02/11/2016, 12.15
LIBANO
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Michel Aoun presidente: una nueva edición del “milagro libanés”

de Fady Noun

La elección fue recibida favorablemente por Europa y los EEUU. También hubo comentarios positivos por parte del patriarcado maronita y de las Iglesias de Siria. El fruto de un “compromiso histórico” que ha sabido unir las diversas almas del país. Aoun deberá dar pruebas de su “sabiduría” y no eliminar a las demás fuerzas políticas.

Beirut (AsiaNews)- Para muchos, esta es una nueva edición del “milagro libanés”: el ex comandante en jefe del ejército, el general Michel Aoun (81 años) fue elegido como 13er presidente de la República libanesa el pasado 31 de octubre, después de dos años y medio de vacío presidencial flanqueado por las instituciones, la moralidad pública y la economía. Él fue elegido con 83 votos a favor sobre un total de 127; el Parlamento está formado por 128 escaños, pero uno de los diputados renunció antes de la votación.

La elección de Michel Aoun fue recibida favorablemente por la Comunidad europea, así como por los EEUU, que han anunciado que se proseguirá con el programa de ayudas al ejército, una de las prioridades del mandato presidencial de Aoun, tal como él mismo afirmara en el discurso pronunciado inmediatamente después de haber prestado juramento constitucional.

Entre los primeros en dar sus congratulaciones por la elección (al jefe de Estado) figuraron el presidente iraní y el jefe de Estado sirio, Bashar al-Assad, un hecho normal para cuántos consideran que el nombramiento de Michel Aoun coforma una victoria del eje sirio-iraní.

El patriarca maronita, las Iglesias católicas de Siria, y entre ellas el patriarca griego-melquita, Gregorio III Laham han reaccionado positivamente a la elección.

Amado por sus seguidores, criticado por gran parte de la opinión pública, Michel Aoun debe su elección a un compromiso histórico que finalmente permitió que para su candidatura se aunaran “in primis” las Fuerzas libanesas, segundo partido más importante en representación de los cristianos del Líbano; así como la Corriente del Futuro, principal fuerza política sunita, guiada por Saad Hariri; y también el Partido Socialista Progresista de Walid Jumblat, principal facción drusa. Al principio él sólo contaba con el apoyo de la principal fuerza chií presente en el Líbano, Hezbollah.

No obstante hubo unaa acogida festiva el día después de la elección de parte de los seguidores del Movimiento Patriótico Libre (MPL), por él fundado, Michel Aoun -brillante oficial de rara tenacidad- ahora debe resistir la tentación de apropiarse del mérito exclusivo de este milagro. El giro de los hechos en lo que se refiere a la crisis presidencial no es una “gran victoria” para el MPL, como tampoco lo es para las Fuerzas Libanesas, para Hezbollah, principal aliado chií del general Aoun, para la Corriente del Futuro, ni para el partido de Walid Jumbat. Todas estas fuerzas han debido hacer concesiones para permitir la elección de Michel Aoun. El gran vencedor parece ser el espíritu de compromiso interno y regional, que lo ha hecho posible.

Según un diplomático occidental de alto rango, el ascenso de Michel Aoun a la presidencia de la República libanesa inaugura una nueva etapa llena de promesas en la vida política del País de los Cedros. El presidente de la República, que hasta ahora se veía confinado a un rol de árbitro o a una posición subordinada,ya es el hombre fuerte de su comunidad. Esto es también uno de los argumentos sostenidos por Michel Aoun para justificar el bloqueo sistemático del quórum parlamentario, que su corriente ha perpetrado con el propósito de impedir la elección -en lugar suyo- de un presidente “débil” nombrado por los jefes políticos musulmanes.

“Los maronitas siempre han sido rebeldes. Michel Aoun sin duda hizo uso de medios contrarios a la Constitución para alcanzar sus propios fines -agrega la fuente diplomática antes citada-, pero en una última instancia,  las guerras que se combaten alrededor del Líbano no tienen nada de democrático”

Para aceptar lo que resulta ser incomprensible a los ojos de los demás, es necesario dejar pasar lo inmediato y concentrarse a largo plazo. Esto implica la superación de una perspectiva jurídica desde la cual puede ser mirado esre evento, para abrazar una mirada más amplia, en la cual los actores políticos ya no sean definidos por sus virtudes y sus defectos, sino por las dinámicas mismas que los han llevado al poder.

Y es justamente éste el punto en el cual se coloca la vía de salida de la crisis presidencial libanesa: en el contexto geopolítico regional. El compromiso libanés podría de hecho constituir un ejemplo y un modelo a seguir. El mundo árabe es el teatro de un conflicto planetario que hiere en lo profundo a la comunidad islámica, dividiéndola entre chiíes y sunitas. Mientras aumentan las divisiones -con la guerra en Yemen y el conflicto sirio en un estado de punto muerto, así como con la colocación de Hezbollah en la lista de las organizaciones terroristas por parte de Arabia Saudita- es en este contexto tan crítico que  improvisamente los Hezbollah cercanos a Irán y a la Corriente del Futuro filo-saudita deciden apoyar una misma candidatura para la presidencia cristiana del Líbano. Y no es para nada desdeñable ni siquiera la decisión de sentarse a discutir sobre la formación de un gobierno que comprenda a ambas partes.

Además, ha de reconocerse que el Líbano supo afirmarse como el lugar ideal para experimentar este compromiso: gracias a su unidad política, que supo mantener hasta los extremos; gracias a la solidez y a la seguridad del Estado y a la impermeabilidad de sus fronteras a pesar de la amenaza terrorista islámica; y, por último, gracias al diálogo interno promovido por la Corriente del Futuro y Hezbollah.

Según la fuente occidental antes citada, era necesario que el Líbano -en el contexto del banquete regional- fuese servido como “aperitivo” y no como “postre” final. Por lo demás, fue justamente en esta dirección que empujaron los países amigos del Líbano a lo largo de toda la crisis presidencial, en especial, brindando al Líbano mismo los medios y las enseñanzas necesarias para una lucha contra el terrorismo, tanto dentro del país como en su frontera oriental.

“Ahora, es necesario esperar que Michel Aoun sepa evitar el error cometido por los Hermanos Musulmanes en Egipto y no trate de eliminar a las otras fuerzas políticas -agrega la fuente-, que no se endurezca en múltiples batallas y que dé pruebas de una “sabiduría y de flexibilidad” para ejercitar una “colaboración” inteligente y no muscular”. Como sucede en todas las latitudes, será necesario conceder al nuevo presidente libanés los clásicos “100 días” de beneficio para llevar a cabo los ensayos oportunos y comenzar de inmediato con la formación de un nuevo gobierno de unidad nacional.

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