15/08/2014, 00.00
COREA - VATICANO -JAJ
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Papa: a los jóvenes de Asia, Recen por la reunificación de Corea, Dios no se cansa jamás de perdonar

En el santuario de Solmoe, lugar de nacimiento del primer sacerdote coreano, Francisco encuentra por primera vez a los jóvenes llegados de todo el continente para la Jornada asiática de la Juventud (JAJ). Un larga reflexión sin leer (también en inglés) sobre la vocación de los jóvenes, sobre la reunificación de Corea, sobre la confusión y sobre la explotación. A los jóvenes el Papa ofrece tres "reglas de vida" para ser auténticos testigos del Evangelio: "tengan confianza en la fuerza que Cristo les dona, recen todos los días y háganse guiar por la verdad". El calor de los jóvenes asiáticos "nos hace percibir la gloria de Jesús y la potencia del Espíritu Santo". Un muchacho de Hong Kong: ¿Qué podemos hacer para mostrar también a China el amor de Cristo?".

Solmoe (AsiaNews)- La pobreza espiritual de tantos jóvenes que nos están cerca, los sucesos aparentes obtenidos con el atropello y la injusticia, los falsos mitos de un sociedad siempre más corrupta. Son estos los enemigos de los cuales el Papa Francisco quiere alejar a los jóvenes de Asia, delineados durante su primer encuentro con los jóvenes del continente, reunidos en Daejeón para la Jornada asiática de la Juventud (JAJ). Después de la gran misa de la Asunción celebrada delante de todo el pueblo de fieles del lugar, Francisco se concentra en los jóvenes y para hacerlo elige el santuario de Solmoe. Donde se abandona en una larguísima digresión hablando libremente, sin leer, también en inglés, a mitad del discurso oficial.

Este lugar, sugestivo e imponente, es uno de los más amados por toda Corea. Aquí nació el primer sacerdote coreano, S. Andrés Kim Taegon, y en esta diócesis (Daejeón) han encontrado el martirio tantos católicos coreanos. Sin embargo, el clima de hoy es de fiesta: después del saludo del obispo, mons. Lazzaro You Heung-sik, u grupo de jóvenes indonesios se exhibe en un espectáculo tradicional, aclamados por miles de jóvenes presentes. El Papa mira sonriendo toda la escena.

Después es el turno de los testimonios. El primero es el de Leap Lakaraksmey, de Camboya, que invita al Papa a su País para "hacer entrar en el número de los santos a nuestros mártires camboyanos"; luego le toca a un joven de Hong Kong, Juan, que al Papa le pone tres preguntas:"¿Qué debemos hacer nosotros juntos con aquellos hermanos y hermanas que están en China continental para hacer ver continuamente y pacíficamente el amor de Dios para todos los chinos? La segunda es que muchos jóvenes de Hong Kong quieren que se realice la Jornada Mundial de los Jóvenes  en Hong Kong. Para que se realice este deseo, ¿qué debemos saber y qué debemos preparar? La tercera es: ¿Qué pensamiento tiene sobre los católicos chinos dispersos por el mundo? ¿Cuál es nuestra misión particular?". Al final es la vez de una joven coreana, Marina Park Giseon, que elige hablar de "la confusión de valores" de la sociedad en la cual vive, y pide a Francisco "cómo ve la situación en Corea el Norte. A los tres, en su discurso, el Papa reserva un momento: "He escuchado atentamente sus testimonios, y los llevo en mi alma".

Inmediatamente después, traducido frase tras frase en coreano, Francisco habla a los presentes en inglés, antes de saludarlos para volver a Seúl: "Queridos jóvenes de Asia, es realmente bello para nosotros estar aquí, junto a este Santuario de los Mártires Coreanos, en los cuales la gloria del señor se reveló en la aurora de la vida de la Iglesia en este País. En esta vasta asamblea, que recibe juntos jóvenes cristianos de toda Asia, podemos en un cierto modo percibir la gloria de Jesús presente en medio de nosotros, presente en su Iglesia que abraza cada nación, lengua y pueblo, presente en la potencia de su Santo espíritu que hace nuevas, jóvenes a todas las cosas". 

"Hoy- dice el Papa comentando el tema de la Jornada: "La gloria de los mártires resplandece sobre ustedes"- Cristo golpea a la puerta de vuestro corazón. Los llama para que se levanten, para estar de pie y atentos, para ver las cosas que realmente cuentan en la vida. Y aún más, Él les pide que vayan por las calles de este mundo a golpear a la puerta de los corazones de los otros, invitándolos a recibirlo en sus vidas". Ustedes, jóvenes de todo el continente, "quieren ocuparse en edificar un mundo en el cual todos vivan juntos en paz y amistad, superando las barreras, recomponiendo las divisiones, rechazando la violencia y el prejuicio. Y esto es exactamente lo que Dios quiere de nosotros. La Iglesia es semilla de unidad para la entera familia humana. En Cristo todas las naciones y los pueblos son llamados a ser unidad que no destruye la diversidad sino que la reconoce, la reconcilia y enriquece".

A este punto, el Papa improvisa y decide inserir en su discurso las respuestas a los muchachos: "Un amigo mío dijo "Tienes que hablar a los jóvenes sin demasiados papeles. Debes hablar espontáneamente". Pero no puedo, tengo dificultad, mi inglés es pésimo. Pero si quieren probaré decir cosas espontáneas. ¿Puedo? ¿Sí? Pero lo haré en italiano. He sentido muy fuertemente lo que dijo Marina. Su conflicto en la vida, como obrar. Si irse como vida consagrada o estudiar para tener más habilidades para ayudar a los otros. Esto es un conflicto aparente, porque cuando el Señor llama, llama siempre para hacer el bien a los otros. Ya sea en la vida religiosa, consagrada, como en la laical: la finalidad es la misma: adorar a Dios y hacer el bien a los otros. Y ¿qué debe hacer Marina y tantos otros como ustedes? También yo me lo pregunté. Pero tú no debes elegir, Jesús la elige. Tú debes escucharlo y pedirle a Él: Señor. ¿Qué debo hacer?". "Es esta la plegaria que un joven debe hacer: ¿Señor, qué quieres Tú de mí? Con la oración y el consejo de los verdaderos amigos, laicos, sacerdotes, monjas, obispos, también el Papa puede dar un buen consejo....Encontrar el camino que el Señor quiere para mí".

El Papa pide a su intérprete coreano que le traduzca la oración y que le haga repetir a los jóvenes presentes. "Estoy seguro que el señor los escuchará, ¡también a ti Marina! Gracias por tu testimonio. Luego habla del testimonio de May, la joven camboyana: "No has dicho con dolor que en tu tierra no hay santos. Pero los hay seguramente, ¡sólo que la Iglesia no los ha reconocido! Pero cuando vuelva a casa, te prometo que hablaré se estas cosas con el encargado, que se llama Angelo, y le pediré a él que haga una investigación para llevar adelante esta cosa, Gracias". La referencia es para el cardenal Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

"Llegamos ahora a Marina, quien hizo dos reflexiones sobre la felicidad. Nos ha dicho que la felicidad no se compra, que lo que se compra no dura. Pasemos a la felicidad del amor, que dura. El camino del amor es simple: amar a Dios y amor al prójimo. Si no hay odio en el corazón, así es como entendemos el amor. Una cosa segura". Luego Marina ha hecho una pregunta dolorosa, la división entre los hermanos de las dos Coreas:. "¿Hay dos Coreas? No, es una familia dividida. Y en este dolor, ¿cómo ayudar a esta familia a reunirse? Dos cosas: En primer lugar, un consejo, y luego una esperanza. En primer lugar el consejo: orar, Oremos por nuestros hermanos del Norte, "Señor, somos una familia. Ayúdanos a la unidad, que no haya ganadores ni perdedores, sólo una familia. Que seamos hermanos". Ahora los invito a orar juntos, en silencio, por la unidad de las dos Coreas". Ahora la esperanza: "Hay muchas, pero sólo una es hermosa. Corea es una familia, hablan el mismo idioma, son hermanos que hablan el mismo idioma Cuando los hermanos de José van a Egipto para comprar comida, querían alimentos y han encontrado a un hermano. José se ha dado cuenta que hablan su mismo idioma. Piensen en sus hermanos del Norte: hablan el mismo idioma, y cuando se habla la misma lengua, hay también una esperanza humana ".

Recientemente, retoma el Papa, "hemo vimos una cosa agradable: el boceto del hijo pródigo. El se había ido, había perdido el dinero, traicionado a su padre. Pero lo necesita', en un momento dado, decidió regresar. Y ha pensado cómo pedir perdón al padre... Pero el Evangelio nos dice que su padre lo vio de lejos, y esto se debe a que salía diariamente a la terraza para ver si la regresaba el hijo. Lo abraza, no le permitió ni siquiera hablar, ni siquiera piden perdón. Ha hecho una fiesta, y ¡esta es la fiesta que agrada a Dios! Cuando llegamos a casa, cuando volvamos a Él. ¡Incluso cuando somos pecadores! Jesús nos dice que en el cielo vamos a hacer "más" fiesta por un solo pecador que vuelve que por ciento justos que se quedan en casa".

Ninguno de nosotros, dice Francisco, "sabe lo que puede esperar en la vida. Pero, por favor, ¡no se desesperen! ¡Siempre hay el Padre que nos espera! Volver a casa, donde me espera el Padre. Y si soy un pecador, hará una gran fiesta. Y vosotros sacerdotes: ¡abrazad a los pecadores y sed misericordiosos!". Después de un gran aplauso de los jóvenes, el Papa añade: "Dios nunca se cansa nunca de esperarnos". "Habíamos - dice Francesco finalmente volviendo al Inglés - preparado 3 consejos para que vosotros. Pero ahora es el momento que me vaya... los espero para la misa del domingo, a todos vosotros". Antes de partir, entre el aplauso de los jóvenes presentes, Francisco se acerca al conjunto de los chicos de la Virgen y les desea estar "acompañados en el Cielo por San Juan Pablo II, fundador de las Jornadas Mundiales de la Juventud." (VFP)

 

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