Papa a los traficantes de seres humanos: 'Conviértanse y devuelvan lo que han robado'
León XIV dijo a las personas acogidas en el centro "Las Raíces" de Tenerife: "El amor de Dios no conoce fronteras, no hace distinciones". "Todos somos migrantes". En la Misa celebrada en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, subrayó el "lugar privilegiado" de los pobres en la misión de la Iglesia.
Santa Cruz de Tenerife (AsiaNews) - “Todos —de algún modo— somos migrantes, todos somos peregrinos en camino a la patria celestial”. Como Mbacke, Khalid Allad, Thalia Johana Saldarriaga Diago. De Senegal, Marruecos, Colombia. Son tres nombres de personas migrantes -no números, ni expedientes, sino personas- que hoy, en Santa Cruz de Tenerife, comparten su historia con León XIV. El Papa llegó al último día de su viaje a España, jalonado por numerosas historias de sufrimiento. Esta mañana se trasladó desde Gran Canaria a Tenerife donde, como ayer, se encontró con personas que han emigrado y con las realidades que practican la acogida.
El primer encuentro tuvo lugar en el centro “Las Raíces” de San Cristóbal de La Laguna, Tenerife. En la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, lo recibieron 600 personas. Entre ellas, el director, el obispo de San Cristóbal de La Laguna, Eloy Alberto Santiago Santiago, y la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. “Las Raíces” es el centro para personas refugiadas más grande de Canarias. “El amor de Dios no conoce fronteras, no hace distinciones, se da a todos y nos congrega en la unidad”, afirmó Prevost. El Papa escuchó luego atentamente a las personas, en una actitud que mantuvo durante todo el viaje a España, marcado por numerosos encuentros.
“Viendo sus rostros, escuchando sus testimonios, pienso también en sus corazones, heridos por tantas dificultades y también consolados por el amor recibido gracias a otros corazones abiertos, generosos y misericordiosos”, dijo. “El Corazón de Cristo sufrió y fue traspasado por amor, y también fue confortado por personas compasivas que se acercaron a aliviar su dolor”. León XIV se refirió al amor universal recordando la parábola del Buen Samaritano, “un hombre de otro pueblo y de otra religión que se compadeció del herido y maltratado”.
Prevost recordó a su predecesor Francisco a partir del nombre del centro, “Las Raíces”. Era una imagen a la que Bergoglio recurría para recordar “la necesidad de no olvidar los orígenes, de permanecer unidos y de confiar en el Señor”. “Que esta imagen de las raíces también les ayude a ustedes a estar firmemente arraigados en el Señor, para que ninguna tormenta pueda alejarlos de su presencia, que fortalece y da vida”, les deseó en San Cristóbal de La Laguna.
Mientras que hoy las Canarias son conocidas por la llegada de migrantes que afrontan travesías desesperadas, a muchos de los cuales el Papa ha conocido en estos días, también hubo personas que partieron de estas islas impulsadas “por el amor de Dios, que nos ayuda a sanar las heridas y a ser caritativos con los que sufren”. Prevost recordó entonces al santo Hno. Pedro y a san José de Anchieta, misioneros que partieron en los siglos XVI y XVII desde las Canarias para anunciar el Evangelio en América. “Ellos también fueron migrantes que se dirigieron hacia lo desconocido, llevando como principal equipaje la fe, la esperanza y la caridad”, observó el Papa. “En aquellas desconocidas tierras, los santos migrantes y misioneros supieron dar de lo que tenían y asimismo acoger lo nuevo que se les ofrecía”. El pontífice invitó luego a todos los que estaban escuchando a ofrecer la humanidad, los sueños y la cultura que traen consigo, permaneciendo al mismo tiempo “abiertos” a acoger lo nuevo que se puede recibir.
"Este intercambio hemos de vivirlo también con responsabilidad, pensando en el futuro de las generaciones venideras, a quienes queremos legar el patrimonio de una civilización del amor, y donde las migraciones tienen una palabra importante que decir, porque 'pueden ser una ocasión de encuentro y enriquecimiento mutuo entre los pueblos’”, señaló, citando su primera encíclica Magnifica humanitas, que se acaba de publicar.
Con el ejemplo de los misioneros que partieron rumbo a las Américas, el Papa recordó que “todos somos migrantes, todos somos peregrinos", y por eso llamó a comprometerse para que esa travesía sea “un lugar más humano para todos”. “En este sentido, agradezco la colaboración por parte del Gobierno, de las diversas instituciones y de tantos hombres y mujeres de buena voluntad que hacen posible esta ayuda humanitaria concreta, que devuelve la esperanza y dignifica a tantas personas”, expresó el pontífice.
Por último, el Papa visitó una de las tiendas de campaña donde viven algunas personas migrantes, y dirigió un saludo a las personas allí alojadas, y posteriormente se trasladó a la Plaza del Cristo de la Laguna para el encuentro con las iniciativas de integración de los migrantes. San Cristóbal de La Laguna es una ciudad sin murallas. “Quizás este detalle nos ayude a comprender que las barreras más difíciles de derribar no son siempre de piedra”, advirtió en su discurso. “A veces están en la mirada, o en el miedo o en la indiferencia [...]. Por eso necesitamos aprender el lenguaje de la cercanía, ese que se comprende más con las manos que con las palabras”.
Desde la plaza de esta ciudad “abierta”, León XIV subrayó que "integrar no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atrás todo lo que forma parte de su memoria”; como tampoco significa “crear mundos paralelos, cerrados unos a otros, donde las personas conviven sin encontrarse realmente”. Integrar es, en cambio, un camino de encuentro recíproco. Y, dirigiéndose a las personas católicas, insistió en que “la integración no quede reducida a una tarea social, por necesaria que sea. Quien llega a nuestras parroquias necesita pan, techo, lengua, trabajo y protección; y también debe encontrar una comunidad capaz de ofrecer”, "respetando siempre la conciencia y la libertad de cada persona”.
“¡Deténganse! ¡Conviértanse!”, fue el contundente llamamiento del Papa "a quienes se aprovechan de la desesperación; a quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazan mujeres, engañan familias y convierten el sufrimiento ajeno en negocio”. “Por cada vida perdida, cada familia engañada, cada cuerpo sometido, cada mujer amenazada, cada trabajador explotado habrán de comparecer ante la justicia divina”, fueron las inflexibles palabras del Papa. Que traen a la memoria aquellas de Juan Pablo II en 1993 en Agrigento, dirigidas a los miembros de la Cosa Nostra.
“Rompan esas cadenas y liberen a quienes tienen bajo dominio (cf. Is 58,6). Devuelvan lo arrebatado y reparen cuanto puedan. Vuelvan mientras aún hay tiempo, porque la misericordia de Dios puede alcanzar incluso al pecador más endurecido, pero sólo entra por la puerta estrecha de la verdad, la justicia y la conversión”, exhortó.
Antes de la ceremonia de despedida de España en el Aeropuerto Internacional de Tenerife Norte-Los Rodeos, León XIV presidió la Santa Misa en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, ante unas 80 mil personas, en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. “Frente a nosotros el mar evoca el infinito, y así lo hace también el cielo; pero infinito es sobre todo el deseo que une el corazón de Dios a tantos corazones humanos”, afirmó en la homilía. “Ningún ser humano es una isla; la ubicación geográfica de esta diócesis y los desafíos pastorales que la comprometen atestiguan que hemos nacido para el encuentro”, añadió.
Se refirió luego a las personas pobres y recordó la exhortación apostólica Dilexi te. Con ella, el pontífice quiso poner de relieve ese “lugar privilegiado de los pobres en la Revelación divina y en la misión de la Iglesia”. “Es un misterio que resuena de modo totalmente específico en estas islas, en el centro de rutas migratorias que las convierten en lugar de primera acogida de hermanos y hermanas cuyo viaje generalmente está expuesto a peligros y violencias inenarrables”, afirmó. “La gracia más grande es que nos dejemos evangelizar por aquellos a quienes socorremos, que reconozcamos la misteriosa sabiduría de Dios escrita en su misma carne”, concluyó.
17/12/2016 13:14
