05/11/2018, 15.21
IRÁN-ESTADOS UNIDOS
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Rouhani desafía a Trump: venderemos petróleo, a pesar de las sanciones. Los iraníes toman las calles

A partir del día de hoy, 700 personas, entes y sociedades serán incorporadas a la “lista negra” de Washington. La República islámica corre el peligro de quedar aislada del sistema financiero global. Los ciudadanos se vuelcan a las calles vociferando cantos de “Muerte a América”. La crisis económica y el enfrentamiento en el seno del poder. El presidente, bajo la mira de reformistas y ultraconservadores.   

Teherán (AsiaNews) - El presidente iraní Hassan Rouhani desafía a los Estados Unidos y asegura que continuará “vendiendo petróleo”, a pesar de la entrada en vigor –a partir del día de hoy- del segundo bloque de sanciones, que apunta a “aniquilar” el comercio del petróleo crudo de Teherán. “Quebrantaremos con orgullo estas sanciones ilegales e injustas, contrarias al derecho internacional”, subrayó esta mañana el líder de la República islámica.

A partir de hoy, 700 personas, sociedades, naves y medios aéreos pasarán a formar parte de la “lista negra” de Washington: en la nómina figuran algunos de los bancos iraníes más importantes, además de exportadores de petróleo y compañías del rubro naviero.  Como si esto fuera poco, el operador que tramita los pagos internacionales a través de la red Swift –con casa matriz en Bruselas- ha decidido cortar todas las relaciones con Teherán, cuyo efecto arriesgaría dejarla completamente aislada del sistema financiero global.  

En el mes de mayo, la Casa Blanca ordenó el retiro del acuerdo nuclear (el JCPOA) que anteriormente promoviera el ex mandatario, Barack Obama, introduciendo las sanciones más duras de la historia contra Teherán. Una decisión que ha provocado una caída significativa de la economía iraní –confirmada por estudios del Fondo Monetario Internacional (FMI)- y un derrumbe en las ventas del petróleo, objetivo al que apunta el segundo bloque de sanciones, que ayer entró en vigor.

La administración Trump ha concedido a ocho naciones –sin mencionar cuáles son- una exención parcial, permitiéndoles la posibilidad de continuar importando petróleo iraní. Ciertos rumores señalan que estas naciones serían Italia, India, Japón, Corea del Sur, Turquía y China. Hace algunas semanas, Europa desempolvó una norma de larga data, que utilizaría para “esquivar” las sanciones, pero aún sigue habiendo dudas respecto a su real eficacia.

En las últimas horas, miles de personas se han volcado a las calles de Irán, entonando consignas y cantos, entre ellos “muerte a América”, rechazando cualquier hipótesis de entablar tratativas con el emisor de las sanciones. En estos días el clima del país arriesga enardecerse aún más, puesto que se está conmemorando el asedio a la embajada, ocurrido el 4 de noviembre de 1979, uno de los acontecimientos que derivó en la crisis entre EEUU e Irán y que culminó con la interrupción de las relaciones diplomáticas entre los dos países.

Las manifestaciones masivas de ayer, para recordar el evento mencionado, fueron la ocasión para protestar contra la introducción de las nuevas sanciones. Los medios iraníes informaron –no hay confirmaciones independientes al respecto- que millones de personas, en varias metrópolis y ciudades, inundaron las calles para renovar su respaldo al gran ayatolá  Ali Khamenei.

Según ciertos analistas y expertos, este segundo tramo de sanciones –a sólo tres meses del primero- está destinado a detonar un “cambio de conducta” en la República islámica, en particular en lo que concierne al programa nuclear y de misiles balísticos. Lo cierto es que las primera “víctimas” de estas medidas punitivas seguirán siendo los mismos ciudadanos iraníes, afectados por la “hiperinflación”, la devaluación de la moneda local, una drástica subida de precios y una creciente desocupación. Entre la población civil se propaga el sentimiento de “injusticia”, al verse obligada a padecer las consecuencias de un enfrentamiento entre gobiernos.

La situación no sólo afecta a los pobres: incluso en la clase media y, en algunos casos, entre las élites, cunde la sensación de un futuro paralizado y de estar sufriendo una injusticia. Pero hasta ahora, de poco han servido las movilizaciones masivas en las calles, que, en la mayoría de los casos, fueron reprimidas con fuerza por la cúpula de gobierno de Teherán. Hoy en día, la prioridad ya no son los derechos y las libertades civiles, sino la política económica y los programas de desarrollo para un país que parece haberse detenido, luego de varios años de crecimiento (en parte, gracias a la cancelación de las sanciones, impulsada por Obama).

Quien paga la situación de crisis es el presidente Rouhani, que a pesar de los intentos de aportar tranquilidad y de la reestructuración de su equipo de gobierno, parece haber perdido la credibilidad y la confianza de la población. En efecto, para los reformistas él no habría logrado el objetivo de instaurar un cambio en el país; muy por el contrario, para los radicales y ultraconservadores –los que más se benefician de esta situación- él se habría doblegado a entablar acuerdos con el “gran Satanás”, que luego revelaron ser un fracaso para la República islámica.  

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