22/12/2020, 11.04
BIELORRUSIA-RUSIA
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Monseñor Kondrusiewicz: Yo no hago política. Predico el Evangelio y practico la doctrina social de la Iglesia

de Vladimir Rozanskij

El arzobispo de Minsk rompe su silencio desde su exilio, en Polonia, con una entrevista en la que habla de todo. Desde un principio, la Iglesia propuso el diálogo entre el Presidente Lukashenko y la oposición. "Nunca incitó a la violencia. Estamos en contra de las mentiras, la violencia y la injusticia". El agradecimiento a las Iglesias de Europa del Este por ayudar a reconstruir la Iglesia en Rusia y Bielorrusia. Optimismo natural: Solo Cristo cambia el corazón del hombre.

 

Moscú (AsiaNews) - A pocos días de cumplir 75 años, edad de la "jubilación canónica" (el próximo 3 de enero), el arzobispo de Minsk y metropolitano católico de Bielorrusia, mons. Tadeusz Kondrusiewicz, concedió una amplia entrevista a los periodistas de Polonia, país en el que se ve obligado a permanecer exiliado, debido a la prohibición de regresar a su patria impuesta por el controvertido presidente Aleksandr Lukašenko. La entrevista está disponible en el portal de información católica eKai.pl.

El arzobispo explica que "en nuestra Iglesia, ni yo, ni nadie ha incitado jamás a la violencia; siempre nos hemos adherido a la doctrina social de la Iglesia, y apelamos a todos para llegar a una solución pacífica de los conflictos". Estamos en contra de la mentira, la violencia y la injusticia, como enseña la Iglesia". Kondrusiewicz reside actualmente en Sokolka, un pueblo de Polonia ubicado en la frontera con Bielorrusia. Al relatar su condición de "obispo en el exilio", dice que mantiene contactos diarios por teléfono e Internet, y que los asuntos eclesiásticos son atendidos por sus obispos auxiliares, uno en Minsk y otro en Mogilev: "Sigo la evolución de la situación social y política en Bielorrusia, en particular la crisis del coronavirus: en estos días el número de enfermos ha aumentado considerablemente".

El arzobispo metropolitano no ha perdido su optimismo natural: "Todo está en manos de Dios, en esto radica mi optimismo... lo que estamos viviendo hoy es la experiencia de llevar la cruz, que siempre ha acompañado la vida cristiana, y por lo tanto debemos llevarla con convicción". Kondrusiewicz repite que insistió desde el principio en la necesidad de iniciar las negociaciones entre los protagonistas del conflicto, sentados en torno a una mesa, "aunque ésta tenga muchas aristas", pero no fue escuchado. "Debemos creer que es posible encontrar una solución, aunque cada uno conserve su opinión; el hecho de ser muy diferentes y de tener ideas diferentes, no significa que debamos ser enemigos".

El domingo pasado, 20 de diciembre, el Arzobispo celebró una misa en la Basílica de la Santa Cruz de Varsovia, con la intención de expresar su gratitud por la ayuda material prestada a la Iglesia en Europa del Este, en particular a los países de la antigua Unión Soviética. La Iglesia polaca fue una de las primeras en tender una mano a los hermanos después del colapso del comunismo, y Kondrusiewicz gozó de este apoyo tanto en Bielorrusia como en Rusia, "donde la vida religiosa se redujo a un desierto". Uno de los primeros obispos en visitar Bielorrusia fue el primado de Polonia de ese momento, el cardenal Josef Glemp, que llegó a Minsk en 1988 (cuando todavía existía la URSS) por invitación del metropolitano ortodoxo Filaret (Vakhromeev), un gran protagonista de la historia reciente del patriarcado de Moscú.

La ayuda permitió renovar la vida eclesiástica y reconstruir las iglesias,  porque "como recordó nuestro rector en el seminario de Kaunas, en Lituania, así como Dios es eterno, la reconstrucción de la Iglesia es una obra eterna". Hasta hoy, los católicos sienten la necesidad de abrir iglesias en importantes ciudades bielorrusas como Minsk, Grodno, Brest, Mogilev, Gomel, Vitebsk, donde hay grandes vecindarios nuevos con muchos católicos, que no tienen la oportunidad de asistir a las celebraciones: "Si no hay iglesia, los fieles con frecuencia se convierten en cristianos anónimos", sostiene Kondrusiewicz.

Tal como señala el responsable de los católicos bielorrusos, la mayor necesidad es la formación de los laicos, "el talón de Aquiles de la Iglesia de Oriente... todo recae siempre sobre los hombros de los sacerdotes, incluso cuando se trata de cuestiones administrativas o arquitectónicas". Los laicos, los propios sacerdotes y los religiosos y religiosas necesitan una formación más profunda: "No contamos con universidades católicas ni facultades de teología, y entonces debemos enviar a los candidatos a estudiar en el extranjero, generalmente a Polonia, debido a la cercanía del idioma y la cultura".

En la entrevista el Arzobispo toca muchos otros temas relacionados con la vida actual de la Iglesia en Bielorrusia.  Al referirse al regreso a su patria, dice: "Espero que todo termine bien; nunca me he metido en política, siempre he predicado el Evangelio y he tratado de practicar la doctrina social de la Iglesia... Me gusta mucho un pensamiento del Santo Padre Francisco, cuando recuerda que en la historia de la humanidad ha habido muchos revolucionarios, que han cambiado los sistemas políticos y económicos, pero ninguno de ellos pudo cambiar el corazón del hombre. Solo la revolución de Cristo lo logró, y yo quiero adherirme a ella".

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