12/11/2019, 12.10
TURQUIA
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Nacionalismo e islam: son las armas del ‘sultán Erdogan para controlar Turquía

C}La crisis económica y la cuestión inmigrantes ofuscan el consentimento. La ofensiva contra los kurdos en el nordeste de Siria relanzó la imagen del líder vencedor. Desde un mínimo histórico del 33,7%, hoy el consentimiento saltó al 48%. Todo esto cae sobre la piel de kurdos, refugiados, cristianos y opositores políticos que son las víctimas de la represión.

 

Estambul (AsiaNews)- Nacionalismo e islam para mantener el poder y alejar el espectro de una crisis económica que, en términos de consentimiento, costó el control de las 2 ciudades más importantes- la capital Ankara y el corazón comercial Estambul- en las elecciones administrativas de marzo. Son estas las armas usados por el presidente turco Recep Tayyip Erdogan para reconquistar a la dirigencia del país, que parecía vacilar en los meses pasados bajo los golpes de una inflación creciente, desde el derrumbe de las exportaciones y por la difícil gestión de los refugiados sirios. Recibidos, por otro lado, a brazos abiertos en el pasado en nombre de la “fraternidad” islámica para congraciarse también el ala radical y fundamentalista después de haber cabalgado la ola patriótica.

El pasado 6 de noviembre el Consejo de Estado turco estableció que la antigua iglesia de San Salvador de Chora sea de nuevo consignada “a su culto inicial”, o sea a ser utilizada como mezquita. El temor de los cristianos ortodoxos y de los católicos es que esta decisión pueda ser un precedente para la histórica (y disputada) basílica de S. Sofía, en el pasado sede del Patriarcado de Constantinopla, hoy museo y amenazada de ser transformada en mezquita. Para congraciarse con los radicales islámicos, Erdogan el “sultán” prometió transformarla en lugar de culto musulmán. 

Religión y nacionalismo son los caminos usados por el presidente para controlar el país. Una movida que se reforzó gracias a la victoria- por otro lado logró un 51,4% de los votos favorables- en el referéndum constitucional del 2017 que archivó el sistema parlamentario, sustituido por el presidencialismo. Sin embargo, cuando Turquía parecía bajo su control- también militar, con la represión que siguió al fallido golpe de julio de 2016- intervinieron las primeras señales de crisis económica y financiera. 

Dificultad que se hicieron más evidentes por la decisión del presidente de EEUU, Donald Trump de quitar el carril preferencial en las importaciones de los productos turcos. Una represalia, esta última, relacionada con la elección de Ankara de adquirir comprar el sistema de defensa antiáereo ruso S-400 y que determinó una pérdida para las empresas turcas de cerca de  700 millones de dólares, par al 40% del volumen de de negocios exentos de aranceles. De aquí la creciente necesidad de liquidez, la pesadilla inflación, impuestos de interés de hasta el 30% y el espectro del default en el horizonte, unida a la bofetada electoral en Estambul y Ankara.

En este cuadro económico y de poder se pueden descubrir las razones que han llevado a Erdogan a lanzar una ofensiva contra los kurdos (y cristianos) en el nordeste de Siria. Enemigos desde hace tiempo en la mira, ellos se convirtieron en el pretexto ideal para una vasta operación militar que permite controlar los territorios más allá de la frontera, enviar más allá de la frontera a 2 millones de prófugos (musulmanes) sirios sin provocar las iras de los extremistas y evocar para sí los proyectos de reconstrucción.

Ünal Çeviköz, vicepresidente del Partido popular republicano (CHP), principal fuerza de oposición, explica que detrás de la decisión de Erdogan de eliminar la milicias YPG está la intención de reforzar la imagen del líder ganador. Hombre principal del partido en política exterior, él observa que inmediatamente después de sus precedentes ofensivas en territorio sirio- Euphrates Shield desde agosto de 2016 a marzo de 2017 y Olive Branch en los primeros meses de 2018- los turcos han votado para transformar el sistema parlamentario en uno presidencial y para elegir el el Parlamento y jefe de Estado. 

“Tenemos un esquema que se repite: cada acción militar-explica- es seguida por un voto. Es opinión compartida que también la reciente operación Peace Spring preluda otra elección anticipada en 2020”. Y los últimos sondeos los confirman: en los meses pasados la crisis económica y los refugiados habían hecho precipitar el consentimiento de Erdogan al 33,7%. A fines de octubre, después de la ofensiva kurda, la probación saltó al 48%, el más alto desde las presidenciales de 2018.

Reforzado en clave interna, el “sultán” apunta a Europa para obtener los millardos que desaparecieron con Trump, agitando el espectro de los refugiados para hacer abrir a Bruselas los cordones de la bolsa.

 

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