14/01/2020, 16.39
RUSIA
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Los rusos aman la Navidad, pero no en la iglesia

de Vladimir Rozanskij

En las liturgias navideñas, la concurrencia de los feligreses oscila entre el 1 y el 3%. Se trata de la cifra más baja registrada en los países cristianos, inclusive por debajo de la de un país tan secularizado como Francia. El gobierno exalta los resultados del “Viaje por la Navidad” de Moscú, pero algunos subrayan el carácter comercial y popular del evento.

Moscú (AsiaNews) – El centro de estudios de estadística Sova, uno de los más autorizados del país, publicó los datos referidos a la concurrencia de la la feligresía rusa en las liturgias ortodoxas de Navidad, durante la semana pasada, con un análisis por región. La afluencia oscila entre el 1 y el 3%, con un promedio nacional que no supera el 2%, y que si bien está en línea con los últimos años, muestra una ligera caída. Se trata de la afluencia más baja que se haya registrado en todos los países cristianos (inclusive por debajo de la de Francia, uno de los países más secularizados, cuya concurrencia ronda entre el 5 y el 7%). 

Esta escasa propensión de los rusos a participar en las ceremonias litúrgicas describe el carácter de la ortodoxia rusa, que se afirma como un dato identitario nacional-popular, más que como un rasgo expresamente religioso. Como solía repetir Boris Yeltsin, el primer presidente post-comunista de los años ‘90, este es un país de “ateos ortodoxos”. Los representantes del patriarcado de Moscú no comentan estos datos y tampoco parecen estar particularmente preocupados, ya que continúan desarrollando programas para construir edificios eclesiásticos, una tendencia en franco contraste con la escasa afluencia de fieles.  

Al mismo tiempo, el alcalde de Moscú - y fidelísimo de Putin - Sergej Sobjanin, en los últimos días festejó el enorme éxito del festival “Viaje por la Navidad”, que se desarrolló en la capital del 13 de diciembre al 12 de enero, con la presencia de más de 15 millones de visitantes. El año pasado, el evento convocó a 18,6 millones de participantes, en un período más largo; Sobjanin expresó su orgullo por el récord logrado en “la fiesta de Navidad más grande de toda Europa”, un evento que reúne varias manifestaciones culturales, que abarcan competencias de deportes invernales, propuestas culinarias navideñas y un amplio abanico de souvenirs para elegir. 

La Navidad se extiende para abarcar el “doble calendario”, el occidental (25 de diciembre) y el oriental (7 de enero), asumiendo un carácter eminentemente comercial y popular, en el cual la parte religiosa queda desdibujada deliberadamente. Las fiestas se prolongan hasta el 19 de enero, fecha en que se celebra la fiesta ortodoxa del Bautismo del Señor, ocasión para la participación de muchos en el “baño en las aguas heladas”, que se lleva a cabo después de las liturgias. Este año, los rusos están preocupados por las altas temperaturas, que derriten el hielo e impiden la eficaz realización de esta escena del folclore ortodoxo ruso. 

Cabe destacar que el mismo fenómeno se repite con ocasión de la Pascua, una festividad más sentida que la Navidad en el caso de la Iglesia ortodoxa rusa, y que registra durante ese tiempo un aumento del 3% en la afluencia de fieles a la iglesia. Son muchos los que solo acuden a la iglesia para la bendición de los dulces pascuales, sin participar en los ritos. En Rusia, el porcentaje de ortodoxos “activos” no crece, e incluso muestra una caída en los últimos años, a pesar de la intensa propaganda religiosa apoyada por las estructuras eclesiásticas estatales y locales, y respaldada por los líderes políticos cada vez más presentes en las primera filas de las liturgias, comenzando por el presidente Vladimir Putin.

El protagonismo de la Iglesia ortodoxa en las variadas problemáticas sociales, en defensa de la familia, de la vida por nacer y de los valores morales, no parece lograr un cambio de rumbo de la población, que registra las tasas de abortos y divorcios más elevadas del mundo. La Iglesia se erige en defensa de la visión cristiana de la vida privada y pública, contra la “degradación moral causada por el influjo occidental”. Sin embargo, las costumbres de la sociedad rusa actual no parecen diferir mucho de aquellas de los tiempos del ateísmo soviético, cuando apenas el 2-3% de la población intentaba frecuentar las iglesias, aún cuando éstas eran escasas y con todos los riesgos que ello conllevaba.

Además, no es fácil calcular el número de “parroquianos ortodoxos”, ya que no existen registros oficiales - ni siquiera para los sacramentos - y la misma ley rusa en materia de libertad de expresión prohíbe que se obligue a los creyentes a suscribir cualquier tipo de documento que certifique su pertenencia a una confesión religiosa. En este sentido, las estadísticas son cuando menos genéricas y, con mucha frecuencia, generosas. Los datos más fehacientes son los que brinda el Ministerio de Interior, que controla cualquier clase de asamblea de la población.

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