10/09/2018, 14.38
IRAK
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En Mosul, un festival literario con música y literatura busca superar la devastación del ISIS

En el evento “Soy iraquí – leo”, participaron miles de personas, atraídas por los juegos, cantos y momentos culturales. La liberación del Estado islámico constituye un “segundo renacimiento”. Aún se siente miedo ante la posibilidad de un retorno de los yihadistas. Por eso “no se ven obras de arte que aludan a la ocupación”. 

Mosul (AsiaNews) – El parque público de Mosul –el mismo que fuera utilizado por los yihadistas del Estado Islámico (EI, ex ISIS) como centro de adiestramiento de niños-soldado cuando la metrópoli del norte aún era un bastión del “Califato”- se ha convertido en escenario de un festival literario. En el evento realizado hace pocos días, participaron miles de personas, atraídas por las numerosas citas del programa: lecturas, juegos de mesa, música y cantos. Además, se exhibieron  libros y volúmenes que fueron donados a la población durante los días del festival.

La cultura y el arte parecen estar de vuelta, para enriquecer las calles y plazas de la segunda ciudad más importante de Irak. Y el festival “Soy iraquí – leo”, como recita su lema, es tan sólo uno de los numerosos eventos programados en estas semanas. El eslogan alude a un refrán tradicional del mundo árabe, según el cual “En Egipto se escribe, en el Líbano se publica y en Irak se lee”.  

“No comprendemos el valor de las cosas hasta que las perdemos” cuenta a Deutsche Welle Ali al-Baroodi, un docente de inglés que enseña en la Universidad de Mosul, y que en el último tiempo se ha convertido en la voz narradora no-oficial de la ciudad. Él da vueltas por las calles y plazas montado en su bicicleta, tomando fotografías de los daños y del lento camino de reconstrucción. “El año pasado –recuerda- cuando se produjo la liberación del sector oriental, que estaba en manos de Daesh [acrónimo árabe para el ISIS], fue como nacer por segunda vez”.   

Tras años de violencia y terror perpetrados por las milicias del ISIS, actualmente la vida en el sector oriental de Mosul ha vuelto a la normalidad y es mucho más fácil desplazarse dentro de los barrios occidentales. En las aulas de las escuelas, en las fábricas y en las pequeñas empresas, el renacimiento de la metrópoli se constata en la reanudación de la escuela, del trabajo y de la apertura de espacios comerciales que resultaban impensables cuando se estaba bajo el “Califato”. Uno de estos es el “café literario”, un espacio dedicado al encuentro y a la lectura. De todos modos, las condiciones de la vida en Mosul siguen caracterizadas por dificultades y peligros –entre ellos, la escasa higiene, a causa de la falta de agua y electricidad, los edificios dañados, y los dispositivos y trampas explosivas diseminados en la ciudad –que ponen en riesgo la vida de las personas.

 

Los yihadistas no sólo se ensañaron con la población civil, sino también con cualquier forma de expresión artística y humana, abatiendo estatuas de poetas y escritores, quemando libros y destruyendo instrumentos musicales en la plaza pública.  También la biblioteca universitaria fue entregada a las llamas, arrasando con volúmenes de un valor histórico y cultural inmenso. El fanatismo propugnó la abolición de cualquier libro que no tratase de religión (islámica); artistas y músicos fueron muertos sin piedad. Aún sigue vivo el recuerdo de un joven quinceañero, decapitado porque “escuchaba música occidental”.  

Una represión que comenzó mucho antes de la afirmación del “Califato” en el verano de 2014, y cuyos primeros signos aparecieron inmediatamente después de la invasión estadounidense, en 2003. “El ISIS es como un fantasma –explica al-Baroodi- no le ves, pero sigue estando, y continúa recogiendo información sobre las personas, mientras aguarda su regreso. Ellos ya comandaban la situación, detrás de bambalinas, desde el 2015”. Más optimista es Marwan Tariq, quien se desempeña en el Departamento de arte del ateneo metropolitano: “Después de Daesh –afirma- la situación está incluso mejor que antes de su llegada”. Permanece el miedo por la existencia de células dormidas, y es por eso que “no se ven obras de arte que aludan a la ocupación” yihadista. Sin embargo, se destaca el regreso de los libros, la música, los conciertos y las performances en las calles. Entre ellos, un espectáculo musical ambulante, que invita a recorrer varios sitios arqueológicos y religiosos devastados por los milicianos, como la célebre mezquita de Nouri. 

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