23/11/2019, 15.53
JAPON-VATICANO
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Papa en Japón: nuclear y jóvenes en el encuentro con los obispos

Francisco recordó que de joven quería ir a Japón como misionero en el país de Sol Naciente. “En Japón la Iglesia pequeña y los católicos son una minoría” (536 mil, el 0,4% de la población), y la evangelización exige el compromiso para “un testimonio humilde, cotidiana y de diálogo con las otras tradiciones religiosas”. Ninguna mención a la crisis que está viviendo Hong Kong en los telegramas a los telegramas a los jefes de Estado de China, Hong Kong y Taiwán.

 

Tokio (AsiaNews) – Llegó a Japón. El Papa Francisco, en su primer encuentro con los obispos del país, subrayó sus próximos compromisos en Nagasaki e Hiroshima donde recordará los bombardeos atómicos y se encontrará con los sobrevivientes a “aquel trágico episodio de su historia humana” y exhortó a continuar en la misión que en Japón está “caracterizada por un fuerte investigación de inculturación y diálogo”.  

Francisco llegó a Tokio, proveniente de Tailandia, a las 17,32 locales (8,32 GMT), bajo una lluvia fuerte y un fuerte viento, recibido por el vice primer ministro japonés Tarō Asō, por obispos y clero y por un centenar de estudiantes de las escuelas católicas que han llevado un mensaje de bienvenida en lengua española.

Desde el aeropuerto Francisco se dirigió a la nunciatura donde se encontró con los obispos japoneses (en la Foto).

Durante el vuelo, el avión sobrevoló también China, Hong Kong y Taiwán. Siempre en tales ocasiones, el Papa envía un telegrama al jefe de Estado de país que sobrevuela. Así fue también esta vez, con mensajes al presidente chino Xi Jinping, a la gobernadora de Hong Kong Carrie Lam y al presidente de Taiwán, Tsai. Son mensajes de rutina y también esta vez invocan bendiciones para el jefe de Estado y sobre la población y aseguran oraciones por la paz. Ninguna mención a la crisis que está viviendo Hong Kong. Ni tampoco ninguna mención sobre Macao, también esa región china con administración especial.

En el discurso a los obispos, Francisco ante todo recordó “el impulso misionero” tenido por un joven justamente en el país de Sol Naciente. y “Hoy, el Señor me regala la

oportunidad de estar entre ustedes como peregrino misionero tras los pasos de grandes testigos de la fe. Se cumplen 470 años de la llegada de san Francisco Javier al Japón. Un cristianismo marcado por tantos mártires. Pienso en los mártires san Pablo Miki y sus compañeros y en el beato Justo Takayama Ukon, que en medio de tantas pruebas dio testimonio hasta su muerte. Esta entrega para mantener viva la fe a través de la persecución ayudó a la pequeña comunidad cristiana a crecer, consolidarse y dar fruto.

También pensemos en los “cristianos ocultos”, de la región de Nagasaki, que mantuvieron la fe por generaciones a través del bautismo, la oración y la catequesis; auténticas Iglesias domésticas que resplandecían en esta tierra, quizás sin saberlo, como espejo de la familia de Nazaret.”

“En Japón-agregó- la Iglesia es pequeña y los católicos y la evangelización exige el compromiso para “un testimonio humilde, cotidiana y de diálogo con las otras tradiciones religiosas”. El cuidado pastoral para hacia los numerosos trabajadores extranjeros, “que representan más de la mitad de los católicos de Japón”, es testimonio del Evangelio dentro de la sociedad japonesa y confirma “la universalidad de la Iglesia”, en la cual “nuestra unión con Cristo es más fuerte de cualquier otra relación o identidad”.

En tal realidad, la misión “fue caracterizada por una fuerte investigación de inculturación y diálogo, que permitió el formarse de nuevas modalidades independientes por aquellas desarrolladas en Europa. Sabemos que, ya desde el inicio, fueron utilizados escritos teatros, música y todo género de instrumentos, por la gran parte en lengua japonesa. Esto demuestra el amor que los primeros misioneros sentían por estas tierras”.

“Este viaje apostólico está marcado por el lema «proteger toda vida», que bien puede simbolizar nuestro ministerio episcopal. El obispo es aquel a quien el Señor llamó de en medio de su pueblo, para devolverlo como pastor capaz de proteger toda vida, lo que determina en cierta medida el escenario a donde debemos apuntar”.

Francisco luego recordó que mañana estará en “Nagasaki e Hiroshima donde rezaré por

las víctimas del bombardeo catastrófico de estas dos ciudades, y me haré eco de vuestros propios llamados proféticos al desarme nuclear. Deseo encontrar a aquellos que aún sufren las heridas de este trágico episodio de la historia humana, así como a las víctimas del “triple desastre”. Su sufrimiento continuado es un recordatorio elocuente a nuestro deber humano y cristiano de ayudar a los que sufren en el cuerpo y en el espíritu, y de ofrecer a todos el mensaje evangélico de esperanza, curación y reconciliación. El mal no hace acepción de personas y no pregunta sobre pertenencias; simplemente irrumpe con su vehemencia destructora, como ha sucedido recientemente con el devastador tifón que ha provocado tantas víctimas y daños materiales. Encomendemos a la misericordia del Señor a los

que han muerto, a sus familiares, y a todos los que han perdido sus casas y bienes materiales”.

Hablando luego de los males que afligen a la sociedad japonesa, Francisco dijo: “ El aumento del número de suicidios en vuestras ciudades, así como el “bulismo” (ijime), y diversas formas de auto exigencia, están creando nuevos tipos de alienación y desorientación espiritual. ¡Cómo afecta esto especialmente a los jóvenes! Los invito a que les presten especial atención a ellos y a sus necesidades, busquen priorizar espacios donde la cultura de la eficacia, el rendimiento y el éxito se vea visitada por la cultura de un amor gratuito y desinteresado capaz de brindar a todos, y no sólo a los que “llegaron”, posibilidades de una vida feliz y lograda”

“Sé- concluyó- que la mies es mucha y los obreros pocos, por eso los estímulos a buscar, desarrollar y

fomentar una misión capaz de involucrar a las familias y a promover una formación capaz de alcanzar a las personas allí donde éstas se encuentren, asumiendo siempre la realidad: el punto de partida para

todo apostolado nace del lugar donde las personas están en sus rutinas y quehaceres. Allí, tenemos que llegar al alma de las ciudades, de los trabajos, de las universidades para acompañar con el Evangelio de la compasión y la misericordia a los fieles que nos fueron confiados”. (FP)

 

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