Palestinos y rohingya (y uigures): la doble moral de Kuala Lumpur en materia de derechos
Activistas malayos critican lo que califican de enfoque «selectivo» del país ante las cuestiones humanitarias. El apoyo a los musulmanes de Oriente Medio contrasta con el silencio sobre las violaciones cometidas en Myanmar y por parte de China. La petición de mantener una «coherencia moral» en la lucha por las causas y las libertades.
Kuala Lumpur (AsiaNews) - El firme apoyo de Malasia a Palestina ha sido durante mucho tiempo un pilar de su identidad a nivel internacional, pero las organizaciones de derechos humanos sostienen que el enfoque «selectivo» de Kuala Lumpur respecto a las cuestiones humanitarias corre el riesgo de socavar su credibilidad moral. Un artículo publicado hoy por Free Malaysia Today, que cita a las ONG activistas Suaram y Pusat Komas, ha puesto de relieve la creciente preocupación por la brecha entre la retórica internacional y el trato que reciben los refugiados y solicitantes de asilo en su propio territorio.
La crítica surge a raíz de las observaciones de Amnistía Internacional, que ha destacado la firme postura de Malasia respecto a Palestina, incluso en nombre de la llamada «solidaridad entre musulmanes», frente al silencio absoluto sobre las deportaciones de los rohingya en Myanmar y de los uigures en China. En el centro del debate se encuentra una pregunta difícil: ¿por qué algunos sufrimientos desencadenan la solidaridad nacional, mientras que otras crisis humanitarias reciben respuestas moderadas o son ignoradas políticamente?
La directora ejecutiva de Suaram, Azura Nasron, ha sostenido que la empatía pública en Malasia suele estar moldeada por la política identitaria, la islamización y consideraciones geopolíticas. «La solidaridad con Palestina —explica a Fmt— es muy fuerte porque se inscribe en la narrativa de la Ummah y en la historia de la opresión contra los musulmanes, reforzada por el Estado y las instituciones religiosas». La activista añadió que el apoyo a Palestina también conlleva menos riesgos políticos que otras cuestiones humanitarias.
«La solidaridad con Palestina reporta grandes beneficios a bajo costo, mientras que cuestiones como las de los rohingya, los uigures y los trabajadores migrantes —explica Nasron— ponen al descubierto las contradicciones internas en materia de inmigración, control de fronteras y trabajo». «Estas cuestiones —advierte— empujan al Estado a evitar posiciones que puedan suscitar críticas internas». Sin duda, apoyar a Palestina conlleva notables ventajas políticas a nivel interno y costos relativamente modestos. La crisis de los rohingya, por el contrario, enfrenta a Malasia a realidades más incómodas relacionadas con la migración, la detención, la explotación laboral y el control de fronteras.
Una distinción importante
Además, los palestinos se encuentran geográficamente lejos, lo que permite que la solidaridad se manifieste en gran medida a nivel simbólico y diplomático. Los refugiados rohingya, en cambio, están físicamente presentes dentro de las fronteras nacionales. Su presencia en el territorio se ha enmarcado cada vez más en el discurso público mediante el lenguaje de las amenazas a la seguridad, las cargas económicas y las tensiones sociales.
El resultado es, por tanto, una jerarquía de la compasión. Según se ha informado, más de 2.000 refugiados de la minoría musulmana originaria del estado de Rakhine, en el oeste de Myanmar, siguen detenidos en centros de inmigrantes, algunos de ellos desde hace años. El director de Pusat Komas, Jerald Joseph, ha calificado la detención prolongada de profundamente preocupante e incoherente con la imagen internacional que Kuala Lumpur proclama como defensora de las comunidades oprimidas.
«Una detención tan prolongada representa una forma preocupante de tratar a los refugiados y solicitantes de asilo que buscan protección temporal en Malasia», afirmó Jerald. Esto, prosigue, equivale de hecho a una «detención indefinida bajo la autoridad del Ministerio del Interior y del Departamento de Inmigración». Las organizaciones de derechos humanos sostienen que los refugiados siguen siendo tratados no tanto como personas vulnerables que huyen de la persecución, sino más bien como una carga administrativa o política, y no se trata de un fenómeno nuevo.
Malasia acogió a refugiados musulmanes bosnios durante las guerras de los Balcanes de los años noventa, una medida celebrada a nivel nacional como un acto de solidaridad islámica. Sin embargo, otras crisis humanitarias que carecen de la misma resonancia religiosa o política —como la hambruna en Etiopía— nunca han suscitado una movilización pública equivalente. Del mismo modo, las críticas al trato que China dispensa a los uigures se han mantenido cautelosas, lo que refleja la delicadeza de los vínculos económicos y diplomáticos con Pekín.
Tal selectividad debilita la pretensión del país de ser un referente de principios en materia de derechos humanos, que no pueden invocarse sólo cuando resulta políticamente conveniente, para luego ser ignorados cuando se vuelven diplomáticamente costosos o impopulares a nivel nacional. La preocupación de Suaram y Pusat Komas no es que Malasia deba rebajar su defensa de Palestina, sino que mantenga una «coherencia moral» en la lucha por las causas humanitarias. Un país que condena el desplazamiento, la detención y la injusticia en el extranjero también debe abordar la forma en que se trata a los refugiados y solicitantes de asilo dentro de sus propias fronteras.
Jerald afirmó que Malasia debería adoptar un enfoque basado en los derechos de todos si quiere recuperar su credibilidad a nivel internacional. Además, rechazó el argumento de que la creación de un marco formal para los refugiados atraería a un mayor número de solicitantes de asilo. «Solicitar asilo —subraya— ya es de por sí un camino difícil y peligroso», para añadir a continuación que un marco normativo adecuado demostraría, por el contrario, el compromiso del país con la gestión de la cuestión de los refugiados respetando los principios fundamentales.
De hecho, su historia muestra cómo la nación ha sido capaz de adoptar un enfoque más humano ante cuestiones delicadas y temas relacionados con los derechos humanos. Durante la crisis de los refugiados vietnamitas en los años 70, desempeñó un papel regional significativo al acoger a personas que huían de la guerra y la inestabilidad, a pesar de disponer de recursos muy inferiores a los actuales. Ese legado contrasta claramente con los actuales centros de inmigración, las detenciones prolongadas y la ausencia de un marco normativo formal en materia de refugiados. Si Kuala Lumpur desea mantener su credibilidad como voz de la justicia a nivel internacional, las organizaciones de derechos humanos sostienen que debe «ir más allá de la solidaridad selectiva y adoptar una política de derechos humanos más coherente a nivel interno». De lo contrario, la autoridad moral corre el riesgo de parecer «menos una cuestión de principios y más una cuestión de política».
17/12/2016 13:14
29/04/2019 12:05
