16/12/2020, 12.34
SIRIA
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Mons. Nassar: La Navidad de los cristianos sirios, más fuertes que el Covid-19 y las sanciones

de Samir Nassar*

El conflicto armado y una guerra económica “aún más dura”, que ha causado "una mayor falta de recursos y materias primas". El Covid-19 complica aún más la vida social, pero así todo, “crece el número de fieles en la misa”. El viaje del Papa a Irak, un signo de la "comunión de la Iglesia con los que sufren".

 

Damasco (AsiaNews) - La disminución de la violencia en Siria "está dando paso a una guerra económica", quizás "aún más dura". Desde el embargo hasta el Acta César el resultado "es una mayor falta de recursos y materias primas". Son las palabras de Mons. Samir Nassar, arzobispo maronita de Damasco, en un testimonio enviado a AsiaNews con motivo del Adviento y en preparación para la Navidad, un tiempo que los cristianos sirios viven con intensidad a pesar de los muchos problemas. El Covid-19 "complica aún más la vida social", dice el prelado, pero frente a los desafíos, la asistencia de los fieles a misa “es muy numerosa” y se ha fortalecido "la misión en las periferias". 

En este contexto difícil, pero lleno de fe y esperanza, los testimonios de solidaridad del Papa Francisco tienen aún más valor, con sus reiterados llamamientos por la paz - el último fue el 11 de diciembre, durante un encuentro con 50 agencias católicas. "El Papa", dice Mons. Nassar, "siempre ha estado cerca de su amada Siria" y el pueblo sirio "le agradece estos años de oración y solidaridad discreta durante los 10 años de guerra". "Su visita a Irak", concluye, "muestra cuán grande es la comunión de la Iglesia con el pueblo que sufre... los sirios están un poco celosos y esperan poder recibir pronto al pontífice en nuestra tierra". 

A continuación, el testimonio del Arzobispo de Damasco:


Vencer el miedo

Diez años de Calvario: 

La gradual disminución de la violencia en Siria está dando paso a una guerra económica, tal vez incluso más dura. El embargo mundial que perdura desde hace más de 10 años, reforzado por la "Ley del César" (la infame Caesar Act, impuesta por los Estados Unidos) que penaliza a los pueblos y naciones que acuden en ayuda de una Siria arruinada, ha creado más daños. El resultado es una mayor escasez de materias primas y de artículos de primera necesidad, y colas interminables frente a las tiendas de comestibles, los distribuidores de combustible, del gas doméstico para cocinar y calentar los hogares. Y de nuevo, una inflación galopante, y los ahorros de los sirios atrapados en cuentas depositadas en bancos libaneses e inaccesibles desde octubre de 2019.

El Covid-19 complica aún más la vida social y contribuye a aumentar el miedo y la soledad. El cierre de las fronteras con los países vecinos y el test -obligatorio y costoso- para probar que eres negativo al nuevo coronavirus afectan sobre todo la vida familiar. Los impuestos sobre los bienes inmuebles, las fábricas sin trabajo ni recursos para continuar la producción. El drama se manifiesta especialmente en el sector médico-hospitalario, que afronta con gran preocupación el éxodo de médicos al extranjero y la escasez de medicamentos, los pocos que aún quedan disponibles. 

 

Desafío y renovación:

Ante el desafío planteado por Covid-19, los fieles alzaron sus voces para protestar por el cierre de las iglesias y asistieron igualmente, y en gran número, a la misa diaria. El episcopado había dado algunas indicaciones y medidas de precaución, como tomar la comunión en las manos, pero la mayoría insistió en recibir la comunión en la boca, como de costumbre, en un gesto de desafío a la pandemia. Y confiando por completo en la divina Providencia.

En cuanto a la Renovación, la Iglesia de Damasco está en línea con lo propuesto el domingo de Pentecostés, el pasado 31 de mayo. Un tiempo dedicado a la toma de conciencia y a la oración, para curar las heridas de los que han sufrido y buscar una nueva manera de encontrarse con los demás, gracias también a una nueva forma de pastoral renovada. Una misión centrada en la búsqueda de los fieles dispersos en las afueras de la ciudad, relegados a los márgenes, dándoles la oportunidad de renovar sus vidas y su experiencia de fe basada en el Evangelio y confiándose a una Iglesia más conectada con su vida cotidiana.  

Este será nuestro desafío para el futuro. ¿Seremos capaces de ir hasta el fondo, en esta tarea sinodal, para poder celebrar el verdadero perdón delante del Dios que se hizo carne y niño en Jesucristo?

Navidad 2020

 

*Arzobispo maronita de Damasc

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