28/01/2017, 10.49
TURKMENISTAN
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No cesa la represión del gobierno turkmeno contra la libertad de pensamiento y la libertad religiosa

Las autoridades lo niegan, pero la reclusión y la tortura son utilizadas contra los estudiosos y las comunidades religiosas. En los últimos días se presentó la denuncia de que en el segundo semestre del 2016, al menos dos musulmanes que estaban detenidos murieron en la cárcel de máxima seguridad de Ovada-Depe. Lukman Yaylanov falleció en el verano de 2016, probablemente a causa de las torturas reiteradas. Narkuly Baltayev murió algunos meses después.

Asjabad (AsiaNews) – En Turkmenistán, prosigue la política de represión de la libertad de pensamiento y de religión. En los últimos días, se presentó una denuncia que da cuenta de que, en el segundo semestre de 2016, al menos dos musulmanes que estaban detenidos, murieron en la cárcel de máxima seguridad de Ovada-Depe. Lukman Yaylanov falleció en el verano de 2016, probablemente a causa de torturas reiteradas. Narkuly Baltayev murió pocos meses después.

Tras haber firmado un documento en el cual se les prohibía revelar todo lo que habían visto, los familiares de los detenidos pudieron recibir los cuerpos de los dos detenidos, para su sepultura.  En el momento de la entrega, el cuerpo de Baltayev – un hombre de contextura robusta- pesaba menos de 25 kg. Es imposible establecer si las causas del deceso fueron las torturas sufridas, si hubo negligencia o desnutrición. Alternative Turkmenistan News declaró que un ex convicto de  Ovada-Depe afirmó que pudo escuchar a Yaylanov cuando éste era torturado en prisión: “Cuando torturaban a Lukman Yaylanov, su llanto y sus gritos podían oírse hasta el último piso de la cárcel”.

Los dos prisioneros formaban parte de un grupo informal de estudiosos musulmanes sunitas conducido por Bahram Saparov. El mismo Saparov – junto a otros 19, incluyendo a Yaylanov – fue arrestado en marzo de 2013, y luego condenado a prisión, con régimen cerrado, en mayo del mismo año.

Yaylanov, proveniente del distrito de Garabekevul, se había unido al grupo musulmán de Saparov para estudiar los fundamentos del pensamiento islámico hanafí sunita. Desde un principio, el ministerio de Seguridad nacional (MSS) comenzó a perseguirlo, con interrogatorios que fueron violentos. La policía también incluso llegó a usar a delincuentes del lugar para tratar de provocar una respuesta violenta por parte de los miembros del grupo.   

Atageldi aga, un imán de la mezquita sunita –no registrada- del distrito de Khitrovka di Ashgabat, también murió en un campo de trabajo forzado, tras ser arrestado en el 2008 por ejercer su derecho a la libertad de expresión.

Algunos prisioneros han logrado sobrevivir a las torturas, como ha sido testimoniado por  Geova Mansur Masharipov, que fue torturado por la policía en la ciudad septentrional de Dashoguz.

El 18 de enero de 2013, la policía emprendió una investigación contra los miembros del grupo de Saparov. Yaylanov y Saparov figuran entre los 21 indagados que quedaron detenidos. El 22 de octubre de 2013, al concluirse el proceso, el juez condenó a 20 miembros del grupo a régimen de prisión cerrado. De acuerdo al código penal de dicha nación, sobre los imputados recayeron las acusaciones de “Conspiración para la obtención del poder” (art. 174, parte 1), “Tentativa de subvertir el orden constitucional” (art. 175, parte 2), “Incitación al odio social, étnico y religioso” (art. 177, parte 3), “Asociación orientada a delinquir” (art. 275, partes 1 y 2), “Robo y tráfico de armas, material militar, sustancias y artefactos explosivos” (art. 291). Saparov fue condenado a 15 años de cárcel, pero no se sabe a ciencia cierta cuáles fueron las sentencias de los demás condenados.

Puesto que los procesos eran llevados adelante en secreto, los familiares de los condenados no recibían información acerca de las acusaciones y las condenas de los imputados. Ni siquiera se les permitió ser defendidos por abogados. “Los familiares –afirma Alternative Turkmenistan News – ni siquiera saben si sus hijos están con vida, y mucho menos el lugar donde son mantenidos prisioneros. Cuando sus seres queridos tratan de visitar los campos de las prisiones, se les dice que sus hijos no están allí, o que han sido trasladados a otro campo”.

En una sesión del Consejo de Naciones Unidas para los derechos humanos celebrada el 25 de octubre de 2016, el gobierno de Turkmenistán declaró que “de los años 2015 y 2016, el ministerio del Interior no ha recibido ningún informe en el que se mencione a detenidos que hayan sido sometidos a un ‘tratamiento duro’ por parte de funcionarios”. Un tiempo antes, en el informe presentado ante el Consejo de las Naciones Unidas contra las torturas, el 16 de julio de 2015, el gobierno turkmeno declaró que “no se ha registrado ningún caso de fallecimiento debido a torturas sufridas en las prisiones del país. El departamento de Asuntos Internos para la corrección penal controla todos los decesos que ocurren en los centros de detención”.

Al igual que todos los miembros de las comunidades religiosas en Pakistán, los musulmanes afrontan una represión severa por parte del gobierno cuando se trata de su derecho a libertad de expresión, de religión y de pensamiento. Como consecuencia, el muftiato sunita  (Administración espiritual musulmana) también es estrechamente controlado por las autoridades de gobierno.

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