22/02/2019, 16.18
CHINA
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Futbolista uigur vuelve a entrenarse después de 11 meses en los campos de detención

Erfan Hezim es una joven promesa del fútbol chino. Reapareció en las redes sociales con un mensaje con un mensaje de agradecimiento al gobierno chino. Se estima que en Xinjiang sean al menos 1 millón los prisioneros en los campos de detención.

 

 

 

Beijing (AsiaNews/Agencias)- Erfan Hezim, joven promesa del fútbol chino de etnia uigur volvió a entrenarse en los campos de juego después de haber transcurrido un período de “reeducación” en los campos de detención de Xianjing. Después de un lapso de tiempo durante el cual prefirió permanecer en silencio, el futbolista reapareció en las redes sociales, ante todo quiso agradecer al gobierno de Beijing y al Partido comunista. “Gracias- escribió- por haberme dado el escenario donde puedo realizar mis sueños”.

Erfan tiene 20 años y juega en el Jiangsu Suning Football Club, que forma parte de la Liga de fútbol (la Chinese Super League). El 18 de febrero, él apreció en dos tomas publicadas en una cuenta oficial del equipo, Weibo,  mientras se entrenaba con el grupo de las reservas.

El futbolista había desaparecido de la circulación en febrero de 2018, después de algunas transferencias a España y Dubai. En favor de su liberación, en junio se había pronunciado también la Federación internacional de futbolistas profesionales (FIFPro), que pidió su “inmediata liberación, de modo que pueda reunirse con su familia y continuar su carrera en el fútbol”.

El joven es uno de los cerca de un millón de uigures, minoría musulmana turcófana de China noroccidental, encerrados en numerosos centros de detención extra-judiciales de Xinjiang. Negando cualquier ilícito, los funcionarios chinos describen los campos como “centro de formación profesional” para personas atraídas por el extremismo islamista y por el separatismo.

Desde hace decenios los activistas lamentan que la población de Xinjiang está sometida a una colonización forzada de tipo militar y administrativa por parte de Beijing. Su represión social y religiosa, está motivada con la lucha al “terrorismo” y al “separatismo”. En Xinjiang existen grupos pequeños de independentistas, pero la mayoría de la población quisiera sólo una mayor autonomía. Como toda respuesta, desde hace algunos años la política de Beijing hacia los uigures se volvió aún más opresiva en controles, registración del propio DNA, secuestro de los pasaportes, prohibición a los jóvenes frecuentar las mezquitas y de realizar los ayunos islámicos.

 

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