06/09/2016, 14.02
KAZAJISTAN
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El Padre Bukowiński, testigo de la fe a pesar de las persecuciones y los campos de trabajos forzados

de Adelio Dell’Oro *

La vida del venerable Siervo de Dios, por cuya intercesión el Papa Francisco ha atribuido un milagro. Siendo el primer sacerdote católico en el Kazajistán soviético, confiando totalmente en la Providencia, se volvió testigo del amor de Dios por el hombre. 

Karagandá (AsiaNews) – El Siervo de Dios, padre Władysław Bukowiński – por cuya intercesión el Papa Francisco ha atribuido un milagro- fue un testigo ejemplar de Dios en nuestra tierra. Fue un sacerdote de Dios, que no solamente creyó en la Divina Providencia sin reservas y esperó en el Señor, sino que cuidó de los hombres, yendo a su encuentro, rezando por ellos, educándolos y sirviéndoles, entregándoles a Dios hasta el final de su vida terrena.

El Siervo de Dios padre Władysław Bukowiński nace el 22 de diciembre de 1904 en Berdýchiv, que en aquél tiempo formaba parte del territorio polaco y hoy ucraniano, fue bautizado a los pocos días, el 26 de diciembre. Dos años después de morir su madre, para huir de la invasión bolchevique, su familia se traslada a Polonia y se establece en el pequeño pueblo de Święcica, situado entre Lublin y Cracovia.

En 1921, Władysław obtiene el título secundario en Cracovia y comienza estudios universitarios de Derecho en la Universidad Jaguelónica, que concluye con un diploma en jurisprudencia. Durante estos años de estudio, participa activamente del Círculo Académico de Vecinos, fundado para ayudar a los jóvenes indigentes, provenientes de los territorios situados en la parte oriental de Polonia.  

Es precisamente en esta época que el joven Władysław percibe su vocación al sacerdocio, y en 1926 ingresa al Seminario mayor de Cracovia, estudiando teología en la Universidad Jaguelónica a la vez que busca hacerse de una sólida formación espiritual. Es ordenado sacerdote en la catedral de Cracovia en 1931 por el futuro cardenal Adam Stefan Sapieha, quien más tarde, en 1946, también ordenaría sacerdote a Karol Wojtyła.

Durante cinco años, trabaja como vicario, primero en Rabka, luego en Sucha Beskidzka, dedicándose a una intensa obra caritativa y a la catequesis en las escuelas. San Juan Pablo II escribe al Card. Makharskij en el 2004: “Admiro su abnegación y su entusiasmo pastoral”.

En 1936, pidió ir a los territorios orientales de Polonia, lugar de donde provenía su familia . Enseña catecismo en varias escuelas secundarias, se dedica a la educación cristiana de los jóvenes y enseña sociología en el seminario de Luck. Se dedica a la Acción Católica y fue nombrado director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas, que trabaja en la redacción de la revista "Vida Católica". En 1939, después de ser incardinado en la diócesis de Luck, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la ocupación soviética de Polonia que vino después, el obispo lo nombró párroco de la catedral de la misma ciudad.

Gracias a su profunda espiritualidad, a la inteligencia, al talento de la prudencia y al equilibrio y un buen conocimiento de la lengua rusa, el Siervo de Dios se compromete en la defensa de la libertad religiosa y la posibilidad de continuar su trabajo pastoral y asistencial para la Iglesia .

El Padre Bukowinski, en su extrema necesidad, se degasta mucho para visitar y llevar ayuda material a los enfermos y los ancianos, llevándoles los sacramentos. Se reúne en secreto y conforta a los polacos condenados a la deportación a la Siberia soviética o a Kazajstán.

En 1940, el Siervo de Dios fue detenido por los bolcheviques y condenado a ocho años en campos de trabajo forzado. Pero con la rápida avanzada del ejército nazi, los soviéticos que huyen empiezan a liquidar prisioneros. El 23 de junio de 1941, el padre Ladislao, con la certeza de que se trataba de un milagro, escapa de un fusilamiento masivo por mano de los soviéticos: las bala no lo tocan; de hecho, tendido en el patio de la prisión, se confiesa y absuelve a sus compañeros de infortunio bajo los tiros de rifle.

En 1941, tras la ocupación nazi, fue liberado de la prisión y continuó su servicio como sacerdote en la catedral de Luck. En este período trágico, marcado por el exterminio masivo de judíos, esconde muchos niños judíos, ayudando a los fugitivos y prisioneros de guerra, distribuyendo alimentos para ellos y preparándolos para los sacramentos.

Tras el regreso del Ejército Rojo a principios de 1945, fue detenido por segunda vez y puesto en prisión en Kiev, junto con el obispo de Luck, y algunos sacerdotes. Acusado de ser un espía del Vaticano y de la realización de actividades religiosas ilegales, es condenado sin juicio a 10 años de trabajos forzados. En 1950 fue enviado a las minas de cobre en el campo de Žezkazgan (en Kazajstán).

Incluso en estas circunstancias extremadamente difíciles, Bukowinski vive de una manera especial su Eucaristía diaria, celebrando antes del amanecer, cuando todo el mundo está dormido aún, de rodillas ante el altar-banco que le sirve de lecho.  Utiliza todas las oportunidades para hacer apostolado: visitar a los enfermos en la enfermería del campamento, impartir los sacramentos, predicar en varios idiomas. En sus "Memorias", escribe: "La Divina Providencia a veces actúa a través de los ateos, que me enviaron allí, adonde se necesitaba un padre".

Este Siervo de Dios testimonia que se puede llegar a ser santos, es decir, cumplir cabalmente con su propia humanidad, en todas las condiciones, incluso en las que son extremadamente difíciles y dolorosas. No se queja ni siquiera de aquellos que lo habían condenado o que lo tratan mal. Sólo una vez, en sus "Memorias" menciona un golpe brutal en la cara, con el cual había sido castigado por ir por la noche a otra barraca a confesar a un prisionero joven, pero más tarde consideró esta bofetada como un gesto amable por parte de los guardias, porque podrían haberlo castigado con mayor severidad, con un régimen de aislamiento.

En total, el padre Bukowinski pasó en los campos de concentración 13 años, 5 meses y 10 días.

En agosto de 1954 fue liberado del campo y deportado a Karagandá, donde trabaja como conserje en una obra de construcción, y en secreto dedicado al apostolado. Es el primer sacerdote católico en llegar allí después de la Segunda Guerra Mundial. Se pone al servicio de los católicos de nacionalidad polaca y alemana, pero también de los católicos griegos. En las casas a las que lo invitan celebra bautismos, prepara para la confesión y la primera comunión, e incluso para el matrimonio.

Algunas personas recorren hasta 300 km para confesarse con él y para participar en la Santa Misa, que celebra en secreto en apartamentos privados, con cristales oscuros. Como deportado tiene la obligación de informar mensualmente al Comisionado para proporcionar informes precisos sobre los lugares donde se encontraba y lo que hacía. Afirma siempre ser un padre, y su deber es el servicio sacerdotal.

Un momento decisivo de su vocación es junio de 1955, cuando rechaza la posibilidad, que se le ofreció, de volver a Polonia, a su tierra natal, y decide tomar la ciudadanía soviética, para estar más cerca de los fieles hasta la muerte. Toma esta decisión plenamente consciente de las graves consecuencias que esta elección podría acarrearle.

"En junio de 1955 llegó la noticia deseada: "Hoy hacen los registros para la repatriación. El Capitán: “Ciudadano Bukowinski; le ofrecemos la repatriación a la República Popular de Polonia". "Con alegría doy la bienvenida a la decisión... pero personalmente me quiero quedar en la URSS. Así que me convierto en ciudadano de la Unión Soviética definitivamente".

San Juan Pablo II escribió al cardenal. Makharskij en 2004: "Me alegro de que la imagen de este heroico sacerdote no haya sido olvidada. Por el contrario, sigue estando en la memoria de muchos pueblos, como heroico testimonio de Cristo, y Pastor de aquellos que han sufrido la persecución por su fe y su origen".

Como ciudadano soviético, en 1956, el padre Bukowinski recibe permiso para moverse a lo largo de la URSS. Renuncia a la tarea de vigilante nocturno y desde entonces se ocupa exclusivamente del apostolado, sin el permiso de las autoridades. En las afueras de Karagandá, compra una pequeña casa y la convierte en una capilla para los polacos. Desafortunadamente, después de un año, las autoridades la cierran.

Sin embargo, poco más de tres años después, fue detenido por tercera vez, a causa de sus actividades religiosas en Karagandá. Acusado de haber constituido ilegalmente una iglesia, de haber hecho propaganda entre los niños y los jóvenes, renuncia a un abogado y se defiende por sí mismo, haciendo un discurso, que golpea a los mismos jueces. Por ello, se le impone una pena de tres años de trabajos forzados, en lugar de los 10 planificados. Tras cumplir su condena, reanudó el trabajo pastoral. La fe firme y la inquebrantable confianza en la Providencia le dan fuerza para no ceder a la persecución. Se apoya en la certeza de que Dios le ha enviado al lugar donde es necesaria su presencia.

El Padre Ladislao también realiza ocho viajes misioneros a lugares distantes de Kazajstán y viaja más de una vez también a Tayikistán.

Volvió tres veces Polonia, en especial para el tratamiento de la salud debilitada por años de detención y ardua labor pastoral, y también se reunió con el cardenal Karol Wojtyla, que estaba muy interesado en su apostolado en Kazajistán.

En Karagandá, sigue llevando a cabo su misión sacerdotal hasta agotar totalmente sus fuerzas. El 25 de noviembre celebró su última misa, recibió los últimos sacramentos y fue trasladado inmediatamente al hospital. Murió en Karagandá el 3 de diciembre de 1974.

La noticia de la muerte del Padre Bukowinski se propaga rápidamente y provoca un duelo general. El funeral fue celebrado por el Padre Jozef Kuczynski y el padre Michael Köhler en el nuevo cementerio en las afueras de Karagandá, con la participación de una gran multitud de personas.

Desde entonces, los católicos suelen ir a rezar, dándose cuenta de lo que su padre Ladislao había predicho, que su tumba se convertiría en un instrumento de apostolado. En 1991, después de una inundación del cementerio, el cuerpo es trasladado a la iglesia de San José y es colocado en sus muros exteriores. En 2008 sus restos fueron colocados en un altar de la iglesia en sí, que ahora es la catedral de Karagandá.

Durante su visita a Kazajstán en 2001, San Juan Pablo II, para hacer sentir su cercanía a la mucha gente en esta tierra que ha sufrido a causa de la persecución religiosa, tres veces menciona al padre Bukowinski: en la visita al palacio presidencial "La primera fuente de información sobre Kazajstán fue para mí el padre Bukowinski, conocido aquí... Lástima que no pueda visitar Karagandá y la tumba del padre Bukowinski"; en el Ángelus "Siempre he tenido un gran interés por vuestra suerte. Me ha hablado mucho de vosotros el inolvidable padre Władysław Bukowinski, me encontré con él muchas veces y siempre lo he admirado por su fidelidad sacerdotal y su empuje. Tenía vínculos especiales con Karagandá pero me ha hablado de la vida de todos"; durante la misa con los sacerdotes y religiosos, hablando en el Seminario de Karagandá "la he querido dedicar a un celoso sacerdote, el padre Ladislao Bukowinski, que durante los difíciles años de comunismo siguió ejerciendo su ministerio en esa ciudad. Él escribió en sus "Memorias": "Hemos sido ordenados pero no para permanecer sino, si es necesario, para dar la vida por el rebaño de Cristo". Yo mismo tuve la suerte de conocer y apreciar la profunda fe, la palabra sabia, la inquebrantable confianza en el poder de Dios. A él y a todos los que han pasado sus vidas en medio de dificultades y persecuciones,pretendo hoy rendir homenaje en nombre de toda la Iglesia".

Su vida interior se nutre de la Eucaristía diaria y de la devoción a la Virgen María y esto le permitió percibir con claridad y serenidad el sentido de eventos personales, sociales y eclesiales. En las circunstancias más difíciles, era inquebrantable su entrega confiada a Dios y la fidelidad incondicional al Evangelio.

De 2006 a 2008, en Cracovia se realiza investigación diocesana, cuya validez jurídica ha sido reconocida por la Congregación para las Causas de los Santos en 2009. En 2015, la Consulta de los cardenales y obispos, presidida por el Card. Angelo Amato, reconoció las virtudes teologales y cardinales, ejercidas en un grado heroico por el Siervo de Dios.

La vida de Władysław Bukowinski estaba totalmente impregnada por la fe en la Providencia divina, era consciente de ser llamados a servir a la gente de allí, donde Dios lo había colocado, incluso aunque este lugar fuera una prisión o un campo de concentración.

¿Qué nos puede enseñar hoy de este sacerdote, totalmente abandonado a la voluntad de Dios? El padre Ladislao creía en el Señor Jesús y lo amaba con todo su corazón, esperaba en la Divina Providencia y ninguna persecución, ninguna acusación injusta y ninguna condena a campo de concentración fueron capaces de extinguir en él las virtudes cristianas, sino que utilizó todas las oportunidades para dar testimonio de Jesús. Hoy nos encontramos con los que el padre Bukowinski bautizó, confesó, recibieron la Eucaristía o los que fueron alojados en su casa. Todo esto es el fruto del sacrificio de su servicio a Dios en nuestra tierra.

A partir de hoy, los restos mortales de este "Apóstol de Kazajstán" descansarán aquí en Karagandá, en la cripta de la catedral, dedicada a Nuestra Señora de Fátima, Madre de todos los pueblos y deseado como un voto de agradecimiento de los católicos al Señor, para quien se encargó de las personas que fueron víctimas de la represión política.

El Papa Francisco reconoció el milagro obtenido por intercesión del Siervo de Dios Padre Ladislao Bukowinski, que ahora continúa intercediendo ante Dios por nosotros que vivimos en esta tierra. Es para nosotros un ejemplo de un testigo fiel entre las personas con las que vivimos, de una confianza en la Divina Providencia y de una fe que no puede ser superada por ninguna dificultad.

 

* Obispo de Karagandá. 

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