18/04/2026, 15.00
MYANMAR
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Myanmar: amnistía de fachada entre bombas contra civiles y prisioneros olvidados

de Gregory

Con ocasión del Año Nuevo, Min Aung Hlaing concedió el indulto a más de 4.500 detenidos, entre ellos el ex presidente Win Myint y la documentalista Shin Daewe. Solo una pequeña reducción de condena para Aung San Suu Kyi. Una puesta en escena política para legitimar a la junta militar después de la farsa de las elecciones. Mientras en Rangún festejan, el ejército sigue atacando a civiles con bombardeos aéreos.

 

Rangún (AsiaNews) - Ayer, mientras Myanmar celebraba su tradicional Año Nuevo, el recién investido presidente Min Aung Hlaing concedió una amplia amnistía a más de 4.500 detenidos. El indulto, otorgado en coincidencia con la fiesta del Thingyan, fue rápidamente condenado por grupos de derechos humanos y analistas como una puesta en escena política más que un verdadero acto de clemencia. Aunque el indulto incluyó a dos detenidos políticos de alto perfil, la gran mayoría de los presos políticos siguen en la cárcel y las fuerzas militares del régimen han continuado bombardeando a civiles en todo el país durante el periodo festivo.

Dos casos de liberación de alto perfil en un contexto de encarcelamiento masivo

El nombre más destacado entre los liberados es el del ex presidente Win Myint, fiel partidario de la presidenta Aung San Suu Kyi, quien sigue detenida. Win Myint fue arrestado la misma mañana del golpe de Estado militar del 1 de febrero de 2021, y pasó más de cinco años en prisión bajo el régimen de la junta, una decisión ampliamente condenada por la comunidad internacional porque estaba motivada meramente por razones políticas. Tras estar recluido en la prisión de Taungoo, se reunió ayer con su familia en Naipyidó.

También recuperó la libertad la galardonada documentalista Shin Daewe, cuyo caso había provocado la condena internacional como emblemático de la brutal represión de la libertad de prensa por parte de la junta militar. Había sido detenida en 2023 y, en enero de 2024, condenada a cadena perpetua en virtud de las leyes antiterroristas. La acusación se debió al hecho de haber encargado por internet un dron para grabar vídeos con el fin de utilizarlo en su trabajo documental. Reporteros Sin Fronteras describió su condena como la más severa impuesta a un periodista desde el golpe de Estado. La pena fue posteriormente conmutada por 15 años antes de ser liberada ayer de la prisión de Insein, en Rangún.

En declaraciones a la prensa a las puertas de la prisión, Shin Daewe compartió el sabor agridulce de su libertad. “Aunque yo he tenido suerte, mis amigos más desafortunados se han quedado allí llorando. Aunque vuelvo con mi familia, lo hago con lágrimas en los ojos”. Sus palabras reflejaron la contradicción fundamental de la amnistía: las liberaciones individuales se celebraron en un contexto de detención masiva que continúa sin tregua.

Suu Kyi excluida y reducción de condena insignificante

Llama la atención la ausencia en la amnistía de la ex consejera de Estado de 80 años, Aung San Suu Kyi, Premio Nobel de la Paz, que sigue siendo el símbolo por excelencia de la resistencia democrática en Myanmar. Los medios estatales anunciaron que su pena —derivada de varias condenas por cargos que se consideran fabricados políticamente— se ha reducido solo de forma simbólica, y todavía debe cumplir 22 años. Según los informes, debería ser trasladada de la cárcel al arresto domiciliario, una concesión que los analistas consideran de fachada más que un paso significativo hacia la libertad o una solución política. La amnistía se ha decretado apenas una semana después de que Min Aung Hlaing prestara juramento como presidente tras unas elecciones que, según los críticos, no fueron ni libres ni justas, y se consideran una operación destinada a mantener el férreo control de la junta militar sobre el poder.

Una medida bien estudiada, según las organizaciones de derechos humanos

Los medios oficiales anunciaron que se había concedido el indulto a 4.335 ciudadanos birmanos y a 179 presos extranjeros. Sin embargo, las organizaciones de derechos humanos y analistas independientes se apresuraron a contextualizar esas cifras. La Asociación de Asistencia a Presos Políticos (AAPP) señaló que la amnistía solo ha afectado mínimamente a los más de 14.000 presos políticos que todavía languidecen en las cárceles de la junta. Un centro de estudios, el Institute for Strategy and Policy Myanmar, documentó previamente que menos del 14% de las personas liberadas en las sucesivas oleadas de amnistías post-golpe eran presos políticos, y que muchos de los indultados ya estaban a punto de terminar su condena.

El momento elegido para la amnistía ha atraído especial atención. Min Aung Hlaing prestó juramento como presidente hace apenas una semana, tras un proceso electoral orquestado por los militares que se desarrolló desde finales de 2025 hasta enero de 2026. La Liga Nacional para la Democracia de Aung San Suu Kyi ha sido disuelta y se le prohibió participar; las críticas a las elecciones fueron criminalizadas; y en las zonas controladas por la resistencia no se votó. Los analistas describen la amnistía como un esfuerzo calculado para proyectar una fachada de normalidad civil y asegurar un nuevo compromiso internacional, con vistas a lo que la junta espera que sea una rehabilitación diplomática.

Caen bombas mientras las familias huyen

Mientras los medios oficiales del régimen transmitían imágenes de las celebraciones del festival del agua Thingyan en Naipyidó y Rangún, en vastas zonas del país se vivía una realidad diametralmente opuesta. En el municipio de Yinmabin, región de Sagaing, el ejército utilizó helicópteros para lanzar bombas sobre las aldeas durante el periodo festivo. Al menos un civil resultó muerto —una niña de 14 años— y dos miembros de su familia están heridos. Según fuentes locales citadas por Myanmar Now, más de 10.000 residentes fueron desplazados mientras las columnas militares avanzaban desde el norte y el sur, obligando a comunidades enteras a abandonar sus hogares y refugiarse en los bosques y tierras de cultivo circundantes.

El ataque formaba parte de una ofensiva coordinada por aire y tierra en Yinmabin, donde los combates se han intensificado desde febrero de 2026, cuando un comandante de la resistencia local habría desertado para pasarse al ejército. Desde entonces, la junta ha reforzado su presencia en la zona con cientos de soldados adicionales, intensificando tanto las operaciones terrestres como los ataques aéreos, presumiblemente para tratar de cortar las rutas de suministro y comunicación de la resistencia en todo el centro de Myanmar.

Entre los lugares atacados figuran monasterios y escuelas, lugares tradicionales de refugio durante el Año Nuevo budista. Según informó MoeMaKa News, en el municipio de Shwebo, región de Sagaing, los ataques aéreos en la víspera del Thingyan habrían alcanzado un monasterio en la aldea de Seik Hkun, matando a dos novicios e hiriendo a otros ocho. Los habitantes informaron que en las aldeas atacadas no había grupos armados de resistencia.

Estados de Karen, Bago y Mandalay: sin tregua de la violencia

La violencia durante las festividades se extendió mucho más allá de Sagaing. El 15 de abril, en pleno festival del agua Thingyan, los ataques aéreos del régimen alcanzaron la aldea de Kae Bar en el municipio de Lu Thaw, distrito de Papun, en el estado de Karen. Fuentes locales y grupos de resistencia informaron que el ataque causó la muerte de cuatro residentes, hirió a más de una docena y redujo a cenizas toda la aldea.

En el municipio de Nattalin, región de Bago, las fuerzas de la junta habrían arrasado una aldea entera el domingo 13 de abril, pocos días después de que los ataques aéreos mataran al menos a dos personas en las aldeas vecinas. Noticias de destrucciones similares llegaron desde la región de Mandalay, sumándose a una serie de tácticas de tierra arrasada que las organizaciones de derechos humanos han documentado repetidamente en todo el interior del país.

Un Año Nuevo sin paz

En el contexto de las ofensivas del régimen, las fuerzas de resistencia también aprovecharon el periodo del Thingyan para obtener ventajas militares. Según fuentes de la resistencia, durante el fin de semana festivo la Unión Nacional Karen (KNU) y grupos aliados conquistaron la base del régimen de Lay Kay en el estado Mon. En el estado de Chin, el 14 de abril los combatientes tomaron un puesto de avanzada del ejército birmano cerca de la ciudad de Falam, subrayando aún más el alcance del movimiento armado en múltiples escenarios de conflicto.

Para los ciudadanos comunes de Myanmar, este Thingyan no ofreció ni celebraciones ni tregua. Las familias que antes se reunían en pagodas y monasterios para celebrar el Año Nuevo budista tuvieron que huir de los bombardeos aéreos para refugiarse en la selva mientras el ruido de los aviones y la artillería reemplazaba los tradicionales festejos con salpicaduras de agua. Para las decenas de miles de desplazados en Sagaing, en el estado de Karen, en Bago y en Mandalay, la amnistía anunciada en Naipyidó tuvo muy poco significado.

Mientras Min Aung Hlaing consolida su control sobre el poder a través de una fachada civil cuidadosamente construida, la brecha entre la narrativa de relaciones públicas de la junta y la realidad que vive el pueblo de Myanmar nunca ha sido tan marcada. Win Myint está libre, pero la guerra civil, que entra ya en su sexto año, continúa sin tregua.

 

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