05/10/2017, 14.57
VATICANO
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Papa: un pueblo “sin raíces o que deja perder sus raíces, es un pueblo enfermo”

“El hombre y la mujer que encuentras sus propias raíces, que son fieles a la propia pertenencia, son un hombre y una mujer alegres, llenos de alegría y esta alegría es su fuerza”. La “nostalgia de los emigrantes”, aquellos que “están lejos de la Patria y quieren volver”.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews)- Un pueblo “sin raíces o que deja perder sus raíces es un pueblo enfermo”. “Una persona sin raíces, que ha olvidado sus propias raíces, está enferma”, se condena “al auto-exilio psicológico: hace tanto daño”. Lo dijo el Papa Francisco durante la misa celebrada esta mañana en la casa s. Marta comentando la Primera Lectura de hoy extraída del Libro de Nehemías. Allí de describe “una gran asamblea litúrgica”: es el pueblo reunido junto a la Puerta de las Aguas, en Jerusalén. Era el fin de una historia que duró más de 70 años, la deportación a Babilonia y por lo tanto una historia de llanto para el pueblo de Dios.

Después de la caída del imperio babilónico obra de los persas, el rey persa Artajerjes viendo a Nehemías, su copero, triste mientras le servía el vino, comenzó a dialogar con él. Nehemías expresó el deseo de volver a Jerusalén y “lloraba”: “tenía nostalgia de su ciudad”.

Luego el Papa, recordó el Salmo que dice: “A lo largo de los ríos de babilonia nos sentábamos a llorar”. No podíamos cantar, las cítaras estaban colgadas sobre los sauces pero no querían olvidar. Es la nostalgia de los emigrantes”, aquellos que “están lejos de la Patria y quieren volver”. Francisco a tal propósito recordó, el coro que en Génova durante su viaje apostólico, al terminar la misa le cantó: “Ma se ghe pensó” (“Pero, si pienso”), “como recordando a todos los emigrantes que querían estar allí, en la misa del Papa, pero estaban lejos”.

Nehemías, por  lo tanto, se prepara para volver y reportar al pueblo a Jerusalén. Se trataba de “un viaje difícil” porque “debía convencer tanta gente” y llevar las cosas para reconstruir la ciudad, los muros, el Templo, “pero sobre todo era un viaje para re-encontrar las raíces del pueblo”. Después de tantos años, las raíces “se habían debilitado”, pero no se habían perdido. Retomar las raíces “significa retomar la pertenencia a un pueblo”, dijo el Papa. “Sin las raíces no se puede vivir: un pueblo sin raíces o que deja que se le pierdan las raíces, es un pueblo enfermo”. “Una persona sin raíces, que ha olvidado sus propias raíces, está enferma. Reencontrar las propias raíces y retomar las fuerzas para ir adelante, la fuerza para dar fruto y como dice el poeta, ‘la fuerza para florecer porque-dice- aquel del árbol tiene de florecido es porque estaba enterrado’. Justamente aquella relación entre la raíz y el bien que nosotros podemos hacer”.

Pero, en este camino-agregó Francisco- hay “tantas resistencias”… “no se puede”, “hay dificultades”. “Las resistencias son de aquellos que prefieren el exilio y cuando no hay exilio físico, el exilio psicológico: el auto-exilio de la comunidad, de la sociedad, aquellos que prefieren ser un pueblo erradicado, sin raíces. Debemos pensar en esta enfermedad del auto-exilio psicológico: hace tanto daño. Nos quita las raíces. Nos quita la pertenencia”.

Pero, el pueblo va adelante y llega al día en el cual la reconstrucción es hecha por el pueblo, entonces, se reúne para “restaurar las raíces”, o sea para escuchar la Palabra de Dios, que el escriba Esdras leía. Y el pueblo lloraba, pero esta vez no era el llanto de Babilonia: “era el llanto de la alegría, del encuentro con las propias raíces, el encuentro con su propia pertenencia”. Terminada la lectura, Nehemías los invita a festejar. Se trata de la alegría de quien ha encontrado sus propias raíces, que son fieles a la propia pertenencia, son un hombre y una mujer alegres, de alegría y esta alegría es su fuerza. Del llanto a la tristeza; del llanto de debilidad por estar lejos de las raíces, lejos de su pueblo, al llanto de pertenencia: “Estoy en casa”. “Estoy en casa”.

Después, el Papa invitó a leer el cap. 8° de Nehemías del cual se sacó la Primera Lectura de hoy. Y a preguntarse si no se deja “caer el recuerdo del Señor”, si se inicia un camino para encontrar las propias raíces o más que prefiera el auto-exilio psicológico, cerrados en sí mismos. Y, al final, Francisco sostuvo que si se tiene “miedo de llorar”, tendrá también “miedo de reirse”, porque, en cambio, cuando se llora de tristeza, después se llorará de alegría. Por lo tanto, es necesario pedir la gracia del “llanto arrepentido”, “triste por nuestros pecados”, pero también del llanto de la alegría porque el Señor “nos ha perdonado y ha hecho en nuestra vida lo que hizo con su pueblo”. En concreto, la gracia de ponerse en camino para encontrarse con las propias raíces.

 

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