El neopaganismo de la Rusia militante
Los rusos han vivido siempre en la tensión de la dvoeverie, la “doble religión” cristiana y pagana que resurge incluso en las devociones y prácticas litúrgicas, pero sobre todo en la actitud del pueblo ante las grandes encrucijadas de la vida. Se trata de un fenómeno muy extendido entre los soldados enviados a Ucrania, que confían sus esperanzas de victoria a espíritus oscuros más que a los misiles y drones.
En la Academia Teológica Sretenskaja de Moscú se celebró la V conferencia científico-teológica de “estudio de las sectas”, con la participación de ponentes internacionales, sobre el tema “Paganismo eslavo y neopaganismo ruso”. El evento fue organizado por el centro de Patrología de la Academia y la Comisión “para la rehabilitación de las personas que han abandonado la Ortodoxia”, junto con otros organismos del patriarcado de Moscú. La primera conferencia sobre esta temática fue en 2023, impulsada por el fenómeno muy difundido de prácticas ocultistas e idolátricas entre los soldados rusos enviados a Ucrania para la operación militar especial. Estos, ignorando a los santos ortodoxos, depositan sus esperanzas de victoria en espíritus oscuros más que en los misiles y drones.
A la conferencia, celebrada de forma presencial y en línea, asistieron numerosos investigadores de diversas facultades de Teología ortodoxa de Rusia, así como de universidades estatales y privadas de diversas regiones de la Federación y de Grecia. El discurso inaugural estuvo a cargo de Roman Shizhensky, profesor de Filosofía del Centro de Estudio de las Religiones y de las Políticas Étnicas de la Universidad Estatal Lgu “Pushkin” de San Petersburgo, y el tema fue “El paganismo ruso en la SVO: tradiciones e innovaciones”. Posteriormente, el Prof. de Teología Roman Kon profundizó en la “Temática de la etnia y del patriotismo en la Ortodoxia y en las religiones nativas”.
La cuestión del neopaganismo ha vuelto a cobrar protagonismo debido a su conexión con las operaciones militares, evidenciando una deriva paganizante de la “religión bélica” a la que el propio patriarcado ortodoxo ha otorgado especial relevancia. En realidad, esta dimensión se remonta a los orígenes del cristianismo en la Rus’, cuando el bautismo impuesto por el príncipe Vladimir al pueblo de Kiev se celebró por inmersión en las aguas del río Dniéper tras haber arrojado a ellas todos los ídolos paganos. De alguna manera la corriente de las religiones antiguas y de la nueva se mezclaron en el alma de los rusos, quienes siempre han vivido en la tensión de la dvoeverie, la "doble religión" cristiana y pagana. Esta dualidad emerge no solo en las devociones y prácticas litúrgicas, sino sobre todo en las actitudes del pueblo ante las grandes crisis: las hambrunas y las catástrofes naturales y en los recurrentes conflictos internos y externos con las invasiones o agresiones de (y a) los pueblos vecinos.
La obra maestra de la literatura de la Rus’ de Kiev, de hecho, es el “Cantar de la hueste de Ígor”, que narra la desafortunada campaña del hijo del príncipe Sviatoslav contra los nómadas de la estepa en 1185, el último intento de defender el territorio de enemigos externos antes de la invasión de las hordas tártaro-mongolas. El poema es narrado por el “vate Boyán”, quien, con el pensamiento, se transformaba en un árbol o en un lobo gris en tierra o como un águila blanca bajo las nubes. Más allá de las espléndidas descripciones de la naturaleza, de la flora y de la fauna, el vate alienta a los hijos de la Rus’ a romper lanzas en los límites del campamento cumano dejándose inspirar por Boyán, poeta y cantor de la antigüedad, nieto de Veles, uno de los antiguos dioses de cuyo nombre deriva la palabra Vlas (poder), la raíz del nombre Vladi-mir: “Poder sobre el mundo”, el más recurrente desde el primer príncipe hasta el último zar.
En el cántico aparecen todos los ídolos de origen escandinavo, asiático y caucásico. Div se despertó y ordenó prestar oído a Surozh y Korsun y a tí, ídolo de Tmitorokan, para resistir el asalto del ejército de Dazhd'bog y de una serie de personajes míticos, incluyendo al gran Chors y a Perún, el dios de la guerra que fue arrojado dos siglos antes a las aguas del Dniéper, pero que resurge constantemente para “reavivar la lucha”. El príncipe Ígor sucumbió en la batalla contra los Pólovtsy provenientes de Asia, y la aflicción se extendió por la tierra rusa. Recién entonces entra en escena el cristianismo: primero con las alabanzas de los extranjeros, cuando alemanes, venecianos, griegos y moravos cantan himnos de gloria a Svjatoslav y lloran al príncipe Ígor, hasta que recién en el epílogo, en la mañana temprano, doblan por él las campanas de Santa Sofía en Polotsk y él escuchó el sonido en Kiev, aunque el alma de un mago residía en ese doble cuerpo. La epopeya concluye entonces con un triunfo moral pese a la derrota: ¡El sol brilla en el cielo, el príncipe Ígor está en tierra rusa y asciende a la Santa Madre de Dios de la Torre! ¡Salud a los príncipes y a la druzhina que lucharon por los cristianos contra las huestes paganas!
De estas antiguas inspiraciones poéticas, los rusos extraen motivos de orgullo incluso en campañas militares fallidas, como se ha repetido muchas veces a lo largo de la historia, desde las batallas contra los tártaros hasta los conflictos con los pueblos bálticos, los polacos y los turcos, e incluso en las victorias contra Napoleón y Hitler, que costaron la vida a millones de rusos para proclamar una Victoria imperecedera. Hoy, esa sensación de “derrota gloriosa” se repite en Ucrania, donde Rusia sacrifica cientos de miles de vidas humanas sin lograr una verdadera conquista, pero proclamando la gran victoria de los “valores tradicionales” sobre la depravación de los paganos occidentales. Después de dedicar el año 2025 a celebrar el 80º aniversario de la Victoria en la Gran Guerra Patria, el presidente Putin ha proclamado que 2026 será el Año de la unidad de los pueblos de Rusia y la “memoria de las víctimas del genocidio del pueblo soviético”, remontando la historia hasta “las huestes de Igor” que une a todos en la tragedia y justifica las razones de la grandeza de los rusos respecto de otros pueblos cercanos y lejanos.
El fenómeno de la superposición entre cristianismo y paganismo sin duda no es exclusiva de la Ortodoxia rusa, sino que atravesó los primeros siglos del cristianismo en todo el imperio romano. Pero mientras las Iglesias antiguas asimilaron y “depuraron” la religión cristiana de los cultos grecorromanos y orientales a lo largo del tiempo mediante los concilios ecuménicos para fijar los límites del dogma auténtico, los rusos mantuvieron la coexistencia de las tradiciones de sus antepasados con la nueva institución religiosa, sin lograr establecer las diferencias en las almas de los fieles. Tan es así que hoy está muy de moda entre los jóvenes una camiseta con la frase “No soy un siervo de Dios, sino un heredero de los dioses de nuestros antepasados”.
La difusión de los cultos paganizantes en la Rusia postsoviética pasó desapercibida durante mucho tiempo, manifestándose solo en quejas esporádicas de la Iglesia ortodoxa sobre fiestas u orgías locales en diversas regiones de Rusia, con variaciones que van desde la “religión de los antepasados” hasta “movimientos nacionalistas destructivos”. En 2021, Vakhtang Kipšidze, representante del patriarcado para las relaciones con la sociedad, señalaba que "Hasta donde sabemos, el fenómeno del neopaganismo presenta características muy diversas y diametralmente opuestas. No vemos nada que una a los neopaganos". Sin embargo, eso es lo que está ocurriendo con la guerra, a pesar de los esfuerzos de los capellanes militares por la “purificación” y glorificación de los combatientes. En general, este retorno a las religiones que existían en la Rus' antes del Bautismo cristiano parece más una construcción fantasiosa, que utiliza fuentes decididamente poco creíbles para levantar un Panteón de dioses más parecidos a los personajes de las películas que a una antigua filología religiosa, con amuletos y vestimentas bastante grotescos.
Algunas tendencias neopaganas exaltan el naturalismo frente a la civilización hipertecnológica, y proponen un “retorno a las raíces” y a la armonía de la naturaleza como en los versos del antiguo poema de Ígor o en las historias de Tolkien sobre gnomos, elfos y hobbits. El Prof. de Historia de las religiones Aleksej Gajdukov recuerda que "paganismo es un término cristiano para denominar las religiones no abrahámicas, mientras que el 'neopaganismo' o nuevo paganismo es un fenómeno contemporáneo que surge precisamente tras la interrupción de todas las tradiciones religiosas". La transmisión de antiguas costumbres y creencias paganas fue superada y abolida en el primer milenio cristiano, pero Rusia, bautizada en vísperas del segundo milenio, las conservó más que cualquier otro pueblo, y permanecieron vivas incluso durante el ateísmo soviético, que a su vez terminó pareciéndose a una religión pagana.
La imposición de la Ortodoxia de Estado en la Rusia de Putin ha dado lugar a formas particulares de radicalismo paganizante: desde aquellos que afirman “nosotros no somos como los cristianos” para diferenciarse, hasta los monjes superortodoxos que se presentan como los “únicos cristianos verdaderos”. Se recuerda el caso del ex-igúmeno Sergij (Romanov), arrestado a fines de 2020 en el monasterio de Sredneuralsk, donde había establecido su personal “Iglesia No-Vax” con 150 monjas que danzaban en el bosque desafiando las restricciones, y él se presentaba a sí mismo como un “profeta del Apocalipsis” que instigaba a los fieles a resistir a las "fuerzas del Anticristo", incluyendo en esa categoría al patriarca Kirill, a quien acusaba de difundir el Covid para “borrar la imagen divina” en las personas.
La gota que colmó el vaso de la paciencia de las autoridades civiles y religiosas fue el último video con una homilía de Sergij en el que preguntaba a varios de sus fieles, incluyendo algunos niños, si estaban dispuestos a “morir por Rusia”, con explícitas invitaciones al suicidio. Paradójicamente, hoy es el patriarca Kirill quien invita a rezar por la victoria en la guerra y a dar la vida por la patria contra el “Anticristo de Occidente” en Ucrania. El neopaganismo es la religión que reemplaza el amor de Cristo por el odio y la violencia; y la Rusia de los dos Vladimir, Putin y Kirill, ha vuelto en la práctica a venerar a Veles, el dios del poder que destruye el mundo entero.
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