28/03/2019, 17.33
PAKISTÁN
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Peter Jacob: Las escuelas de Pakistán están impregnadas de odio. La lista de los asesinatos

de Peter Jacob

El último episodio de violencia fue el homicidio de un profesor de inglés, acusado de blasfemia por haber organizado una fiesta mixta con mujeres y varones. El director ejecutivo del Centro para la Justicia Social presenta los nombres de los docentes que pagaron caro –con su vida o con el exilio- su deseo de “dar rienda suelta a su creatividad educativa”. 

Lahore (AsiaNews) – El sistema educativo de Pakistán está “impregnado de odio”. Es lo que afirma Peter Jacob, el director ejecutivo del Centro para la Justicia Social (CSJ) de Lahore y ex secretario ejecutivo de la Comisión Nacional Justicia y Paz, que depende de la Conferencia Episcopal pakistaní.  Él parte del último, trágico, episodio de violencia sucedido en una escuela del país, donde un profesor de inglés fue acuchillado a muerte por un alumno que lo acusaba de blasfemia, por haber organizado una fiesta mixta, para varones y mujeres. Jacob recorre una extensísima lista de homicidios cometidos en los corredores de los centros educativos, cuyo blanco han sido aquellos que expresan ideas liberales. Lo más impactante de todo reside en un detalle: la violencia fue perpetrada fundamentalmente contra miembros del cuerpo docente. Este es un signo, según subraya el intelectual católico, de aquella “propaganda del odio” que en las jóvenes mentes halla un terreno fértil, y que se propaga a través de “libros de texto llenos de prejuicios religiosos y de discriminación”. A continuación, brindamos su comentario (traducción al español realizada por AsiaNews).

 

El 20 de marzo pasado, Khalid Hameed, profesor de la Sadiq Egerton College de Bahawalpur, fue acuchillado a muerte por uno de sus alumnos, Khateeb Hussain, quien sospechaba de las referencias religiosas de su docente. Luego del hecho –mientras se encontraba bajo custodia de los agentes del 1122, que vendaron sus manos, heridas durante el ataque- el estudiante declaró que su acto era justificado.

Este homicidio a sangre fría refleja la mentalidad que impera en nuestra sociedad, que se casa con la intolerancia extrema hacia cualquier cosa que sea vista como una digresión de la interpretación específica de la conducta religiosa [considerada] apropiada. Desafortunadamente, esta tendencia ha prevalecido en los últimos 30 años y se ha visto reforzada después de cada incidente de este tipo.

Existe una larga lista de docentes que han afrontado consecuencias similares a [las que sufrió] Khalid –y muchos educadores continúan arriesgando su vida, la libertad y el bienestar, mientras llevan adelante sus responsabilidades como profesionales. Basta con observar algunos incidentes para entender la gravedad de este problema.

En 1992, Naimat Ahmer, un poeta ganador del premio Adamjee y docente en Faisalabad, olfateó que estaba en peligro cuando se hizo circular una nota escrita a mano, en la que se malinterpretaba una frase pronunciada por él durante una lección. [A raíz de esto] pidió a la escuela ser transferido. De todos modos, él fue asesinado por un estudiante suyo que había sufrido un lavado de cerebro, por el influjo de un colega, celoso de que Ahmer hubiera obtenido una promoción como rector.

En 1993, el Prof. Itrat Kazmi fue encarcelado en Rahim Yar Khan tras ser acusado de blasfemia en base a la sección 295-C del Código Penal pakistaní. El mismo año, el Prof. Allah Bux, de Shujaabad, fue acusado de blasfemia tras haber intentado interpretar un versículo del Corán presente en el libro de texto, algo que no agradó a uno de sus alumnos. Bux pudo salvarse de permanecer detenido y de ser procesado gracias a sus fuertes lazos con un partido político-religioso, pero aún así, tuvo que permanecer oculto durante varios meses.  

Algunas docentes también fueron inculpadas de blasfemia mientras dictaban clases. Entre ellas, Catherine Shaheen y Bushra Taseer, en 1995 y 1996 respectivamente. La primera fue constreñida a abandonar el país junto a su familia para evitar circunstancias mucho peores que transferirse a otro instituto.

Zahid Hussain Mirza, ex rector del Government Degree College de Azad, en Jammu y Cachemira, fue inculpado de presuntos insultos hacia el Corán, ateniéndose a la segunda Sección  295-B del Código Penal pakistaní. Fue mantenido en prisión durante varios años. Había escrito un libro que los seguidores de otra secta consideraban blasfemo, si bien el libro llegó incluso a obtener la admiración del imán de Kaaba. Aparentemente, la policía tuvo que registrar la denuncia para así salvarle la vida de una multitud enfurecida que se había reunido en los alrededores de su casa en el 2000.

En 2010, el Dr. Farooq Khan, un clérigo islámico y vicerrector fundador de la Swat University, fue asesinado en su clínica de Mardan por su valiente oposición a la violencia en nombre de la religión. En el 2012, el maestro Abdul Qudoos Ahmad fue asesinado en Rabwa.

Junaid Hafeez, profesor universitario en Multan, ha estado encarcelado desde el 2013 por cargos de blasfemia. En el 2014, su abogado, Rashid Rehman, fue asesinado por patrocinar el caso. En el 2014 el Prof. Shakeel Auj, de la Universidad de Karachi, fue asesinado mientras viajaba en su automóvil. Aunque queda por determinar la responsabilidad, se sabe que un colega celoso había acusado falsamente a Auj de blasfemia antes de que lo mataran.

En 2015, la Dra. Bernadette Dean, educadora experta y miembro del comité asesor designado por el gobierno para la reforma de los planes de estudio y textos, tuvo que abandonar el país, temiendo por su vida, luego de recibir llamadas telefónicas amenazantes y afrontar la propaganda del odio.

Muchos estudiantes también han sido víctimas del ambiente intolerante en nuestras instituciones educativas. En 2017, el linchamiento de Mashal Khan en la Universidad Abdul Wali Khan de Mardan por parte de estudiantes y empleados de la facultad es un ejemplo de cuan hostiles pueden tornarse las cosas para cualquier estudiante que quiera ejercer la libertad en sus estudios.

En el 2018, Faheem, un estudiante de la clase 12, le disparó a Hafiz Sareer Ahmed, su director, en Shabqadar, [en la provincia de] Khyber Pakhtunkhwa, porque éste le había dado una reprimenda por haber faltado a clases para asistir a una manifestación en Islamabad.

Estos casos, y muchos otros similares, apenas han obtenido justicia, lo que termina perpetuando un clima de temor e intimidación en los "centros de formación" de nuestro país. Algunos miembros del mundo académico, alineados con las infraestructuras de odio e intolerancia en la sociedad, conspiran activamente contra aquellos profesores y maestros que se atreven a poner en práctica su creatividad y libertad académica.

Los prejuicios religiosos y la discriminación acumulados en nuestros libros de texto y en el sistema educativo contribuyen en gran medida a fomentar el comportamiento violento entre los estudiantes. Ahora aquellos que toman las decisiones en el sistema educativo, que han fallado al responder a esta situación alarmante, deben abandonar la modalidad de "negación".

Los gobiernos provinciales y federales están pensando en una nueva política educativa. La política debe incluir medidas y pasos para ayudar a nuestros jóvenes y maestros a mantenerse a salvo y alejados del sofocante odio actual, basado en la religión, que rige en nuestros campus.

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