03/04/2017, 17.02
PAKISTAN
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Masacre en un santuario sufí deja 20 víctimas. Psicópatas, fruto de la intolerancia religiosa

de Shafique Khokhar

Fueron asesinados por el custodio del santuario, luego de ser drogados y torturados. Móvil probable: una rivalidad por la custodia del santuario. Según algunos activistas, el problema radica en la ignorancia y en una falta de libertad, que generan supersticiones.  

Sargodha (AsiaNews) – Son 20 las víctimas, cuatro de ellas mujeres, que fueron torturadas y asesinadas ayer por Abdul Whaeed, de 50 años de edad, guardián del santuario sufí de Darbar Brevli Ali Muhammad Gujjar, situado muy cerca de las afueras de la ciudad de Sargodha, en Punjab. El hombre actuó con la ayuda de dos colegas, Zafar Ali y Sanaullah.

Los sobrevivientes, dos de ellos mujeres, se encuentran en graves condiciones. De las víctimas, 11 eran miembros de dos familias.

Abdul Waheed, un oficial del gobierno retirado, fue arrestado junto a sus cómplices. La policía halló 20 cuerpos, que mostraban signos evidentes de tortura, cerca del santuario. Según lo  afirmado por testigos, Waheed drogó a los fieles antes de torturarlos. La policía afirma que detrás de los homicidios podría haber una rivalidad por la custodia del santuario. Las autoridades que se desempeñan en la investigación afirman que el sospechoso apareció en estado de paranoia y psicosis.   

Según Amir Kakkazai, escritor y analista musulmán de los medios sociales, el problema se origina en la ignorancia y en una falta de educación religiosa: “Todos los jueves, ese hombre que fingía ser santón, bailaba desnudo con sus seguidores”. Según  Kakkazai, Waheed “oyó la voz de Dios” mientras se desempeñaba investigando como oficial de 19mo grado en la comisión electoral de Pakistán, y para “hacer feliz a Dios” decidió matar a todos sus seguidores. La ignorancia, según  Kakkazai, es “tal, que hasta los fieles heridos creen que se trató de algo justo, que los asesinatos fueron un signo de Dios, que todos los mártires irían al paraíso. Para evitar estos episodios, el gobierno debe estar atento a este tipo de religiosos psicópatas. Debe haber una adecuada educación religiosa, de modo que nadie pueda amenazar a los musulmanes basándose en su religión”.

Al hablar con AsiaNews, el activista a favor de los derechos humanos Naumana Suleman, de Bytes for All Pakistan, afirmó: “Cuando el respeto por los creyentes de religiones distintas es desalentado por el credo más difundido, tienden a crecer las creencias ciegas, que terminan en incidentes como este”. Según  Naumana, las personas tienen miedo a expresarse de una manera distinta de la opinión común. Esto favorece las supersticiones, y evita que las personas señalen las injusticias, como ocurrió con los vecinos, que no denunciaron la creciente violencia que venían observando. “Es responsabilidad del Estado crear un ambiente favorable, donde quien difiere sea respetado y la libertad de expresión no sea desalentada. De modo que los ciudadanos puedan tener el espacio pata reflexionar y hablar de un modo razonable, sin miedo de sufrir la violencia, y donde los inocentes no sean manipulados. Se deben emprender investigaciones justas, y los culpables deben ser llevados ante la justicia”.

Para Basharat Masih, activista por los derechos humanos, la ignorancia está en la base de esta “oscuridad en la sociedad” y el gobierno debiera adoptar políticas restrictivas para controlar a estas instituciones, para cerciorarse de la honestidad de los líderes espirituales y prevenir estos crímenes: “Estos lugares son centros de violaciones, drogas y otros crímenes. El gobierno debiera aplicar castigos ejemplares. Las administraciones a nivel local debieran tener más poder, para monitorear los lugares de este tipo, llevar y discutir informes con una periodicidad mensual y asegurarse de quiénes participan de la comunidad.  Habitualmente estos lugares son creados por las mafias locales y son sostenidos desde la ilegalidad”.

Human Rights Focus Pakistan (HRFP), una ONG que tiene su base en Faisalabad, condena duramente estos homicidios “inhumanos”: debiera haber mecanismos y políticas adecuadas para vigilar estas prácticas de atrapar, hacer un lavado de cerebro y manipular la voluntad de los fieles por parte de líderes espirituales. Naveed Walter, presidente de HRFP, ha denunciado la violencia perpetrada en una cantidad de santuarios locales que, aún así, no han sido sometidos a controles.  Dolorido por la pérdida de vidas preciosas, él ha comentado que al aumento de santuarios debiera corresponderle una vigilancia en todo sentido.   

Según HRFP, los sospechosos debieran ser castigados severamente, y el gobierno debiera formar un mecanismo comprehensivo, a fin de monitorear las actividades en los santuarios locales de Pakistán, verificando asimismo las enseñanzas que allí se difunden. 

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