Deslizamiento de tierra en el vertedero de Cebú: tragedia anunciada tras años de mala gestión
Más de diez personas murieron y más de veinte se encuentran desaparecidas tras el derrumbe en el principal vertedero de Cebu City. Las autoridades atribuyeron el desastre a las fuertes lluvias, pero la comunidad local denuncia desde hace años irregularidades y violaciones ambientales. Cardenal Pablo Virgilio David: "No es una fatalidad, falta educación, formación y concienciación sobre la gestión de residuos".
Cebú (AsiaNews) – Más de 10 personas murieron por un deslizamiento de tierra que se produjo la semana pasada en el Prime Waste Solution Landfill, uno de los vertederos más grandes de Cebu City. El lugar está ubicado en Sitio Kainsikan, dentro del barangay (la unidad administrativa más pequeña en Filipinas) de Binaliw. Mientras continúan las operaciones de búsqueda de más de 20 personas, algunas organizaciones de activistas y miembros de las comunidades locales han denunciado que la tragedia no fue consecuencia de las fuertes lluvias, como sostienen las autoridades filipinas, sino de casi una década de mala gestión del vertedero.
Desde hace años el vertedero, donde se depositan todos los residuos sólidos que se producen en Cebu City, es tema de controversias y denuncias. Ya antes del colapso, durante el cual estaban presentes un centenar de trabajadores, se habían presentado numerosas denuncias contra el lugar y sus operadores por presuntas actividades extractivas ilegales y violaciones de las normativas ambientales, que a su vez tienen graves repercusiones en las aguas de la zona y en la calidad del aire.
El obispo de Kalookan, el cardenal Pablo Virgilio David, se pronunció sobre el caso: "Llamemos a las cosas por su nombre. La mayoría de los que se denominan 'vertederos controlados' en Filipinas son en realidad vertederos ilegales", dijo en una publicación en Facebook. "Según la ley RA 9003, solo los restos residuales, tras la separación, el compostaje y el reciclaje, deberían eliminarse en el vertedero. En realidad se descarta todo junto: residuos biodegradables, reciclables, tóxicos, industriales e incluso médicos", explicó el purpurado. "Esto es injusticia climática. Esta es una crisis de salud pública. Pero el eslabón perdido en la implementación de la ley sobre la gestión ecológica de residuos sólidos es la educación, formación y sensibilización". Por eso, prosigue Mon. David, "la tragedia de Cebú no es un accidente".
Como resume la publicación digital filipina Rappler, la historia comenzó en 2017, cuando el vertedero de Inayawan, que funcionaba desde 1998, se cerró para llevar a cabo una reestructuración necesaria desde hacía tiempo, dado que solo debía operar durante siete años. Ante la falta de alternativas planificadas, la ciudad empezó a recurrir a vertederos privados, que a menudo no respetaban los controles de seguridad.
Una primera solución, en la localidad de Consolación, resultó desastrosa: en 2019 un deslizamiento de tierra en otro vertedero privado causó la muerte del conductor de un camión que transportaba basura, y el lugar fue clausurado por graves violaciones ambientales. Cebu City, junto con otros municipios vecinos, comenzó entonces a depositar los residuos en el vertedero de Binaliw, gestionado en aquel momento por ARN Central Waste Management.
Desde el principio el proyecto fue cuestionado por los residentes y por algunos concejales municipales que denunciaron actividades de excavación no autorizadas, iniciadas incluso antes de obtener el certificado de conformidad ambiental. Otros expertos señalaron que el área se encontraba en una zona montañosa sensible y dentro de la cuenca hidrográfica del río Butuanon, de la que dependen numerosas comunidades.
A pesar del rechazo inicial del consejo municipal local en 2017, el proyecto fue aprobado al año siguiente y obtuvo un contrato público para la recolección y eliminación de residuos. Las protestas, sin embargo, no terminaron. En 2019 más de 600 residentes pidieron que se cerrara la planta, denunciando olores insoportables, la invasión de lixiviados en las viviendas durante las lluvias y riesgos para la salud pública. Ese mismo año la agencia ambiental regional detectó infracciones relacionadas con el transporte de residuos y el incumplimiento de las condiciones previstas por el certificado de conformidad ambiental.
En enero de 2023 el vertedero pasó a manos de Prime Integrated Waste Solutions (PWS), sociedad vinculada al grupo del empresario filipino Enrique Razon Jr., que había prometido transformar la planta en una estructura “a nivel mundial”. El nuevo administrador había anunciado en aquel momento la introducción de tecnologías avanzadas y de una planta automatizada para la selección de residuos.
Las inspecciones posteriores mostraron, en cambio, una realidad diferente. En agosto de 2024 las autoridades comprobaron que los residuos se eliminaban sin ser tratados, de manera similar a lo que ocurre en los vertederos a cielo abierto y, por tanto, en violación de la ley nacional de gestión ecológica de residuos. A esto se sumaron nuevas denuncias por olores, infestación de insectos, contaminación de los acuíferos y problemas en los sistemas de drenaje.
Un informe de la Comisión de Auditoría (COA) publicado el mismo año también había señalado graves deficiencias en la gestión de las aguas pluviales (las que no son absorbidas por el suelo), destacando las pésimas condiciones higiénico-sanitarias y el riesgo de que se produjeran filtraciones en la planta de tratamiento. El Ayuntamiento también había constatado que se habían realizado movimientos de tierra sin autorización, a pesar de que desde 2022 estaba en vigor una prohibición de actividades extractivas en los barangays montañosos.
Según el plan decenal de gestión de residuos de Cebu City, el vertedero de Binaliw debería haber alcanzado pronto la saturación. Sin embargo, la falta de rehabilitación del antiguo vertedero de Inayawan y la ausencia de plantas de tratamiento plenamente operativas dejaron a la ciudad casi totalmente dependiente de un único vertedero. Antes del deslizamiento de tierra, la planta recibía cerca de 1.000 toneladas de residuos al día, con cúmulos que alcanzaban la altura de un edificio de diez pisos.
“Era demasiado pesado y demasiado alto”, comentó un concejal municipal a los medios locales. “Si se derrumban las montañas naturales, con mayor razón puede derrumbarse una montaña de basura”. Tras días de lluvias intensas, el terreno subyacente cedió y se produjo el desastre. PWS anunció la suspensión de las actividades y ahora las administraciones de Cebú, Mandaue y Lapu-Lapu están buscando soluciones alternativas para la gestión de los residuos.
27/04/2017 13:47
20/02/2025 11:23
