08/02/2016, 14.29
RUSIA - VATICANO
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Sergei Chapnin: La Iglesia rusa ortodoxa en el 2016. El Sínodo Pan-ortodoxo (Primera Parte)

de Sergei Chapnin

Un Sínodo de todas las Iglesias ortodoxas aguarda su realización desde hace 1300 años, y debiera celebrarse en junio próximo. Las diferencias entre Kirill y Bartolomeo, entre Moscú y Constantinopla. En la vigilia del encuentro entre Kirill y Francisco, un mapa de los desafíos abiertos ante la Iglesia rusa. Primera parte de un estudio de Sergei Chapnin, quien fuera Director de la revista del Patriarcado de Moscú.  

Moscú (AsiaNews) –  El 12 de febrero, el Papa Francisco se reunirá en Cuba con el Patriarca Kirill de Moscú, volviéndose ambos protagonistas de un evento histórico, dado que es la primera vez en siglos que el Papa de Roma y el Patriarca de Moscú se encuentran. Para comprender más la vida de la Iglesia ruso-ortodoxa, anteriormente al encuentro entre los dos líderes, AsiaNews había solicitado al Serghei Chapnin que delineara los desafíos que su Iglesia debe afrontar este año.  Habiendo sido despedido en diciembre pasado del puesto de director de la Revista del Patriarcado de Moscú –en abierta polémica con las autoridades de la Iglesia rusa- Chapnin sigue siendo una de las mentes más atentas a los avatares de la Iglesia ortodoxa rusa. En su estudio para AsiaNews, él presenta la relación del Patriarcado de Moscú con las demás iglesias ortodoxas, en vista del Sínodo pan-ortodoxo; la crisis económica que golpea a Rusia y su reflejo en las relaciones entre el Patriarcado y las diócesis; la pérdida de confianza de los fieles en la jerarquías eclesiásticas, y, la gestión autoritaria de la Iglesia de parte del primado de Kirill en términos generales, que este año ha celebrado su séptimo aniversario en la conducción del Patriarcado.

Chapnin, 48 años, oriundo de Moscú, es casado y tiene dos hijos. Es autor de diversos ensayos, entre ellos, “La Iglesia en la Rusia post-soviética”, en el cual sostiene que el problema de la Rusia actual –partiendo de la sociedad, pasando por la política, hasta llegar a la fe-  es el hecho de no haberse librado aún de la mentalidad soviética.  Ha estado a cargo de las publicaciones del Patriarcado y supo dar inicio a una pequeña revolución, lanzando en el año 2014 una revista mensual “El templo ruso del siglo XXI”, que por primera vez encaró la cuestión de la arquitectura de las iglesias ortodoxas modernas. Justamente, es en el ámbito del arte cristiano contemporáneo que el trabajo de Chapnin se centra hoy.  En diciembre, fue publicado el primer “Almanaque de la cultura cristiana contemporánea”, un proyecto independiente que lo encuentra empeñado en primera fila en el relato de la contribución de artistas, directores, escultores a la cultura rusa actual; asimismo, en diciembre, en la sala de exhibiciones de la ‘Torre imperial’ en la estación de Kazan en Moscú, inauguró una muestra que por primera vez ha reunido obras de artistas contemporáneos del arte sacro en Rusia, a lo largo de diferentes géneros: desde íconos a mosaicos y esculturas.

 

 

Los desafíos que la Iglesia ortodoxa rusa ha afrontado en los últimos meses, tendrán pocas probabilidades de ser resueltos con éxito en el 2016. Dichos desafíos, a primera vista, parecen externos, pero en realidad están extremadamente correlacionados a cuestiones irresueltas del período del “renacimiento de la Iglesia”, cuestiones que resultaba más cómodo no resolver y dejar a un lado.  A fines de 2015 y principios de 2016, muchas de estas cuestiones volvieron a emerger. Sin embargo, el contexto ha cambiado radicalmente: el voto de confianza que tenía la Iglesia en Rusia en los años ’90 y principios de los 2000, hoy se ha agotado en gran parte. Se está haciendo sentir más el conflicto con el Patriarcado de Constantinopla. La crisis económica puede agravar seriamente el conflicto entre las eparquías (diócesis) y el aparato central del Patriarcado de Moscú.

 

 1- Eclesiología y diplomacia eclesiástica

El evento del cual más se hablará en el año 2016 puede ser el Sínodo pan-ortodoxo que, por primera vez en los últimos 1300 años, reúne a obispos de las Iglesias ortodoxas de todo el mundo. No es casual que haya usado el verbo “puede”: a pesar del hecho de que faltan aún cuatro meses para el Sínodo –que sería muy simbólico desarrollarlo en el día de Pentecostés (19 junio) de 2016- los acuerdos finales aún no han sido alcanzados.  

Y el desarrollo del Sínodo mismo suscita sentimientos encontrados. Los preparativos para el Sínodo, con mayor o menor intensidad, son llevados adelante desde hace casi 50 años. Por una parte, el Sínodo puede volverse la manifestación evidente y visible de la unidad y unanimidad de las Iglesias ortodoxas locales, pero, por otra, -como es natural- en la vigilia del Sínodo se han exacerbado contradicciones que se han ido acumulando en las relaciones entre las Iglesias a lo largo de los siglos. ¿Serán éstas superadas? En caso de que no, entonces el Sínodo tiene todas las posibilidades de transformarse en un encuentro para tomarse “una bella fotografía grupal”.  

El escepticismo deriva del hecho de que en el próximo Sínodo se entretejen demasiado estrechamente las cuestiones eclesiológicas y diplomáticas. El contraste entre el patriarca de Constantinopla, Bartolomeo I, y el de Moscú, Kirill, es el problema más evidente, pero no el único. Y no se trata simplemente del deseo de medir el grado de fuerza y autoridad. En la base de este conflicto hay modelos eclesiológicos diversos. Estos aún no han sido pronunciados de un modo claro, pero las líneas generales ya han sido planificadas. El Patriarcado de Moscú ve el inminente Sínodo de un modo demasiado instrumental. El Patriarca Kirill está, literalmente, combatiendo por documentos concretos, e insiste en la más rápida aprobación posible de los borradores de estos documentos. El patriarca de Constantinopla Bartolomeo considera que el Sínodo pan-ortodoxo no ha de ser una serie de documentos, sino un proceso. Y aquí lo más importante es testimoniar la sinceridad del propio deseo de unidad. El proceso sinodal presupone nuevos encuentros, con una periodicidad de cinco, siete o 10 años, y, por lo tanto, no importa si algunos documentos serán aprobados en el 2016. Todavía se podrá seguir trabajando sobre ellos.  

Qué punto de vista saldrá ganador, es difícil de decir. Pero la aproximación instrumental es mucho más vulnerable a la crítica. Y esta crítica, por otra parte, tiene justamente en Rusia un carácter muy fuerte y apocalíptico. Pienso que el patriarca Kirill está obligado, al menos en parte, a tomar en cuenta las voces que le llegan desde el ámbito de la derecha, y éstas sostienen que se llevará a cabo no un Sínodo pan-ortodoxo, sino una “vergüenza pan-ortodoxa”. En este campo, las expectativas de que serán tomadas decisiones heréticas que dañarán la “pureza de la fe ortodoxa” son extremadamente altas.   

El patriarca Kirill considera que la rápida publicación de proyectos de documentos, que serán examinados por el Sínodo, lo ayudará a desembarazarse de dichas acusaciones radicales. Pero es probable que esta crítica sea tan sólo un caso puntual de una falta de confianza generalizada por parte de grupos ortodoxo-monárquicos y ortodoxo-patrióticos en relación a la jerarquía eclesiástica en cuanto tal. De esta manera, no se logrará revocar las acusaciones de herejía, en tanto y en cuanto “herejía”, desde su punto de vista, es cualquier intento de formular y tratar de resolver cualquier problema que esté ligado a la modernidad. Su fórmula es la siguiente: “Los santos padres han dicho más de una vez que todo aquello de lo cual tiene necesidad el hombre para su salvación ha sido formulado en los primeros siete concilios ecuménicos, y no necesitamos nada más”. En otras palabras, no importa qué vaya a ocurrir en el Sínodo y qué documentos serán aprobados, estos grupos condenan el hecho de que se lleve a cabo el Sínodo mismo. ¿El patriarca Kirill entiende que es inútil polemizar con quien tiene semejante conciencia mitologizada? El discurso sobre los desafíos del mundo contemporáneo y sobre el estilo de vida que cambia es improbable que sea aceptado con simpatía por los críticos en contumacia del Sínodo.  

Otro aspecto importante está vinculado a la posición que han de tomar las otras iglesias locales en el Sínodo. Es sabido que las Iglesias “griegas”, no obstante no están carentes de contrastes internos, actúan siempre juntas. ¿Cuál es la situación, en la vigilia del Sínodo, entre las Iglesias “eslavas”? La Iglesia rusa, ¿cuenta con verdaderos amigos y apoyo en su relación con Fanar?   Estas es una gran pregunta, y el equilibrio de las fuerzas no es evidente. En enero, el Patriarcado de Constantinopla marcó una gran victoria, actuando como fuerza reconciliadora en el prolongado conflicto en el episcopado de la Iglesia ortodoxa de las Tierras Checas y de Eslovaquia. El metropolita Rostislav, presionado por el patriarca Bartolomeo, fue obligado a hacer una serie de concesiones que están en contraste con la política que ha apoyado en los últimos años el patriarcado de Moscú. Su dura toma de posición se reveló contraproducente.  (N.B.: este artículo fue escrito cuando aún no habían sido publicadas las decisiones oficiales de la reunión de enero, entre los representantes de las Iglesias locales en Chambésy).

 

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