05/05/2014, 00.00
VATICANO
Enviar a un amigo

La Santa Sede no es la Iglesia católica y no es responsable de cada acción hecha por un fiel

Intervención de mons.Tomasi en el 52 Comité Onu sobre la Convención contra la tortura. La Santa Sede promovió y continuará a promover a "nivel global, los valores y los derechos humanos" y retiene a la Convención como un instrumento "válido". Pero no se puede extender a situaciones diversas, como la pedofilia.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews)- La Santa Sede tiene responsabilidad sobre el Estado de la Ciudad del Vaticano, pero "no tiene jurisdicción" sobre "cada miembro de la Iglesia católica" al cual pide "una conversión del corazón al amor de Dios y del prójimo". Esto significa que "cualquier persona física, no obstante su afiliación a un instituto católico, está sujeta a la legítima autoridad del estado. La obligación y la responsabilidad de promover la justicia, en estos casos corresponde a la competente jurisdicción nacional"

La afirmación hecha hoy en Ginebra por mons. M. Tomasi, en ocasión de la presentación de la Relación inicial de la Santa Sede delante del Comité sobre la Convención contra la tortura, estaba referida a "engañosas" las interpretaciones que identifican a la Iglesia católica con la Santa Sede, llamándola en causa una jurídicamente responsabilidad por actos cometidos por personas de fe católica. A propósito, él afirmó que "las personas que viven en un determinado País y por lo tanto están sujetas a la ley nacional y a las consecuencias allí contenidas. Las autoridades de los estados, están obligadas a proteger, y cuando sea necesario, perseguir a las personas bajo su jurisdicción. La Santa Sede ejercita la misma autoridad sobre aquellos que viven en la Ciudad del vaticano en conformidad con sus leyes. Por lo tanto la Santa Sede, en el respeto de los principios de autonomía y soberanía de los Estados, insiste sobre el hecho que la autoridad del Estado, que tiene competencia legítima, obre como responsable de la justicia en materia de crímenes o de abusos cometidos por parte de personas bajo su jurisdicción". Y esto vale para las personas que sean parte de una institución católica.

En lo que se refiere a la tortura, la Santa Sede, dijo el diplomático vaticano, considera la Convención como un instrumento "válido" para combatir actos que constituyen una grave ofensa a la dignidad humana". Él recordó, las numerosas tomas deposición, en los más altos niveles, por parte de la Iglesia contra la tortura, en particular a través del magisterio papal después de la Segunda Guerra mundial y la adecuación a la normativa de la Ciudad del Vaticano a las indicaciones de la Convención. La Santa Sede, agregó, promovió y continuará a promover a "nivel global, los valores y los derechos humanos" que sean "necesarios para las relaciones amistosas entre los pueblos y por la paz del mundo"

Pero la Convención se refiere a las torturas y abusos cometidos en tal ámbito. Los tentativos de ensanchar los confines hacia hipótesis diversas reduce "el objetivo original dela Convención" y "pone a riesgo las situaciones de aquellos que son abusados o torturados". De aquí el peligro que el trabajo del comité no sólo sea "ineficaz, sino hasta contraproducente". Si bien, no demasiado explicitado, la referencia es a cuántos quisieran incluir en la convención contra la tortura también los abusos sexuales cometidos por religiosos

 

 

TAGs
Enviar a un amigo
Vista para imprimir
CLOSE X
Ver también
Israel, Covid: padres jóvenes contrarios a vacunar a los niños
14/12/2021 12:55
Congreso Onu sobre el clima: el cardenal Parolin, imperativo moral en defensa de lo creado
24/09/2014
Thái Bình, la delegación vaticana visita la Iglesia del norte de Vietnam
28/04/2022 12:28
Hermano Pablo: Estoy listo para convertirme en un instrumento de Dios
04/01/2017 14:04
Mongolia y la Santa Sede inician los intercambios culturales de investigadores
15/01/2020 14:20


Newsletter

Suscríbase a la newsletter de Asia News o cambie sus preferencias

Regístrese
“L’Asia: ecco il nostro comune compito per il terzo millennio!” - Giovanni Paolo II, da “Alzatevi, andiamo”