miedos? 

Yo, que tampoco tengo respuestas para ninguna de estas preguntas, quiero al menos hablar de una realidad cubana diferente a la que el mundo está viendo en estos días. Como ser humano libre, quiero escribir y decir lo que pienso del régimen comunista de La Habana y, como católico, quiero decir lo que me gustaría ver en la Iglesia cubana y comentar algunos de los frutos que espero de esta visita.

Me duele mucho ver que el mismo régimen que se mofaba (y se mofa) de Dios, de la Iglesia, de los religiosos y las religiosas, reciba al Papa Francisco fingiendo dar la imagen de un gobierno respetuoso del ser humano y de todos sus derechos. Y lo que más me duele es saber que no tiene intenciones cambiar.

El régimen cubano, que ha permitido que Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco celebren en Cuba y con Cuba la fe católica y la esperanza cristiana, no ha permitido que todos los cubanos de buena voluntad, que han querido participar en estas celebraciones, lleguen a los lugares donde ha estado el Papa. El régimen comunista ha sitiado las plazas, y, justificando una mayor seguridad, ha reprimido a personas inocentes y de buena voluntad, incluyendo mujeres indefensas, antes de que pudiesen llegar a ellas. Y para esto ha usado métodos represivos de todo tipo. Tampoco los represores han usado sus uniformes militares para reprimir, reprimen sin sus uniformes, tratando de engañar, también así, al mundo.

Raúl Castro, quien, sonriente, da la mano al Papa al terminar cada misa, pocas horas antes de cada misa, habrá dado órdenes para impedir por la fuerza de los golpes, del odio y del miedo que muchos católicos, no católicos, creyentes, no creyentes, pero todos ellos personas pacíficas e indefensas, llegasen a donde estaba el Papa para escucharlo.

Yo quiero que esta triste realidad política que sufre Cuba acabe pronto, y quiero que los frutos de la visita del Papa empiecen a recogerse muy pronto también. Pero para que los frutos puedan recogerse se necesita el trabajo unido y coordinado de dos partes importantes de la sociedad: el pueblo de Cuba y la Iglesia Católica.

Yo quiero que a partir de hoy cuando el gobierno comunista señale a alguien como disidente, la iglesia mire a esta persona con misericordia, lo comprenda y lo abrace en su necesidad.

No pido que el Papa abrace hoy en Cuba a los perseguidos[1], por causa de sus ideas, pido que la iglesia cubana abrace, todos los días, a los perseguidos por causa de sus ideas. Quiero que la iglesia sirva a estas personas. Quiero que la iglesia sirva cada día la fragilidad de estas personas, como sirve cada día la fragilidad de todas las demás personas que tocan a sus puertas. No quiero que estas personas se sientan excluidas también dentro de la iglesia, sino que sepan que la iglesia les tiende una mano y los anima en su trabajo pacífico y en su lucha por los derechos.

Entiendo que si se quieren lograr mayores espacios para la iglesia, como parroquias, hospitales y escuelas, hay que aprovechar las fisuras en el muro y hay que recurrir a la inteligencia, al diálogo y a la diplomacia. Pero al mismo tiempo me gustaría que la Iglesia en Cuba apoye, reconozca y valore públicamente y sin miedo, a quienes piden pacíficamente, en medio de una represión continua e implacable, la libertad.

Yo quiero que la iglesia cubana y sus pastores, busquen y logren tener más espacios en toda la sociedad cubana, pero no quiero que nadie tenga que ser silenciado ni marginado para lograr estos espacios, porque las personas son más importantes que los espacios y están por encima de cualquier estrategia para lograrlos.

 

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[1] en una entrevista concedida a los periodistas, en el transcurso del vuelo que lo llevaba a los Estados Unidos, el Papa respondió a una pregunta en la cual se hacía referencia a que no había logrado encontrarse con los disidentes cubanos. Haga clic aquí  para ir a la entrevista.

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