25/12/2019, 13.16
VATICANO
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Papa: hay tinieblas en los corazones humanos, pero la luz de Cristo es más grande

Desde la logia central de la Basílica de San Pedro, el Papa Francisco proclama su Mensaje Navideño e imparte la bendición Urbi et orbi (a la ciudad de Roma y al mundo). Oración y participación de la iglesia en las situaciones que requieren una atención particular: el Oriente Medio (Siria, Líbano, Tierra Santa, Irak, Yemen); África (en particular, la República Democrática del Congo, y también Burkina Faso, Malí, Niger y Nigeria); América (y especialmente, Venezuela). No hubo ninguna mención de países asiáticos como la India, Pakistán, Tailandia, Vietnam, China, Japón, Corea. Mensaje especial conjunto, pronunciado con Justin Welby y John Chalmers, dirigido a los líderes políticos de Sudán del Sur: “Todos estamos llamados a dar esperanza al mundo, anunciando con las palabras pero sobre todo con el testimonio de nuestra vida que Jesús, nuestra paz, ha nacido”.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) – “Sí, hay tinieblas en los corazones humanos, pero más grande es la luz de Cristo. Hay tinieblas en las relaciones personales, familiares, sociales, pero más grande es la luz de Cristo. Hay tinieblas en los conflictos económicos, geopolíticos y ecológicos, pero más grande es la luz de Cristo”. Así se expresó el Papa Francisco durante el anuncio de la Navidad en su Mensaje y en la bendición Urbi et Orbi (a la ciudad de Roma y al mundo) proclamados solemnemente desde la logia central de la Basílica de San Pedro. 

Frente a decenas de miles de fieles y peregrinos de todas partes del mundo, el pontífice expresó la participación suya y de la Iglesia en situaciones que necesitan de una particular atención, apoyo y esperanza. En el Mensaje del día de hoy, él aludió a la región del Oriente Medio (Siria, Líbano, Tierra Santa, Irak, Yemen). 

“Cristo  – dijo - sea luz para tantos niños que sufren la guerra y los conflictos en Oriente Medio y en diversos países del mundo. Que sea consuelo para el amado pueblo sirio, que todavía no ve el final de las hostilidades que han desgarrado el país en este decenio. Que remueva las conciencias de los hombres  de buena voluntad. Que inspire a los gobernantes y a la comunidad internacional para encontrar soluciones que garanticen la seguridad y la convivencia pacífica de los pueblos de la región y ponga fin a sus sufrimientos. Que sea apoyo para el pueblo libanés, de este modo pueda salir de la crisis  actual y descubra nuevamente su vocación de ser un mensaje de libertad y de armoniosa coexistencia para todos”.

“Que el Señor Jesús sea luz para la Tierra Santa donde Él nació, Salvador del mundo, y donde continúa la espera de tantos que, incluso en la fatiga, pero sin desesperarse, aguardan días de paz, de seguridad y de prosperidad. Que sea consolación para Irak, atravesado por tensiones sociales, y para Yemen, probado por una grave crisis humanitaria. Pienso en los niños de Yemen”. 

Luego se refirió al continente americano, “donde diversas  naciones están pasando un período de agitaciones sociales  y políticas” y aludió, en particular, a Venezuela: “Que reanime al querido pueblo venezolano, probado largamente por tensiones políticas y sociales, y no le haga faltar el auxilio que necesita. Que bendiga los esfuerzos de cuantos se están prodigando para favorecer la justicia y la reconciliación, y se desvelan para superar las diversas crisis y las numerosas formas de pobreza que ofenden la dignidad de cada persona”.

Luego de manifestar esperanza respecto a la situación que rige en Ucrania, “que aspira a soluciones concretas para alcanzar una paz duradera”, Francisco se dirigió al África, y de un modo particular a la República Democrática del Congo, mencionando asimismo a Burkina Faso, Mali, Niger y Nigeria: “Que  el Señor recién nacido sea luz para los pueblos de África, donde perduran situaciones sociales y políticas que a menudo obligan a las personas a emigrar, privándolas de una casa y de una familia. Que haya paz para la población que vive en las regiones orientales de la República Democrática del Congo, martirizada por conflictos persistentes. Que sea consuelo para cuantos son perseguidos a causa de su fe, especialmente los misioneros y los fieles secuestrados, y para cuantos caen víctimas de ataques por parte de grupos extremistas, sobre todo en Burkina Faso, Malí, Níger y Nigeria”.

En el Mensaje no hay ninguna mención explícita de los países del Sur de Asia como la India o Pakistán, y tampoco se alude a los del Sudeste asiático, como Myanmar o Tailandia, visitada recientemente, o a los del Extremo Oriente como China, Corea o Japón. 

Tampoco se hace referencia al Sudán del Sur, pese a que a primera hora de la mañana, la Oficina de Prensa de la Santa Sede dio a conocer un mensaje conjunto de Papa y del arzobispo de Canterbury, Justin Welby, y del ex Moderador de la Iglesia Presbiteriana de Escocia,  John Chalmers. Junto con los buenos deseos por la Navidad, se solicita a los líderes políticos sursudaneses “un renovado esfuerzo en el camino de reconciliación y fraternidad”, para que se vuelva posible “nuestra anhelada visita a este querido país”. Hace tiempo que el Papa Francisco, el arzobispo Welby y el Rev. Chalmers trabajan para restablecer la paz en el conflicto y en las tensiones del Sudán del Sur. En el pasado mes de noviembre, durante un encuentro con Welby, él había reiterado su deseo de visitar juntos el país

En el Mensaje navideño de hoy, Francisco pide al “Hijo de Dios, que bajó del Cielo a la Tierra”, que sea “defensa y apoyo” para cuantos “deben emigrar con la esperanza de un vida segura”. “La injusticia – continuó -  los obliga a atravesar desiertos y mares, transformados en cementerios. La injusticia los fuerza a sufrir abusos indecibles, esclavitudes de todo tipo y torturas en campos de detención inhumanos. La injusticia les niega  lugares donde podrían tener la esperanza de una vida digna y les hace encontrar muros de indiferencia”.

El Papa concluyó su mensaje con un oración y un llamamiento global al compromiso y a la solidaridad: "Que  el Emmanuel sea luz para toda la humanidad herida. Que ablande nuestro corazón, a menudo endurecido y egoísta, y nos haga instrumentos de su amor. Que, a través de nuestros pobres rostros, regale su sonrisa a los niños de todo el mundo, especialmente a los abandonados y a los que han sufrido a causa de la violencia. Que, a través de nuestros brazos débiles, vista a los pobres que no tienen con qué cubrirse, dé el pan a los hambrientos, cure a los enfermos. Que, por nuestra frágil compañía, esté cerca de las personas ancianas y solas, de los emigrantes y de los marginados. Que, en este día de fiesta, conceda su ternura a todos, e ilumine las tinieblas de este mundo”.

Al saludar a los fieles, luego del Ángelus y de la bendición, reiteró: “Todos estamos llamados a dar esperanza al mundo, anunciando con las palabras, pero sobre todo con el testimonio de nuestra vida, que Jesús, nuestra paz, ha nacido”. 

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