20/11/2020, 14.46
INDONESIA
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Empresario católico: he sabido aunar los negocios y la compasión por los más pobres

de Mathias Hariyadi

La historia de Pandji Wisaksana de 95 años, para quien la edad no es más que un número. El Covid-19 le impide ir al gimnasio. Todavía se ocupa de los menesteres cotidianos junto a  su esposa de 90 años y maneja sus actividades financieras. Su padre, un hombre que terminó ciego por el trabajo en las minas,  fue la inspiración para devolver la vista a los indigentes. Gracias a su asociación, en 10 años se realizaron 6.000 operaciones de cataratas de forma totalmente gratuita.

Yakarta (AsiaNews) -  A sus 95 años, Pandji Wisaksana no sigue una dieta particular y si la pandemia del Covid-19 no hubiera azotado Indonesia, como al resto del mundo, seguiría yendo al gimnasio al menos dos veces por semana. Para él, la edad no es más que un número, mientras siga lúcido de la memoria y no necesite ayuda con las tareas diarias, incluyendo las actividades bancarias y financieras. Y no se cansa de afirmar que es un hombre de negocios y empresario de origen chino, alimentado y sostenido por una profunda fe en Jesucristo. 

Desde muy joven, este hombre de negocios católico indonesio trabajó duro para lanzar su propio negocio. Desde la primera empresa centrada en los recursos naturales hasta los neumáticos de goma, se dedicó a los materiales plásticos para el hogar bajo la famosa marca "Pioneer". Un nombre que nunca ha faltado en los hogares indonesios desde 1960. Su éxito le valió el apodo de "Padre de los plásticos en Indonesia", y en 1975 fundó PT Prakarsa Pralon para la producción de tubos de PVC, de la que fue precursor. 

Pandji Wisaksana celebró su cumpleaños número 95 junto a toda la familia el 27 de junio. En julio, su esposa Trijuni Pandji cumplió 90 años. La pareja tiene tres hijos y dos hijas, todos con una exitosa carrera laboral, y también lleva la marca de una gran pérdida: la desaparición de su hijo menor en los Estados Unidos, durante un viaje de estudios. 

"En primer lugar," dijo a AsiaNews, "quiero hacer hincapié en mi profunda fe y moral cristianas. Estos son los ingredientes que me han permitido convertirme en lo que soy hoy,  un hombre físicamente sano y "libre" desde el punto de vista financiero. Todo esto -agrega- también gracias a que no tengo enemigos ni guardo rencor hacia los demás"

"En los negocios - continúa - siempre hemos decidido adherirnos al principio de la responsabilidad social empresarial, como una acción obligatoria prevista en la normativa de la legislación indonesia. Sin embargo, también creo en la responsabilidad personal a nivel social porque representa una cuestión moral fundamental, que todo individuo está llamado a poner en práctica". Cuando todavía era muy joven, él creía que el compromiso social debía estar atado al ambiente de trabajo, por ser una cuestión inseparable para la historia personal y familiar. 

De hecho, siendo muy joven, vio a su padre -que emigró de la China continental a la isla de Bangka a principios del siglo XX- volverse ciego como consecuencia de su trabajo como minero, por no haber contado con medidas de protección adecuadas. La pérdida de la vista de su padre lo llevó a enfocarse en las iniciativas caritativas-humanitarias en esta misma área, tratando de dar esperanza a los que ya no podían ver o podían hacerlo con gran dificultad. 

Su activismo y su compromiso con la sociedad lo impulsaron a unirse al Club de Leones (Lions Club) en 1971, y hoy sigue siendo uno de los miembros más veteranos. En 2006, promovió una iniciativa llamada "Gerakan MataHati" (movimiento de conciencia) junto con otros empresarios importantes del país, para que las personas más pobres y necesitadas afectadas por cataratas pudieran acceder a una operación y curarse.  

En su experiencia de décadas, el movimiento consiguió realizar al menos 6.000 intervenciones gratuitas en todo el país, porque "dar la vista no sólo es atender una carencia", explica Wisaksana, pues esto también "está transformando la vida de los pacientes". En efecto, estas personas "se volverán más independientes, podrán hacer su trabajo y cuidar de sus familias". El hecho es que, para el empresario católico, la humanidad no es una "operación de marketing", sino trazar un camino para que otros hombres pudientes sigan sus pasos y trabajen en favor de los demás, de aquellos más desafortunados. 

Colaboró en este nota: Royani Li

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