Obispos filipinos: memoria y respuesta a los desafíos en el 40 aniversario de la Revolución de los rosarios
En una carta pastoral los prelados recuerdan el 40° aniversario de la Edsa Revolution, y llaman la atención sobre los problemas que todavía no se han resuelto. Los tres sagrados deberes, recordar, arrepentirse y responder, para "no perder el espíritu de aquel milagro y construir un futuro mejor". "Apoyemos a los dirigentes honestos y competentes, atentos al bien común, y sigamos educando a las personas para un buen ejercicio de la ciudadanía".
Manila (AsiaNews) - Recordar, hacer penitencia y responder a los desafíos que plantea la modernidad para construir un futuro mejor, combatiendo los males endémicos - como la corrupción - que obstaculizan el desarrollo del país y sus habitantes. Los obispos filipinos dirigieron un mensaje a la población en vísperas de la conmemoración del 40 aniversario del levantamiento popular del 25 de febrero de 1986, conocido como Revolución de los rosarios, que puso fin, de modo pacífico, a la dictadura de Ferdinand Marcos. En la carta pastoral, fechada el 15 de febrero, sobre la Revolución del poder popular (Edsa Revolution) de 1986, los obispos recuerdan que la opresión terminó cuando los filipinos salieron a las calles, de modo valiente pero pacífico, para expresar su indignación y su frustración.
"En aquel momento millones de filipinos provenientes de todo el país se reunieron bajo el manto protector de la Santísima Virgen María y de Jesús, llevando entre sus manos y recitando el santo rosario, celebrando misas, cantando himnos. Nosotros, como pueblo, nos mantuvimos unidos, e hicimos frente a los tanques y los soldados con nada más que una fe inquebrantable en nuestros corazones", señalaron los prelados. La dictadura cayó, no por medio de la violencia, sino por la silenciosa perseverancia y el poder de la piedad y de la fe colectiva que reclamaban justicia y un verdadero cambio. Los obispos consideran que este fue "un evento extraordinario, no una casualidad ni un simple logro humano".
A 40 años del evento que marcó la historia moderna de la nación, los líderes religiosos han invocado "tres sagrados deberes: recordar, arrepentirse, reaccionar, para que podamos recuperar el espíritu de aquel milagro y construir un futuro mejor". Todos los que participaron, incluidos los héroes anónimos del Poder del pueblo, demostraron la verdadera fuerza de la fe, que es capaz de transformar la sociedad sin derramamiento de sangre. Su testimonio perforó la armadura de la opresión, desarticulándola. Y las oraciones demostraron ser más fuertes que los tanques. La fe triunfó sobre el miedo. "Es nuestro deber mantener vivo el fuego de la Edsa, que se encendió hace 40 años. Permitamos que el valor - prosiguen los prelados - habite una vez más en nuestros corazones y que la fe reavive nuestra pasión en la búsqueda del bien común, no solo para nosotros, sino también para las generaciones futuras. Revivamos una vez más la historia de la Edsa".
La cúpula de la Iglesia filipina prosigue explicando que los frutos de la revolución no se aprovecharon en todo su potencial. "No hemos logrado - dicen - asumir plenamente la responsabilidad de construir la nación. Nuestro país sigue en ruinas. Complacientes y cómplices de la escandalosa corrupción y del feo rostro de la impunidad, hemos traicionado no solo a nosotros mismos, sino también a Dios". "Esta traición - añaden - está ante nuestros ojos: pobreza persistente, corrupción arraigada, confianza erosionada, subdesarrollo". Por eso, en el comienzo de la Cuaresma, se dirigen a toda la población exhortándola a responder a los desafíos actuales con amor y valentía.
A continuación, los prelados proponen en su carta pastoral algunas acciones concretas para celebrar los 40 años de la Edsa. "Luchemos juntos contra la impunidad. […] El mal que se convierte en normalidad. El pecado que se sale con la suya y la justicia que calla. Los poderosos no tienen miedo. Para que el poder sea llamado a responder de sus acciones, unámonos para que se apruebe una auténtica ley anti-dinastía. El poder debe estar siempre en manos del pueblo, no de unos pocos" afirman los obispos, y hacen una oportuna advertencia: el actual presidente Ferdinand Romuáldez Marcos Jr. es hijo del ex dictador, pero la llegada de clanes y familias (incluidos los Duterte) al poder en las altas esferas de las instituciones nacionales y locales es un problema de larga data en Filipinas..
Por último, los obispos exhortan a prestar atención a los grupos y movimientos de voluntariado locales, diocesanos o parroquiales que se ocupan de la responsabilidad pública y monitoreo de los fondos, de los programas y de los proyectos públicos. Comprometámonos. Iniciemos y participemos en conversaciones, diálogos y consultas donde se escuchen las voces de la gente, para promover la responsabilidad, la transparencia y la confiabilidad. Las asambleas públicas, las conexiones con grupos, instituciones u organizaciones, o las recientes marchas de un trillón de pesos son un ejemplo de ello, afirmaron los obispos. "Apoyemos a los dirigentes honestos y competentes, que se preocupan por el bien común, y sigamos educando a las personas para un buen ejercicio de la ciudadanía y el buen gobierno en preparación para las elecciones de 2028. Comencemos cuanto antes la educación de los votantes. E identifiquemos - concluyen los prelados - quién está sirviendo realmente y quién está ya trabajando para la campaña electoral".
