11/04/2015, 00.00
VATICANO
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El Año Santo de la Misericordia, que es "la síntesis del misterio de la fe"

La Bula de convocatoria del Jubileo especial que comenzará el 8 de diciembre de 2015 y termina el 30 de noviembre de 2016. Se celebra no sólo en Roma, sino también en todas las diócesis del mundo y en los principales santuarios. Los "Misioneros de la Misericordia". Una llamada a la conversión, en particular, "los distantes" y para los que son parte de la violencia organizada y la gente "defensa o cómplice" de la corrupción.

Ciudad del Vaticano (AsiaNews) - El Jubileo especial de la Misericordia, a diferencia del pasado, se celebra no sólo en Roma, sino también en todas las diócesis del mundo y en los principales santuarios, "lugares donde tanto peregrinos, en estos lugares sagrados a menudo son tocados en el corazón por la gracia y encuentran el camino de la conversión". Es una de las características mostradas por la Bula de convocación del próximo Año Santo, que se titula "Misericordiae vultus"y que, según lo anunciado anteriormente por el Papa Francisco, comenzará el 8 de diciembre de 2015, y que termina 30 de noviembre 2016 (aquí el texto completo).

La apertura coincide con el 50 aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II. "La Iglesia – se lee en la Bula (n. 4.) - Se siente la necesidad de mantener vivo ese evento. Porque ella estaba comenzando un nuevo camino en su historia. Los Padres reunidos en concilio habían sentido fuerte, como un soplo del Espíritu, la necesidad de hablar de Dios a los hombres de su tiempo de una manera más comprensible. Derribado los muros que durante demasiado tiempo había encerrado a la Iglesia en una ciudadela privilegiada, era el momento de anunciar el Evangelio de una manera nueva". La conclusión será "en la solemnidad litúrgica de Jesucristo Rey del Universo, el 20 de noviembre de 2016. En ese día, cerrando la Puerta Santa, tendremos ante todo sentimientos de gratitud y de reconocimiento hacia la Santísima Trinidad por habernos concedido un tiempo extraordinario de gracia. Encomendaremos la vida de la Iglesia, la humanidad entera y el inmenso cosmos a la Señoría de Cristo, esperando que difunda su misericordia como el rocío de la mañana para una fecunda historia, todavía por construir con el compromiso de todos en el próximo futuro. "(n. 5).

El documento comienza con la afirmación de que "Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra". La misericordia no es una palabra abstracta, sino una cara para reconocer, contemplar y servir. "Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados no obstante el límite de nuestro pecado"(n. 2).

Las obras de misericordia corporales y espirituales deben ser realizadas para "despertar nuestra conciencia a menudo latente delante de la tragedia de la pobreza y entrar cada vez más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina". En esta perspectiva, La Bula anuncia la decisión del Papa de enviar para la Cuaresma los "Misioneros de la Misericordia" (n. 18). "Serán un signo de la solicitud materna de la Iglesia por el Pueblo de Dios, para que entre en profundidad en la riqueza de este misterio tan fundamental para la fe. Serán sacerdotes a los cuales daré la autoridad de perdonar también los pecados que están reservados a la Sede Apostólica, para que se haga evidente la amplitud de su mandato. Serán, sobre todo, signo vivo de cómo el Padre acoge cuantos están en busca de su perdón. Serán misioneros de la misericordia porque serán los artífices ante todos de un encuentro cargado de humanidad, fuente de liberación, rico de responsabilidad, para superar los obstáculos y retomar la vida nueva del Bautismo". En este Año Santo, en definitiva, "podremos hacer la experiencia de abrir el corazón a los que viven en los más diversos suburbios existenciales, que tan a menudo crea el mundo moderno de una manera dramática".

La llamada a la conversión, que caracteriza cada jubileo, "se dirige con mayor insistencia a aquellas personas que se encuentran lejanas de la gracia de Dios debido a su conducta de vida. Pienso en modo particular a los hombres y mujeres que pertenecen a algún grupo criminal, cualquiera que éste sea. Por vuestro bien, os pido cambiar de vida. Os lo pido en el nombre del Hijo de Dios que si bien combate el pecado nunca rechaza a ningún pecador. No caigáis en la terrible trampa de pensar que la vida depende del dinero y que ante él todo el resto se vuelve carente de valor y dignidad. Es solo una ilusión. No llevamos el dinero con nosotros al más allá. El dinero no nos da la verdadera felicidad. La violencia usada para amasar fortunas que escurren sangre no convierte a nadie en poderoso ni inmortal. Para todos, tarde o temprano, llega el juicio de Dios al cual ninguno puede escapar.

La misma llamada llegue también a todas las personas promotoras o cómplices de corrupción. Esta llaga putrefacta de la sociedad es un grave pecado que grita hacia el cielo pues mina desde sus fundamentos la vida personal y social. La corrupción impide mirar el futuro con esperanza porque con su prepotencia y avidez destruye los proyectos de los débiles y oprime a los más pobres. Es un mal que se anida en gestos cotidianos para expandirse luego en escándalos públicos. La corrupción es una obstinación en el pecado, que pretende sustituir a Dios con la ilusión del dinero como forma de poder. Es una obra de las tinieblas, sostenida por la sospecha y la intriga. Corruptio optimi pessima, decía con razón san Gregorio Magno, para indicar que ninguno puede sentirse inmune de esta tentación. Para erradicarla de la vida personal y social son necesarias prudencia, vigilancia, lealtad, transparencia, unidas al coraje de la denuncia. Si no se la combate abiertamente, tarde o temprano busca cómplices y destruye la existencia. ¡Este es el tiempo oportuno para cambiar de vida! Este es el tiempo para dejarse tocar el corazón"(n. 19).


Francisco, a continuación, muestra que la misericordia es también un tema común en judíos y musulmanes, por lo que espera que "Este Año Jubilar vivido en la misericordia pueda favorecer el encuentro con estas religiones y con las otras nobles tradiciones religiosas; nos haga más abiertos al diálogo para conocerlas y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación"(n. 23).

El deseo del Papa es que este año, también vivido en el reparto de la misericordia de Dios, pueda convertirse en una oportunidad para "para vivir en la vida de cada día la misericordia que desde siempre el Padre dispensa hacia nosotros. En este Jubileo dejémonos sorprender por Dios. Él nunca se cansa de destrabar la puerta de su corazón para repetir que nos ama y quiere compartir con nosotros su vida. […] En este Año Jubilar la Iglesia se convierta en el eco de la Palabra de Dios que resuena fuerte y decidida como palabra y gesto de perdón, de soporte, de ayuda, de amor. Nunca se canse de ofrecer misericordia y sea siempre paciente en el confortar y perdonar. La Iglesia se haga voz de cada hombre y mujer y repita con confianza y sin descanso: «Acuérdate, Señor, de tu misericordia y de tu amor; que son eternos » (Sal 25,6) (n. 25).

 

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