30/07/2015, 00.00
TURQUIA-SIRIA-IRAQ
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La ambigua política de Erdogan y el inicio del drama turco (y kurdo)

de NAT da Polis
Los bombardeos contra Isis y contra el PKK en Iraq del Norte son las tentativas extremas de salvar la política neo-otomana de Erdogan. En Medio Oriente se está jugando una partida para hacer nacer nuevas fronteras entre Turquía, Siria e Iraq. Los Estados Unidos parecen utilizar incluso a Isis. La base de Incirlik, moneda de cambio entre Washington y Ankara.

Los bombardeos contra Isis y contra el PKK en Iraq del Norte son las tentativas extremas de salvar la política neo-otomana de Erdogan. En Medio Oriente se está jugando una partida para hacer nacer nuevas fronteras entre Turquía, Siria e Iraq. Los Estados Unidos parecen utilizar incluso a Isis. La base de Incirlik, moneda de cambio entre Washington y Ankara.

Estambul (AsiaNews) – Turquía parece haber abierto dos frentes de guerra: uno contra Isis y otro contra los kurdos. De este modo se está precipitando en una situación política que para los mercados parece imprevisible. Esto ocurre a casi dos meses de las últimas elecciones políticas del 7 de junio, que han registrado la pérdida de la mayoría absoluta del AKP, el partido del presidente Recep Tayyip Erdogan, en el poder desde 2002, y el simultáneo ingreso del partido kurdo HDP por primera vez en la historia de la República turca.

La crisis comenzó con la imposibilidad de formar un gobierno de coalición, a la cual en las últimas dos semanas se ha sumado la nueva explosión de la cuestión kurda, el carcinoma de la Turquía republicana.

Según los hechos, todo se inicia con la masacre en el centro cultural de la ciudad de Suruc, donde encontraron la muerte 32 personas. A continuación Turquía atacó las posiciones de Isis en Kobane, por considerar que había inspirado el atentado. Al mismo tiempo Ankara atacó las posiciones del PKK (Partido Kurdo de los Trabajadores, considerado una organización terrorista) en el norte de Iraq.

Con este doble ataque Turquía confirma una vez más su habitual política diacrónica ambigua y evasiva, como afirma el historiador norteamericano Weber. Ankara ha provocado la ira de la población kurda en varias ciudades turcas, donde su presencia es muy significativa.

Si el fusible fue el atentado de Suruc, la causa ha sido la ciudad de Kobane, la tercera ciudad de Siria, a apenas 10 km de la frontera turca, donde Turquía ha cometido un error garrafal: el de no haber querido intervenir para defender a los kurdos de los ataques de Isis.

Por otra parte Turquía no podía hacer de otro modo: ella misma había tomado medidas para proveer apoyo logístico a los crueles mercenarios islámicos de Isis con el beneplácito de Arabia Saudita. Las mismas declaraciones del vicepresidente norteamericano John Biden en su tiempo confirman esta ambigüedad turca.

El comentario de fuentes diplomáticas en Estambul sobre las declaraciones de Biden revela la ruptura del equilibrio ocurrida en Medio Oriente a comienzos del año 2009. Se recuerda a este fin la condena del entonces primer ministro turco Erdogan hacia el presidente israelí Peres en Davos, con la consiguiente ruptura de relaciones, hasta entonces muy amigables, entre Turquía e Israel. La ruptura llegó al culmen con el reciente acuerdo entre Estados Unidos e Irán.

Del resto, incluso los estados Unidos, tienen una concepción propia de las sinergias políticas, por la cual en política exterior prevalece el interés a la amistad. Así, con el objetivo de frenar a China y controlar la presencia de la Rusia de Putin en el Mediterráneo, los Estados Unidos han hecho oídos sordos, permitiendo en modo tácito el desarrollo de Isis y avalando la política de Turquía contra el Estado Islámico.

Pero el reciente acuerdo entre Irán y los Estados Unidos –conseguido, según ha admitido el mismo presidente Obama, con la ayuda de Vladimir Putin – ha puesto nuevamente en discusión la geopolítica de las potencias en Medio Oriente.

Según los estrategas de la geopolítica, Isis ha servido como catalizador para redefinir las fronteras entre Turquía, Siria e Iraq, con el nacimiento del estado de Kurdistan, que, además de garantizar a los Estados Unidos el control de las fuentes energéticas del norte de Iraq, garantizará también la seguridad de Israel. Esta tentativa de redefinir las fronteras en aquella zona de Medio Oriente ha tenido una primera víctima: la casi desaparición de la presencia cristiana en Medio Oriente.

En el nuevo contexto que va formándose, Turquía no solamente ve redimensionada su piel neo-otomana, sino que tiene además entre manos la papa caliente kurda y, como si esto fuera poco, en plena crisis política interna.

Estando imposibilitado de formar un gobierno de coalición, para consolidar su poder, Erdogan está buscando utilizar los viejos mecanismos de odio anti-kurdo, que gran parte de la población turca comparte.

Viene bien recordar que según la constitución turca, al cumplirse 45 días de las elecciones políticas, en el caso en que persista la imposibilidad de formar un gobierno por mayoría, el presidente tiene derecho a formar un gobierno de unidad nacional, en el cual él mismo nombra los Ministros de Asuntos Internos,  Justicia y de Medios, mientras los otros Ministerios son distribuidos entre los otros partidos, según un porcentaje análogo a su fuerza parlamentaria.

Por el  momento aparece como vencedora la perspectiva de una mayoría factible (se habla de un acuerdo entre AKP y el partido ultranacionalista del MHP), caso contrario deberán llevarse a cabo nuevas elecciones políticas.

Desde este punto de vista, se comprende la fomentada histeria nacionalista del presidente Erdogan y del Primer Ministro Davutoglu. Burak Copur, historiador de los asuntos turcos, define como “explosiva” esta estrategia, en cuanto Erdogan abrió una guerra en dos frentes: una contra los kurdos y una contra Isis, de consecuencias imprevisibles.

Según los analistas diplomáticos en Estambul, la concesión de la base de Incirlik a los Estados Unidos es vista como la última tentativa de supervivencia de la Turquía de Erdogan.

Los turcos habrían concedido la base de Incirlik a los Estados Unidos para dar a los norteamericanos la posibilidad de combatir contra Isis. Mientras tanto, Turquía podrá dedicarse a la batalla contra los kurdos. Pero el éxito es imprevisible y alguien ya está hablando del “inicio del drama turco”.

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