Del hielo de Hokkaido a los podios olímpicos: así es como Tokio ha cultivado el talento del patinaje
A lo largo de los años, Japón ha creado una escuela de patinaje artístico capaz de producir campeones muy queridos en su país. Sin embargo, detrás de los éxitos no solo hay entrenamientos rigurosos y una selección precoz: desde los años 90, la Federación ha querido crear un equipo nacional, para que los atletas aprendan a compartir la presión desde jóvenes.
Tokio (AsiaNews) - El podio del patinaje artístico masculino individual en los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina se ha rediseñado tras la terrible actuación del favorito, el estadounidense de origen uzbeko Ilia Malinin, que no aguantó la presión y cayó al octavo puesto de la clasificación. El oro fue para el kazajo Mikhail Shaidorov, mientras que la plata y el bronce fueron para Yuma Kagiyama y Shun Sato, respectivamente, ambos representantes de Japón, donde el patinaje sobre hielo se ha convertido con los años en un fenómeno cultural capaz de unir espectáculo e identidad nacional.
Las raíces del patinaje en Japón se hunden en las regiones septentrionales, en particular en Hokkaido, donde el clima riguroso ha favorecido desde principios del siglo XX la práctica sobre hielo natural. En estas zonas, el patinaje (sobre todo el de velocidad) se ha extendido como actividad escolar. De esta región, hoy también conocida por producir varios campeones de curling, proceden 41 de los 120 atletas japoneses presentes en Milán-Cortina. El equipo femenino de la ciudad de Tokoro se ha clasificado para ocho Olimpiadas consecutivas en curling.
Pero hasta 1992, el país del Sol Naciente nunca había ganado una medalla en patinaje artístico. Desde entonces, Japón, que ha sido sede de los Juegos Olímpicos de Invierno en dos ocasiones, ha comenzado a producir campeones de nivel mundial, convirtiendo las competiciones en eventos televisivos muy seguidos. Hoy en día, en las pistas de patinaje sobre hielo se ve incluso a niños de tres años calzándose los patines por primera vez.
Midori Ito, la primera mujer en realizar un triple axel en competición, abrió el camino con la plata en los Juegos de Albertville, a la que siguió el oro olímpico de la patinadora Shizuka Arakawa en Turín 2006. El fenómeno alcanzó su apogeo con Yuzuru Hanyu, dos veces campeón olímpico, que se convirtió en una figura casi legendaria en su país: sus fans lanzaban tantos peluches de Winnie the Pooh al final de las competiciones que cubrían toda la pista.
Otra figura muy querida por el público es la patinadora Mao Asada, conocida cariñosamente como «Mao-chan», que ha ganado tres títulos mundiales, pero nunca el oro olímpico. En los Juegos de Vancouver 2010 quedó segunda y cuatro años después, en Sochi, el ex primer ministro Yoshiro Mori comentó una de sus caídas diciendo: «Siempre se cae cuando es importante». La afirmación desató la indignada reacción del público japonés, que adoraba a Asada por su carácter alegre.
Muchos entrenadores de patinaje japoneses están convencidos de que la popularidad actual de este deporte se ha visto favorecida por los éxitos de las generaciones anteriores. Al mismo tiempo, la disciplina es respetada por su rigor técnico y la exigencia de autocontrol, cualidades muy valoradas en la cultura deportiva japonesa.
Pero, en realidad, la Federación Japonesa de Patinaje, tras la plata de Midori Ito en Albertville en 1992, que quedó segunda a pesar de ser la favorita para el primer puesto, se dio cuenta de que era necesario crear un equipo fuerte, para que ningún atleta con talento tuviera que soportar toda la presión, como le ocurrió a Malinin. Desde entonces, los campamentos de verano para niños de 9 a 12 años creados por la Federación han desempeñado un papel fundamental: los pequeños aspirantes son seleccionados cada año por sus respectivos equipos y son evaluados en todos los aspectos, desde sus habilidades técnicas y de danza hasta su actitud en la vida cotidiana.
23/07/2025 11:00
24/07/2021 11:27
