20/03/2026, 13.02
ASIA- ORIENTE MEDIO
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De Ucrania a Myanmar: así matan durante décadas las bombas de racimo

Hoy se encuentran en el punto de mira porque han sido lanzadas con cohetes iraníes contra Tel Aviv. Muchos países no firmantes de la Convención que las prohíbe las siguen utilizando en los conflictos contemporáneos. En 2024 mataron o hirieron a 314 civiles, y casi la mitad eran niños. El mayor peligro reside en las submuniciones sin explotar, que siguen causando víctimas durante décadas. En septiembre de este año, Laos, el país más contaminado del mundo en este momento, será la sede de la tercera Conferencia de Examen de la Convención sobre Municiones en Racimo.

 

Milán (AsiaNews) - Caen en pocos segundos, pero continúan matando durante décadas. Las bombas de racimo, prohibidas por un tratado internacional de 2008, se utilizan cada vez más en los conflictos contemporáneos, sobre todo por los países no firmantes de la Convención.

Además de Irán, que las ha utilizado contra Tel Aviv en los últimos días, y mató a una pareja de personas de más de 70 años, Israel tampoco es signatario y las ha utilizado en conflictos recientes, como en el Líbano. Estados Unidos, Rusia, Ucrania, China, India, Pakistán, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y las demás monarquías árabes del Golfo, Corea del Sur, Corea del Norte, Egipto y Turquía —solo por citar los principales— tampoco forman parte de la Convención, que entró en vigor en 2010. Estos países son precisamente los que hoy las utilizan en las guerras modernas, confirmando la idea generalizada de que el derecho internacional ya no es relevante.

La Convención sobre Municiones de Racimo de 2008, en efecto, prohíbe el uso, producción, transferencia y almacenamiento de este tipo de armamentos, y prevé la limpieza de los restos, la asistencia a las víctimas, a las familias de los heridos y a las comunidades afectadas. Más de 40 Estados signatarios han destruido el 100% de sus reservas, eliminando casi 1,5 millones de municiones de racimo y 179 millones de submuniciones. Perú fue el último Estado que completó la destrucción de sus arsenales, en diciembre de 2023.

Diseñadas para dispersar decenas de artefactos sobre grandes áreas, las bombas de racimo alcanzan simultáneamente múltiples objetivos, pero el impacto más devastador produce en los años posteriores al fin de la guerra, cuando las municiones que no han explotado convierten calles y ciudades en campos minados para los civiles.

Según el Cluster Munition Monitor 2025, el informe más reciente sobre el tema, solo en 2024 al menos 314 personas murieron o resultaron heridas por estas armas, aunque es probable que la cifra real sea mucho mayor. El 42% de las víctimas —tanto por ataques directos como por artefactos sin explotar— eran niños.

El número más elevado de muertes hasta la fecha se ha registrado en Ucrania, donde las bombas de racimo han sido empleadas tanto por las fuerzas rusas (con armamento producido en Corea del Norte) como por las ucranianas. Solo en 2023, al menos 116 personas murieron o resultaron heridas debido a los artefactos sin explotar que quedaron en campos destinados a la agricultura y zonas habitadas. Desde 2022, año de la invasión rusa, más de 1.200 civiles han sido de algún modo víctimas de las municiones de racimo.

Pero Ucrania no es un caso aislado. El Cluster Munition Monitor documenta el uso reciente de estas armas en Myanmar, donde la junta militar en el poder las ha utilizado contra los grupos armados que integran la resistencia pro-democrática, y en Siria se emplearon durante la guerra civil que estalló en 2011 y hoy siguen siendo una amenaza para la población civil.

El reciente conflicto en Oriente Medio está mostrando que tanto Israel como Irán utilizan misiles equipados con ojivas de racimo que pueden dispersar submuniciones incluso en áreas urbanas. También Tailandia también parece haber admitido el uso de municiones de racimo en el conflicto fronterizo con Camboya en julio de 2025. También en este caso, ninguno de los dos Estados es parte de la Convención.

Cerca de 29 países y territorios se encuentran actualmente contaminados por restos bélicos. Para muchas comunidades, la fase más letal comienza precisamente cuando las armas callan, porque las operaciones de limpieza son largas, costosas y arriesgadas, y a menudo requieren décadas. Laos sigue siendo el país más contaminado del mundo, más de 50 años después de la guerra de Vietnam. Decenas de casos reportados en Afganistán y en Yemen confirman que los civiles siguen expuestos al riesgo cotidiano de explosiones accidentales.

Ya antes del reciente repunte de su uso, los civiles representaban más del 90% de las víctimas. Las razones son estructurales. Las bombas de racimo no están diseñadas para distinguir entre objetivos militares y espacios civiles. Por el contrario, están pensadas para tener un impacto en un área vasta, y por lo tanto golpean viviendas, escuelas y otras infraestructuras, afectando indiscriminadamente los entornos de la vida cotidiana.

El Cluster Munition Monitor comenzó como un intento de la sociedad civil para exigir responsabilidades a los gobiernos por sus obligaciones legales asumidas en materia de minas antipersonal y municiones de racimo, pero con el paso de los años se ha convertido, en la práctica, en el organismo encargado de supervisar el cumplimiento del tratado.

En 2024, los Estados miembros limpiaron poco más de 100 km² de campos minados y destruyeron 83.452 restos bélicos, la cifra más alta de los últimos cinco años, a pesar de que diversos países, como Afganistán, Irak, Líbano, Sudán del Sur, Chad y Somalia, no lograron avances debido a la caída de la financiación o el estallido de nuevos conflictos.

Entre el 14 y el 18 de septiembre de 2026 se celebrará en Vientián, Laos, la tercera Conferencia de Examen de la Convención sobre Municiones en Racimo, de la que se retiró Lituania en marzo del año pasado.

A diferencia de las reuniones anuales de los Estados signatarios (cuya última edición se celebró en septiembre de 2025 en Ginebra), esta cumbre sirve para evaluar los progresos, las violaciones y los desafíos futuros en materia de desarme y protección de los civiles. El ciclo actual de la Convención abarca el periodo 2021-2026, por lo que la Conferencia de este año será un momento clave para hacer balance y revitalizar el cumplimiento del tratado..

Foto de XT7 Core en Unsplash

 

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