Dos sesiones 2026: las ambiciones y las debilidades actuales de Beijing
Detrás del objetivo del PIB más bajo desde 1991 está el reconocimiento de que el modelo de crecimiento sobre el cual China construyó su ascenso ha agotado gran parte de su impulso. La tecnología está reemplazando al sector inmobiliario como principal motor. El nuevo Plan Quinquenal permite vislumbrar un mapa geopolítico; el gasto militar ha crecido un 7%. Las purgas de Xi Jinping han dejado muchos asientos vacíos entre los delegados.
Milán (AsiaNews) - Las Dos Sesiones, como se llama comúnmente a las asambleas paralelas de la Asamblea Popular Nacional y la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, se celebran cada primavera en Beijing y constituyen el acontecimiento político más importante del calendario chino. Los dos órganos desempeñan funciones en parte asimilables a las de un Parlamento. Este año fueron inauguradas respectivamente el 4 y el 5 de marzo y deberían concluir el 11 de marzo. Reúnen a más de tres mil delegados de todo el país, cuya función es aprobar leyes y objetivos económicos. La sustancia de las decisiones ya se ha definido en otra parte, pero el evento ofrece señales concretas sobre las prioridades del régimen. La edición de este año es particularmente intensa: las sesiones deben ratificar el XV Plan Quinquenal para el periodo 2026-2030, el contexto internacional está marcado por los ataques estadounidenses a Irán, las tensiones comerciales con Estados Unidos y la prevista visita de Trump a Beijing dentro de un mes, mientras las purgas continúan rediseñando la cúpula del Ejército.
En el plano económico, la señal más esperada llegó hoy con el informe anual que presentó el primer ministro Li Qiang. El objetivo de crecimiento del producto interno bruto se ha fijado entre el 4,5 y el 5%, el nivel más bajo desde 1991 y la primera reducción desde 2023, tras tres años consecutivos de mantener el objetivo en torno al 5%. Esta cifra no se debe interpretar como señal de una crisis declarada, sino más bien como el reconocimiento de que el modelo de crecimiento sobre el cual China construyó su ascenso en las últimas décadas ha agotado gran parte de su impulso. También es sintomático el objetivo de una inflación del 2%, el mismo que se fijó el año pasado pero que en gran medida no se ha cumplido.
Tecnología en lugar de ladrillos
El problema estructural que se arrastra desde hace años es cómo reemplazar al sector inmobiliario, que durante mucho tiempo fue el principal motor de las inversiones y la riqueza de las familias chinas y hoy se encuentra en una crisis profunda. La respuesta que emerge con claridad de las líneas generales del Plan Quinquenal es una apuesta por la tecnología como nueva columna vertebral de la economía, con la inteligencia artificial, los semiconductores y la robótica como sectores de vanguardia. Beijing se propone canalizar importantes recursos hacia estas industrias mediante una combinación de capitales estatales y privados controlado desde arriba, reemplazando esencialmente una burbuja inmobiliaria por un sector igualmente dependiente del dirigismo estatal y cuyos nichos de mercado son inciertos, teniendo en cuenta, entre otras cosas, las restricciones occidentales a la exportación de tecnologías avanzadas.
A esto se suma el problema pendiente de la demanda interna. Las familias chinas ahorran considerablemente debido a la falta de una sólida red de protección social en materia de salud y seguridad social, lo que las obliga a reservar recursos para el futuro. La deflación persistente, con los precios al consumidor casi estancados y los de producción a la baja, es la consecuencia más visible. El gobierno parece no tener la intención de afrontar este tema a través de un aumento estructural del bienestar, para lo cual prefiere otro tipo de medidas. En el citado informe de trabajo se han asignado 350 mil millones de yuanes (unos 44 mil millones de euros) para vales e incentivos para la compra de bienes duraderos, una cifra también inferior a la del año anterior. Estas herramientas pueden producir algún efecto a corto plazo, pero difícilmente modifican las expectativas a largo plazo de las familias. Li también ha prometido aumentos salariales, pero sin proporcionar ningún detalle.
El Plan Quinquenal como mapa geopolítico
Más allá de los objetivos anuales, el elemento que distingue a las Dos Sesiones de este año es que el nuevo Plan Quinquenal tiene una evidente connotación geopolítica. El hilo conductor es la reducción de la dependencia del exterior en sectores que se consideran estratégicos, como la tecnología, las materias primas y las infraestructuras. La crisis iraní se lee en Beijing como una confirmación concreta de lo peligroso que es depender de los adversarios, un riesgo que el régimen no tiene la intención de correr. En las recomendaciones ya aprobadas para el plan, la fusión entre desarrollo industrial y capacidad militar regresa con mayor énfasis que en años anteriores, cuando se había moderado para no despertar preocupaciones entre los socios comerciales occidentales. El documento también compromete a China a “aumentar de manera significativa” la cuota del consumo en el PIB, pero sin fijar ningún objetivo vinculante y limitándose a usar un lenguaje prácticamente idéntico al del plan anterior. Es una indicación tan vaga que pone en duda la voluntad efectiva de cambiar de rumbo.
En este clima se inserta la cuestión de las purgas, que las cifras de la ceremonia de apertura hacen imposible ignorar. El jueves asistieron 2.765 delegados, el número más bajo desde principios de siglo, con 113 ausentes, lo que equivale al doble del promedio histórico registrado durante la gestión de Xi. En los días previos, numerosos delegados militares y civiles de ambas asambleas ya habían sido formalmente destituidos. Las purgas en la cúpula del Ejército Popular de Liberación, que se arrastran desde hace más de dos años, han alcanzado una profundidad sin precedentes en la historia reciente de la República Popular, con 185 oficiales de alto rango afectados por la campaña de depuración. Estos datos pesan sobre las ambiciones declaradas en el Plan Quinquenal, que apunta con insistencia a la modernización militar y a la capacidad de proyección de fuerza, cuando el comando del Ejército ha quedado diezmado por investigaciones y destituciones. El presupuesto militar debería crecer un 7%, una levísima disminución respecto al 7,2% del año pasado, pero de todos modos muy por encima del objetivo de crecimiento del PIB. La respuesta implícita del régimen es que se antepone la lealtad política a la eficiencia operativa. Las Dos Sesiones de este año son, también en este sentido, un reflejo del sistema que las produce: enormes ambiciones hacia el exterior, debilidades internas igualmente grandes.
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11/03/2021 16:13
