Kabul, atentado contra objetivos chinos mientras Beijing refuerza su presencia económica
Siete muertos en un ataque reivindicado por el Estado Islámico de la provincia del Jorasán (ISKP) en el barrio comercial de Shahr-e-Naw. El ataque, que forma parte de una campaña yihadista más amplia contra China, reaviva los temores por la seguridad de las inversiones en Afganistán. Beijing mantiene una presencia diplomática y económica, mientras las divisiones internas en el liderazgo talibán complican el panorama político y de seguridad.
Kabul (AsiaNews/Agencias) - Esta mañana Beijing ha confirmado que un atentado que se produjo en Kabul mató a un ciudadano chino e hirió a otros cinco. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Guo Jiakun, reiteró en rueda de prensa la recomendación de evitar los viajes a Afganistán y pidió que sus ciudadanos abandonen “lo antes posible las zonas de alto riesgo”. El ataque se produjo en Shahr-e-Naw, un barrio comercial de la capital afgana. La ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) declaró que había recibido en su clínica a 20 heridos. Según las autoridades talibanas, el saldo final es de 7 muertos y 13 heridos.
El ataque ha sido reivindicado por el Estado Islámico de la provincia del Jorasán (conocido con las siglas ISKP), que tomó como objetivo un restaurante de fideos chino, gestionado por una pareja musulmana originaria de Xinjiang. Antes de que el grupo terrorista reivindicara el atentado, las autoridades talibanas habían intentado difundir la noticia de que se había tratado de un accidente causado por la explosión de una bombona de gas. Desde que retomaron el control del país en agosto de 2021, los talibanes han intentado minimizar la amenaza del Estado Islámico, que por el contrario considera la ideología talibán demasiado tibia y, por tanto, ha seguido atacando tanto a miembros del grupo como a extranjeros que hacen negocios en Afganistán. El atentado suicida de ayer es el tercero en los últimos cinco años que el ISKP se atribuye contra ciudadanos chinos. En noviembre de 2022 el grupo terrorista atacó un hotel en la misma zona de Kabul, y en enero del año pasado mató a un trabajador chino en la provincia afgana de Takhar.
Desde hace tiempo el ISKP produce material de propaganda contra China. El analista Lucas Webber explicó que el ataque muestra “que Afganistán se ha convertido en una primera línea en la campaña yihadista contra Beijing”. Se trató, por tanto, de una operación que “parece calibrada no solo para causar víctimas, sino también para enviar un mensaje político: la creciente presencia de China en Afganistán y su asociación con las autoridades talibanas tendrán un costo en términos de seguridad”. En la propaganda del Estado Islámico, Xinjiang, también conocido como Turquestán Oriental - región habitada por la minoría uigur, mayoritariamente de religión islámica - ha adquirido una importancia cada vez mayor desde 2021. China, en consecuencia, se ha convertido en uno de los principales enemigos de la organización.
Después de la reconquista talibana, Beijing (junto con Moscú) mantuvo su embajada en Afganistán, a diferencia del resto de la comunidad internacional, que retiró sus delegaciones diplomáticas y ha evitado reconocer formalmente al nuevo gobierno de Kabul. Desde entonces China - aunque con cierta cautela según diversos observadores - ha seguido invirtiendo en Afganistán, sobre todo en lo que respecta a la extracción de oro y otros minerales, como litio, cobre y hierro. La exportación de mercancías chinas se ha más que duplicado entre 2021 y 2024, mientras que las importaciones se han reducido, provocando un déficit comercial que en marzo de 2025 llevó a los talibanes a constituir una comisión específica para afrontar la situación. Otros proyectos, como la mina de cobre de Mes Aynak, todavía no se han puesto en marcha o no están funcionando a pleno rendimiento, pero, a pesar de los retrasos de varios años, Beijing tampoco los ha abandonado.
La situación se complica aún más debido a las divisiones internas en el liderazgo talibán. El guía supremo del Emirato Islámico, Hibatullah Akhundzada, propone la visión de un país aislado del mundo moderno, donde las figuras religiosas controlan todos los aspectos de la sociedad, mientras que un grupo de talibanes cercanos a la red Haqqani quiere un Afganistán que se relacione con el exterior, fortalezca la economía del país y permita incluso a las niñas acceder a la educación, uno de los tantos derechos que después de 2021 les han sido negados.
Estas tensiones internas se suman a la guerra de baja intensidad con el Estado Islámico del Jorasán, pero no impiden que China siga llevando adelante, aunque muy lentamente, sus propios proyectos de extracción de tierras raras. En agosto del año pasado Beijing había expresado explícitamente el deseo de que Afganistán entrara a formar parte de la Belt and Road Initiative (BRI), el megaproyecto de infraestructuras lanzado por Xi Jinping en 2013. En aquel momento Beijing había declarado que seguiría apoyando al gobierno talibán en su objetivo de construir una paz y una estabilidad a largo plazo.
27/03/2024 09:53
23/03/2024 17:19
02/12/2025 16:03
22/03/2017 13:04
30/08/2021 16:06
