19/11/2018, 11.07
CHINA-VATICANO
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Sacerdote chino: para la Iglesia china, nada ha cambiado después del acuerdo

de Zaoxu (凿虚者)

Si bien hay algunos elementos positivos –pero formales- el acuerdo parece ser una victoria de China, que conserva el poder de redactar la lista de candidatos al episcopado. Los obispos a los que se les levantó la excomunión se comportan igual que “cuando eran ilegítimos”. Un verdadero paso adelante sería el reconocimiento de obispos subterráneos y la constitución de una verdadera Conferencia episcopal que abarque pastores oficiales y no oficiales. 

Beijing (AsiaNews) – No hay ningún cambio visible en la Iglesia china tras el acuerdo entre Beijing y la Santa Sede. Es cuanto escribe este sacerdote (oficial) oriundo de China central al dirigirse a AsiaNews. Según el P. Zaoxu, China “ha obtenido lo que deseaba”: mantener en sus manos la lista de nombres de candidatos al episcopado. Y los siete obispos reconciliados “no muestran tener principios distintos de cuando eran ilegítimos”. Hay, por cierto, algunos elementos positivos, pero un cambio verdadero sólo podrá obtenerse si los obispos actualmente clandestinos pueden unirse a los obispos oficiales en una auténtica Conferencia episcopal china. Es por eso que el sacerdote que escribe espera que a futuro, este tema –el reconocimiento de obispos subterráneos- sea afrontado cuanto antes en los futuros diálogos sino-vaticanos. El P. Zaoxu luego establece una curiosa comparación entre los diálogos comerciales entre China y Estados Unidos y aquellos entre China y la Santa Sede.

 

No se sabe a ciencia cierta cuán significativas puedan ser las funciones del Acuerdo provisorio. Comparando el antes y el después del Acuerdo, a simple vista, en la Iglesia china no hay ningún cambio visible. Hay quienes creen que, una vez firmado el acuerdo entre China y el Vaticano, se debe esperar algún mejoramiento o agravamiento de la situación: el tiempo pertenece al Señor, y los resultados también están en Sus manos. Otros piensan que lo importante no es que el Acuerdo sea bueno o no,  sino que cada uno debe abocarse de la mejor manera posible al servicio a los fieles y a la formación de las comunidades parroquiales. Otros siguen considerando que el Acuerdo  fue firmado por el Papa Francisco para que la Iglesia china pueda realmente retomar el camino de la comunión, subrayando su carácter “pastoral”. El Acuerdo ha puesto fin a un período de varias décadas, marcado por la situación de ilegalidad de la Iglesia en China. Luego de la firma del acuerdo, ya no habrá más obispos ilegítimos. Además, por primera vez, la autoridad de gobierno del Santo Padre en relación a la Iglesia China ha obtenido el reconocimiento de parte de un gobierno ateo: algunos subrayan que no podemos admitir que esto sea un gran progreso.

Con el Acuerdo, el gobierno chino ha obtenido lo que deseaba, a saber, mantener en la Iglesia china el poder de proponer al Papa la lista de nombres de candidatos episcopales. Por otro lado, el tan anhelado pedido de legitimar a los siete obispos [excomulgados] fue acogido por el Santo Padre, que ha legitimado a todos. Ello ha resuelto la pena que estos obispos sentían en su conciencia desde hace largo tiempo, además de haber puesto fin a la embarazosa situación en que se hallaba la fe en la Iglesia china.

He sentido decir que después del Acuerdo, se seguirá tratando el problema de la comunión de los obispos no oficiales. La Conferencia de obispos chinos –siendo que de momento no participan en ella los obispos clandestinos- durante mucho tiempo se ciñó a una existencia meramente nominal o instrumental, pero en los hechos, careció de contenido real. Sólo cuando ésta incluya a todos los obispos, sin excluir a ninguno, tendrá real cabida su existencia. Por tanto, el trabajo que se lleve adelante tras el Acuerdo es de extrema importancia.

En su gran mayoría, los siete obispos, si bien fueron legitimados, no muestran principios distintos de cuando eran ilegítimos.

Tras el acuerdo, el futuro de la Iglesia china no podrá tomar sino dos direcciones posibles: o mejorará paso a paso, o empeorará cada día más. En ambos casos, el rumbo que tome a futuro dependerá totalmente de la apertura o cerrazón de las autoridades responsables.  

Las negociaciones pastorales entre China y el Vaticano tienen características similares a las tratativas comerciales entre China y Estados Unidos. Frente al Vaticano, China goza de una superioridad, mientras que frente a los EEUU se siente inferior. Y esto, por una sola razón: los EEUU exigen que China realice cambios en el sector económico y militar. En esto podría trazarse un paralelo con el reclamo del Vaticano, pidiendo cambios en la libertad religiosa.   

Indudablemente, la superioridad de los EEUU frente a China es similar a la superioridad de China frente al Vaticano. La impotencia de China ante los EEUU es equiparable a la del Vaticano ante China.

El tiempo apremia, y en virtud de ello, aún cuando China tenga 100 cosas que no quiere, igualmente intenta seguir entablando negociaciones con los EEUU; aún cuando el Vaticano tiene 1000 cosas que no le agradan, está dispuesto a soportar humillaciones con tal de continuar las negociaciones. Esta es la política de los grandes: si bien pueden encontrarse en situaciones sin salida, ellos hacen todo lo posible por sobrevivir y vuelven a la mesa de negociaciones.

Nosotros somos pequeños y no tenemos semejante paciencia y sabiduría.

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